Martes, 17 de Septiembre de 2019

Si tiene a su alrededor una persona mayor que requiera cuidados especiales pero no quiere abandonar su vivienda, no se preocupe porque vamos a mostrarle una serie de consejos que le ayudarán a encontrar a un buen cuidador.

Un cuidador es la persona que ofrece ayuda a otra que lo necesita. Es cierto que los familiares que diariamente están al cargo de la persona mayor, no se identifican a sí mismos como cuidadores.

Es bien sabido que las exigencias emocionales y físicas que supone el cuidado de un familiar supone un importante estrés, de ahí que sea importante el aceptar la ayuda que pueden brindarle los cuidadores con el ser querido, saber que no está solo

Es cierto que tener que trasladar a una persona mayor de su domicilio a un Centro de Día para la gran mayoría no resulta nada fácil. En su vivienda el anciano se siente muy seguro, de ahí que la contratación de un buen cuidador que lo asista en su propio domicilio le hará sentirse mucho más protegido y acompañado, pudiendo continuar con sus rutinas diarias.

El dejar al mayor, a la persona que más queremos en otras manos no es una fácil decisión, lo más aconsejable es ponerse en manos de una empresa especializada en atención al mayor para poder afrontar todo tipo de situaciones complicadas que puedan plantearse.

En primer lugar, debe de conocerse la necesidad del mayor, no se requiere al mismo cuidador aquella persona mayor que solo necesite una pequeña ayuda en sus rutinas diarias como aquella otra persona que posee un grado de Alzheimer avanzado o sufre problemas de Parkinson.

Es preciso conocer las funciones y tareas que el cuidador puede llegar a desempeñar y cuáles no. En muchas ocasiones suele confundirse el rol de una cuidadora con el de una empleada de hogar.

Entre las tareas que un cuidador puede desempeñar, están:

  • Ayuda con la labores del hogar y desplazamientos.
  • Compañía durante la jornada laboral
  • Control de la medicación y curas básicas.
  • Preparar la comida.
  • Ayudarle en la higiene diaria.

A la hora de elegir un buen cuidador, uno debe de asegurarse que cuentan con la experiencia precisa para realizar un buen trabajo con la persona mayor.

Entre los títulos que el cuidador debe de disponer son: auxiliar de geriatría, auxiliar de enfermería, por lo que es necesario el solicitar un justificante del título.

Si la persona no dispone de los títulos académicos, debe de exigirse ciertos años de experiencia realizando las tareas. Para ello se comprobará referencias, llamando a las familias anteriores en las que trabajó.

Es fundamental acordar el salario del cuidador, aunque no siempre resulta sencillo. Existe un mínimo estipulado por ley, existen diferentes regímenes, puede pagarse un tanto en especie, etc., pero es importantísimo tener controlada la parte legal, si éstas se hacen mal se pueden incurrir en multas por parte de la inspección de trabajo.

Cuando ya se está seguro de haber seleccionado al cuidador idóneo, se firmará el contrato en el que habrá que detallar las tareas a realizar para que en un futuro no haya malentendidos: labores que debe de realizar en el hogar, las tareas de cuidados, duración de la jornada, etc.

Para no incurrir en ninguna ilegalidad, evitar todo tipo de sorpresas con la administración pública y que la familia no se vea multada por la Seguridad Social, es preciso que el cuidador esté dado de alta en la Seguridad Social.

A pesar de que se esté encantado con la selección que se ha realizado, es recomendable establecer un periodo de prueba, entre uno y tres meses, por si las cosas no salen como uno espera y poder comprobar la profesionalidad y el comportamiento del cuidador, evitando todo tipo de sorpresas.