Miércoles, 16 de Octubre de 2019

Parafraseando a un famoso gurú de la gestión internacional “Olvidaos de India, olvidaos de China y de Internet, la auténtica revolución que impulsará el crecimiento económico la tenéis aquí al lado y son las mujeres”.

Verdaderamente lo creo. Creo en la capacidad del talento femenino como palanca clave de cambio.


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Nuestra sociedad necesita de la mujer y su visión, de sus capacidades innatas para humanizarla, de su manera de dirigir equipos, de su liderazgo colaborativo, de su atención a lo concreto y su intuición.

No renunciemos a nada de esto para alcanzar nuestros éxitos en igualdad de condiciones con el hombre. Ahí es donde la educación tiene que llegar. Sin perdernos en discusiones que nos alejen de un objetivo importante: lograr ocupar puestos donde se tomen decisiones para poder cambiar las cosas.

Estamos excesivamente preocupadas en probar que una mujer puede hacer lo mismo que un hombre, mientras pierde lo que le hace única. No estamos para hacer lo mismo que ellos, estamos para hacer lo que ellos no pueden hacer. Y me gustaría que este mensaje calara en las nuevas generaciones de mujeres.

Para que no les haga falta demostrar nada, ni rivalizar para empoderarse el día de mañana.

Visibilicemos también casos de éxito para crear vocaciones haciendo atractivo el trabajo de mujeres profesionales.

Obviándolo pecaría de ingenua. Pero la maternidad sigue siendo hoy el principal obstáculo que impide a la mujer progresar en el trabajo. Yo le doy la vuelta y lo digo alto para quienes todavía piensan lo contrario: ¡La maternidad revoluciona a la mujer, la pone al 110 por cien de sus capacidades!


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Y podemos enumerar ejemplos. Aupemos esta visión para que la sociedad lo ponga en valor. Ser madre complica y enriquece la vida a su vez, pero no puede quitar puntos en lo profesional. La corresponsabilidad de los padres en este punto me parece esencial, ya que la mochila familiar debe estar repartida como ambos consideren. Y es urgente que existan medidas legislativas que realmente lo permitan.

Pero el cambio empieza en nosotras. Que no digas “no puedo asumirlo” solo porque ser madre te dificulta, que mujeres científicas no oculten su nombre completo al firmar una investigación porque su género juega en contra, que digas “te atiendo luego, ahora estoy ocupándome de mis hijos” también suma.

Que no seas la jefa que dice “no sacrifiques tu futuro porque es tu momento de progresar” o el “no puedo contar contigo en este proyecto porque no vas a llegar”.

Eliminemos unidas los tabúes que existen por miedo a la incomprensión. Porque sí… lo que nos ha precedido pesa, pero como dice el lema del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer “Si nosotras paramos, se para el mundo”.


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Hoy haz lo que quieras. Pero mañana no te pares. Sumemos unidas por romper el techo de cristal y celebremos lo que estamos consiguiendo.

*Ana María Farré Gaudier es Co-Fundadora de Mujeres Influyentes de Aragón (Womantalent España)