Miércoles, 22 de Septiembre de 2021

Dórico. Mirados

“La elegancia es lo que no se menciona, no se impone, no avasalla, no se abre paso a codazos”. Lo dice Marta D. Riezu en “Agua y Jabón. Apuntes sobre la elegancia involuntaria” (Terranova). Prudencia y orden, “la elegancia ocurre por dentro y está cerca del silencio y el bien común”. Los aragoneses somos por lo general “mirados” y eso nos precipita a una elegancia profunda. Reivindico esa cualidad tan nuestra. Aragón asume, en el mejor sentido de la palabra; también en el peor, pero hoy no toca. Cuanto más al norte más Agua y Jabón, por debajo de Albarracín todo es acequia. Nadie más elegante que el pastor de ovejas del Pirineo, tan “mirado” él. Invitado a tomar el té en Buckinham salvaría la papeleta sin decir ni hacer nada que no debiera. En la omisión está la virtud.


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El aragonés prefiere ser elegante para dentro, hacia fuera es mascletá. Unos zapatos relucientes dicen Jesús Gil; unos calzoncillos bien planchados, James Ivory. Aragoneses elegantes fueron Ramón y Cajal, María Moliner y Escrivá de Balaguer y son Soledad Puértolas,  Irene Vallejo y Pepe Cerdá. “Mirados”, en segundo plano desde el primero o tratando de “que parezca que”, el resultado también vale. Tenemos elegantes en atalaya, como Bunbury post Héroes o Paquita Ors, la Iris Apfel de mi Zaragocita que prefirió pelo a gafas. El resto somos intercambiables, Berna y Pauner (lycra®) o B Vocal y los diputados populares en la Aljafería. Georgina Rodríguez, la novia de Cristiano, creció en Jaca pero es argentina. Menos mal.

Jónico. Ferrero Rocher

Tratar de ser elegante siempre decepciona. Compartí trabajo con un colega sevillano; su Andalucía tan traje de Scalpers, mi Aragón tan pico de camisa asomado por la bragueta. Prometía que iba a invitarme “al campo” y yo suponía una finca como las del primer bloque del ¡Hola! Resultó ser una barraca con tres naranjos lindando con un polígono industrial. Decepción de mi novia que esperando ser recibida por Paloma Cuevas y Ferrero Rocher se encontró con Omaíta.  Me dejó para casarse con un señor que hacía algo con pieles de vaca. Cuando digo “algo” me refiero a dinero. Al final mi ex tuvo su marido medio ganadero, su finca y su ¡Hola!, publicaron un “ecos de sociedad” con foto de la boda aunque a bastantes páginas de distancia de Paloma Cuevas. Como cantaba María Jiménez “ahora ya mi mundo es otro”, concretamente el que me ha tocado. Tenemos poco que ver con lo que nos pasa, solo la actitud es libre albedrío.

Aclaro, quien quiera ser elegante a propósito, nacer en la Sevilla bien o llevar slim fit adelante, me parecerá estupendo. Y si alguien desiste en lo de la actitud, también correcto. No soy una vicepresidenta del Gobierno para decir a la gente cómo tiene que vivir.

Corintio. Pititos empoderados

Olviden el párrafo anterior, he cambiado de opinión. Que cada uno haga lo que dé la gana excepto creerse influencer, eso prohibido. Nadia, Yolanda, Teresa: marchad una ley con sus sanciones, su observatorio y su propaganda,  la amenaza es real y vuestros fines justifican los medios.


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Escucho una entrevista a dos instragramers, oscense ella y zaragozano él. Yoga, lino y muesli. “En Huesca me miran mal por llevar sombreros, en Madrid no me pasa”, dice abanderada de una causa improbable; en Huesca les importa una mierda lo que se ponga en la cabeza. En Madrid también. Más provincialismo rancio en él: “Zaragoza es un pueblo, siempre veo las mismas caras”. Que se pasee por Delicias y verá caras distintas, la endogamia del cincuenta mil uno inquieta, atormenta, perturba. La entrevista gira al bienismo, “como jóvenes empoderados seguro que utilizáis vuestras cuentas para visibilizar alguna causa”. Él: “sí, el cambio climático”. No aclara si a favor o en contra. Ella: “a veces hablo de feminismo, hay modelos que no se depilan y lo respeto total…” Virginia Wolf en 2021 no tiene bolsillo para tanta piedra como necesita.

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