Martes, 21 de Septiembre de 2021

¿Qué pasará con la Seguridad Social de aquí a los próximos 20 o 30 años? Es una pregunta un tanto ambigua y cuya respuesta dependerá mucho de lo que se vaya construyendo hasta llegar a ese momento. Cada uno puede juzgar si esto genera miedo o tranquilidad.


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Recientemente, el Gobierno ha anunciado que aprobará una financiación para la Seguridad Social de 14.000 millones de euros, destinada al pago de ayudas y pensiones, así como las extras por el COVID-19.

Estas ampliaciones no son una novedad en el ejecutivo español, al igual que tampoco lo son en otras partes del mundo, donde la Administración muestra cifras deficitarias crónicas cuyo aumento no ha cesado con el paso de los años.

Tomemos como ejemplo el caso de EEUU, una nación caracterizada por ser lo más cercano a un capitalismo de libro. A lo largo de los ciclos económicos que ha experimentado, se han alternado periodos de déficit y superávit en la Seguridad Social.

No obstante, desde la Gran Recesión de 2008 se ha registrado una única tendencia: la alternativa deficitaria. La gráfica de abajo muestra esta evolución temporal (déficit y/o superávit) en porcentaje del PIB, poniendo en evidencia la tendencia predominante en los últimos diez años y mostrando unas predicciones no demasiado esperanzadoras en el medio y largo plazo.

Excedentes/Déficits de Seguridad Social en Estados Unidos: periodo 1970-2090 / Fuente: Segunda Oportunidad, de Robert Kiyosaki

Lo que se deduce en líneas generales es un aumento prolongado del déficit en la Seguridad Social hasta superar porcentajes del PIB cercanos al -1,70 en el año 2090. Para el caso español se dibuja un panorama similar, ya que al analizar las mismas variables durante el intervalo 2000-2018, vemos que la tendencia deficitaria ha imperado también durante la última década.

Evolución del déficit, superávit, PIB y empleo en España: periodo 2000-2018 / Fuente: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Gobierno de España.

Pero, ¿qué implicaciones tienen estas situaciones de cara a los próximos años? La respuesta es cuanto menos compleja, y evidencia un claro problema para las generaciones venideras: como cualquier tendencia, tendrá su correspondiente punto de inflexión en un momento determinado del tiempo.

Sin embargo, lo que no se podrá asegurar es que una vez alcanzado sea posible un retroceso que permita paliar los efectos negativos que puede dejar un déficit crónico de esta naturaleza.

Con una de las poblaciones más envejecidas del viejo continente, valga la redundancia, el número de personas que superan los 65 años de edad sigue aumentando en España, de forma que se prevé que para el año 2050 este colectivo represente cerca del 30% de la población.

Este dato no debe ser malinterpretado, ya que no se trata de algo negativo especialmente (puede ser un indicador de la eficacia de los avances en la medicina, por ejemplo), sin embargo, cómo se gestione el sistema que garantiza el Bienestar Social cuando esta variable experimenta cambios sí marcará la diferencia, y mucho.

Este artículo no tiene por objeto realizar un análisis exhaustivo de las causas que han ocasionado un déficit prolongado en la Seguridad Social, ni en España ni en el resto del mundo, pero sí reflejar una visión crítica del enfoque por el que ha optado la sociedad actual con respecto a ello.

Es posible que la construcción y mantenimiento de un sistema de Bienestar Social bajo la filosofía de “El papel todo lo aguanta”, basado en la creencia de que el Estado debería ser el respaldo incondicional de cualquier agente económico, y de su sustento una vez finalizada su trayectoria laboral, por ejemplo, cause más perjuicios que beneficios a la sociedad en general. En la actualidad esto se ha traducido en naciones con deudas públicas cada vez más altas, hasta el punto de que superar el 100% del PIB se ha convertido en la nueva normalidad.


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Evidentemente existen muchos más factores que explican el incremento de la deuda soberana, pero el clima generado en los países desarrollados de una excesiva dependencia del Estado, en lo que a cuestiones de supervivencia individual se refiere, no representa un buen presagio para el futuro de los mismos.

No se trata de poner en duda la necesidad de garantizar un estilo de vida digno, o construir en la pluralidad, sino más bien hacer autocrítica y echar la vista atrás, para ver si existen indicios en el pasado que nos permitan predecir con mayor certeza nuestro futuro y poder anticiparnos a las consecuencias negativas que pueda haber.

“El clima generado en los países desarrollados de una excesiva dependencia del Estado no representa un buen presagio para el futuro de los mismos”

Ya en el año 2008 había economistas que anunciaban para nuestros días una crisis de la deuda como el siguiente reto que la economía global debería enfrentar, al tiempo que otros avisaban sobre la insostenibilidad del sistema de Seguridad Social en los países de la OCDE.

Únicamente un grupo reducido alentaba sin éxito a construir un modelo de generación de riqueza y bienestar basado en la creación de valor partiendo del propio individuo. Frente a este panorama, me viene a la mente una cita del visionario e inventor Bucky Fuller, quién decía lo siguiente: “Mis ideas han pasado por un proceso de emersión por emergencia. Son aceptadas sólo cuando se les necesita con desesperación“.

Y aunque una crisis contenga un componente emergente, que puede tomarse como una oportunidad de realizar mejoras de cara al futuro, lo cierto es que la sociedad actual parece no haber experimentado emersión alguna, ni estas ideas haber sido aceptadas todavía.

Si volvemos a formular la pregunta inicialmente planteada, nos daremos cuenta de que el enfoque actual adoptado puede resultar ser cortoplacista, y aunque presente soluciones “inmediatas” en forma de ayudas, subsidios y otras rentas de diversa naturaleza, cabe la posibilidad de que en realidad se trate de meros parches que estemos aplicando sobre heridas que necesiten un tratamiento más profundo.

En definitiva, si quisiese reducir el problema de algo tan complejo como la gestión del sistema de Seguridad Social, no solo en España sino a nivel global, diría que todo se reduce a un cambio de mentalidad.

Éste debe partir desde la base de la pirámide social, pero las vías para que esto pueda darse deben ser construidas por los gobiernos de cada nación. Al igual que otros temas candentes como el cambio climático, evitar el relevo generacional de este dilema no debería ser una alternativa, sino más bien una obligación.

*Emma Huszak es Máster en Dirección Financiera y Control de Gestión por EAE Business School

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