Miércoles, 21 de Agosto de 2019

El respeto al prójimo es el valor, de los que me inculcó mi padre, que más ha arraigado en mi persona y con el que he forjado mi carácter. Causa desasosiego comprobar cómo los valores que, otrora, conformaban las relaciones entre las personas hoy están en desuso cuando no desterrados sin remisión.

Sólo los vecinos que vivimos en una zona saturada de bares podemos comprobar, y sufrir, cómo la definición de “pasármelo bien” lleva implícito, inexcusablemente, molestar al prójimo con la absoluta certeza de que nada ni nadie me va a conminar a que deponga mi actitud.

A la Asociación de Vecinos y Comerciantes ‘La Huerva’ nos ha costado 16 meses que Urbanismo le haya denegado la declaración responsable a un bar en la calle Maestro Marquina que favorecía y propiciaba el botellón.


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16 meses de sufrimiento, de noches en vela recopilando documentación gráfica que corroboraba la manera de proceder de una tienda que vendía alcohol para su consumo en la calle.

Junto con la inestimable ayuda de la Policía Local pudimos conseguir una sanción pionera en la ciudad. Bien es verdad que el responsable pidió al juez una cautelar que le fue concedida con una contra cautela. Si volvíamos a presentar pruebas de que seguía favoreciendo el consumo de alcohol en la calle le cerraban el local.


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Al final el responsable ha cambiado su forma de proceder pero no por los ruegos y súplicas de los vecinos, ni por las constantes intervenciones de la policía local, ni tan siquiera por las sanciones económicas que ha recibido desde Urbanismo, lo que le ha hecho deponer su actitud desafiante durante tantos meses ha sido un auto judicial.

Unas pocas semanas después de recibir el auto judicial este mal llamado hostelero ha cerrado sus puertas para alivio de los vecinos que ¡por fin! podemos descansar.

Si desde que abrió sus puertas hubiera pensado en el descanso de los vecinos y no solo en su peculio nada de esto habría pasado. Para este señor el respecto al prójimo no tiene cabida en su vida. Llevar, a toda costa, la faltriquera bien llena a su casa sí que lo tiene.