Martes, 13 de Abril de 2021

Desde Sanidad afirman que la pandemia por COVID-19 ha deparado un incremento lógico y comprensible de la incertidumbre en la ciudadanía, no sólo por su propio estado de salud, sino por sus condiciones y medios de vida.


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Es lógico que, tras un año afrontando una situación imprevista que ha condicionado -cuando no cancelado o cambiado radicalmente- las vidas de todos, la ciudadanía muestre signos de cansancio, un estado de ánimo que la propia Organización Mundial de la Salud ha definido como fatiga pandémica. Ya se afirma que, cuando esta crisis acabe, vendrá una última ola relacionada con la salud mental, y que una gran parte de la población desarrollará Trastorno de Estrés Post Traumático (TEPT).

En Aragón hay un ratio de cuatro psicólogos en la sanidad pública por cada 100.000 habitantes, que está por debajo de los 6 de media en España y muy lejos de los 18 de Europa. Esto es totalmente insuficiente. No cabe duda de que es necesario empezar a dar prioridad a los problemas de salud mental, presentes y futuros, derivados de esta pandemia.

La comunidad científica se ha lanzado con gran agilidad al análisis de la pandemia, incluyendo sus consecuencias psicológicas. Los análisis indican que los síntomas han sido más intensos en mujeres que en hombres, en los más jóvenes y en aquellas personas más preocupadas por las repercusiones económicas de la COVID-19.


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Me ha llamado la atención que se ha dado una relación lineal entre mayor edad y una menor afectación psicológica. Un 33% de la población adulta padece ansiedad o depresión, han aumentado en un 20% las visitas a consultas psiquiátricas y se ha incrementado en 9,8% la prescripción de psicofármacos.

Cada vez nuestro mundo interno se llena de más incertidumbre, miedo al futuro y más pacientes acuden a consulta para tratar síntomas que nunca antes habían padecido. En resumidas cuentas, la interrupción de planes de futuro y de las pautas de socialización y de intercambio emocional se han visto especialmente afectadas en los más jóvenes.

A la amenaza del virus para la propia supervivencia, se han sumado el confinamiento, la amenaza económica, las sobrecargas domésticas, el distanciamiento social o la disolución del tiempo.

“Un 33% de la población adulta padece ansiedad o depresión en plena pandemia de COVID19”

Dicho esto, mi preocupación como psicóloga, no es tanto lo que pasa en la sociedad, sino lo que pasa dentro del ser humano, porque ahí es donde sucede la experiencia humana. Las personas se sienten francamente intimidadas por acudir a consulta. Es más, toman la decisión de venir cuando las cosas ya se han torcido del todo. Nos sentimos avergonzadas de sufrir, de pedir ayuda, nos hace sentir débiles y diana de juicios negativos.

Esencialmente, debes entender que si existe ese nivel de desagrado dentro de ti, nada bueno puede suceder, ni salir de ti. No es posible. Hay que empezar a cuidar lo que sucede dentro de un ser humano individual, en vez de sólo preocuparnos por lo que sucede a nuestro alrededor.

Nos tenemos totalmente descuidados a nosotros mismos. Todos deberíamos aprender, dentro de nuestro espacio limitado, cómo permanecer pacíficos y alegres. Esto lo conseguimos en consulta a través de la psicoterapia, y en mi caso concreto, a través de las terapias de 3ª generación.

Tenemos que aprender a conducir nuestra mente y a ser conscientes de que ésta existe y es maravillosa, pero nuestra atención debe de estar en la vida. Se resumiría en ser capaces de centrarnos en lo importante de la vida, que no está relacionado con el status, el dinero, el trabajo, las relaciones.

No te preocupes tanto por tu futuro. Céntrate en hacer bien tu presente, y tu futuro florecerá.Tu asunto es mantener tu mente tranquila, sosegada y en equilibrio. No has aprendido a manejar tu mente y emociones. Y en esto es donde la terapia te puede ayudar. Lo importante es la habilidad para salir del problema.

Por lo que, a mi parecer, la autotransformación es la actividad más importante del ser humano en estos días. Los pensamientos y emociones no pueden ser más importantes que lo real. Invertimos demasiado tiempo en el drama. Al fin y al cabo estamos vivos y es lo que realmente importa.

*Leticia M. Val es Psicoterapeuta Mindfulness

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