Jueves, 24 de Septiembre de 2020

Mirando atrás me crece la nostalgia cuando saludo tu escudo de león… Con estas palabras nos encendía el corazón en el 75 aniversario del Real Zaragoza el gran Joaquín Carbonell.


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Pero eso no fue más que un leve corolario; porque desde siempre ya era un referente de nuestra forma de ser, de sentir, de reivindicar, de asumir. Alloza, Teruel, lugares difícilmente más enormes para empezar a ser aragonés. Allí siempre tendrán el orgullo de haberlo sabido antes, más y mejor.

Saber de él y empezar a tenerle afecto y admiración (¡con lo que eso nos cuesta a nosotros con los nuestros!) era tan fácil como inmediato. Tan discreto como intenso compartiendo escenarios con maestros como Labordeta o Sabina. Tan sabio como alegre ante cualquier oportunidad de aparecer en nuestra memoria.


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Como suele ocurrir con los mejores y más sutiles, muchos que ni se acercan a su honradez vital e intelectual ensalzarán su vida y obra. Bienvenidos fueran si algo se les pegara.

La Bullonera rompería la métrica de su mítica estrofa para decir que los de Huesca y de Teruel, como los zaragozanos, en un grito sin cuartel vamos a echarte de menos… Joaquín Carbonell.

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