Martes, 19 de Enero de 2021

La gestión política de las administraciones públicas siempre está en el ojo del huracán. La pandemia, por ejemplo, ha puesto a prueba hasta la extenuación las dosis de eficacia de los gobernantes. Se ha comprobado la funcionalidad de la administración, la habilidad de anticiparse, la capacidad de trabajo o las acertadas -y erróneas- decisiones que han supuesto graves situaciones.


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La llegada de la borrasca histórica y extraordinaria ‘Filomena‘ es el último ejemplo. El país ha estado día y noche preocupándose por la incidencia de la nevada en múltiples municipios y redes viarias que han complicado la vida de los ciudadanos.

Pero resulta positivo comprobar cómo, en ocasiones, las cosas funcionan. Con previsión, buenas decisiones y una coordinación conjunta entre distintos actores se puede doblegar los contratiempos de la borrasca. Es el caso de la ciudad de Zaragoza.

Sin apenas experiencia en una situación de nieve que paralice la ciudad ha sido capaz de responder en pocas horas a lo imprevisible de la borrasca para dejar una ciudad en la que se puede transitar. Sin accidentes que lamentar, ni situaciones trágicas que recordar.

Es entendible que los ciudadanos reclamen celeridad en las acciones a su Ayuntamiento para despejar de hielo su calle, barrio o distrito. Pero lograr que una ciudad no se haya parado y que incluso vuelva a la normalidad en menos de 48 horas cuando nunca había vivido algo así es digno de valorar.


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Zaragoza no está preparada para una nevada así: no tiene ni los medios necesarios, ni un amplío conocimiento técnico, ni la capacidad para despejar por completo la ciudad de un día para otro. En otras ciudades aún hay árboles caídos, zonas aisladas o sus vecinos han tenido que limpiar con sus propias palas sus barrios. Es más, en el norte de Europa más habituada a estos temporales nadie reclama que la ciudad esté impecable en pocas horas.

En total, Zaragoza movilizó a más de 700 personas (bomberos, policía local, limpieza, etc), intervino en 400 ramas desprendidas y esparció 300 toneladas de sal.

Sólo en el periodo en el que estuvo activo el Plan de Emergencias municipal se realizaron casi 200 intervenciones de Bomberos y más de 480 de Policía Local, en todos los distritos del casco urbano y de los barrios rurales.

El papel del Ayuntamiento de Zaragoza, desde el área de Servicios Públicos que gestiona Natalia Chueca, ha planificado, coordinado y aunado la colaboración de las contratas con éxito para que la ciudad apenas note las afecciones de la nevada histórica.


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En la otra cara de la moneda está saber si la ciudad debe actualizar el protocolo de nevadas. El cambio climático propicia que este tipo de temporales se produzcan cada vez con menos diferencia en el tiempo. No cada 100 años como hasta ahora, sino cada menos años. Es el punto débil que deberá resolver el Ayuntamiento de la ciudad para asegurar con éxito la próxima borrasca.

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