Sabado, 07 de Diciembre de 2019

Para garantizar una mayor reducción en el consumo de energía utilizada en los edificios, el Código Técnico de Edificación (CTE), establece una serie de normas a tener en cuenta.

Esto incluye tomar toda serie de medidas precisas para realizar el aislamiento térmico de los edificios ya sea en el momento de la construcción (obra nueva), como cuando se procede a la rehabilitación de fachadas.

Es necesario el aislar térmicamente para minimizar los cambios térmicos entre el interior y el exterior del inmueble, y así evitar la formación de condensaciones.


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Una de las decisiones más importante a la hora de realizar el diseño de un edificio es la elección del mejor aislante para la fachada, puesto que de él dependerá en gran parte la calidad de vida de su propietario u ocupantes.

En la actualidad existe una gran variedad de soluciones de aislamiento térmico, pero no todas son igualmente de eficaces, ni ofrecen las mismas ventajas en cuanto a costes de realización e impacto sobre la habitabilidad del edificio.

Con los diferentes sistemas de aislamiento térmico para fachadas, se conseguirá un interesante ahorro en calefacción y refrigeración. La Normativa vigente establece unos mínimos criterios que todo sistema de aislamiento de edificios debe de cumplir garantizando la eficiencia energética y habitabilidad del mismo.


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Gracias al aislamiento térmico de la fachada, además de poner fin a los puentes térmicos del cerramiento, se consigue reforzar la propia estructura envolvente del edificio.

En el momento de realizar el aislamiento se puede optar por diferentes materiales como el poliuretano, poliestireno expandido, poliestireno extruido, corcho o las lanas minerales.

CARACTERÍSTICAS

La elección del material variará en función de dónde se vaya a realizar la rehabilitación (interior o exterior), así como del objetivo principal de la reforma, debiendo cumplir las siguientes características:

– La eliminación de los puentes térmicos.
– Eliminación de condensaciones y filtraciones por humedades.
– No debe de afectar al espacio interior del inmueble.
– Proteger la estructura frente a agresiones térmicas, como lluvia, polución, viento
– Corregir fisuras y grietas de la envolvente.
– Mejora del aislamiento acústico exterior
– Renovar el aspecto de la fachada, con la posibilidad de realizar diferentes acabados.
– Un buen comportamiento frente al fuego, uno debe de fijarse si son materiales combustibles o no combustibles y el grado de contribución al fuego que tienen.

AISLAMIENTO TÉRMICO

Entre los principales sistemas de aislamiento térmico los más destacados son:
Aislamiento exterior con fachada ventilada: Compuesto por lana mineral, y puede ser rígido o semirígido. Con este sistema se consigue reducir los puentes térmicos, proteger la fachada de los cambios climatológicos y eliminar los problemas de condensación y humedades.

Aislamiento térmico de fachadas por inyección en cámaras: Alternativa cuando no se desea una rehabilitación completa de la fachada exterior del inmueble. Puede utilizarse espuma de poliuretano, lana mineral o celulosa. Se trata de una solución económica pero con ciertas desventajas ya que no garantiza la uniformidad del aislamiento y se precisa de una reparación de las paredes al finalizar la obra.

Aislamiento térmico interior: La rehabilitación se realiza desde el interior del edificio y no en la fachada. Se utiliza lanas minerales o poliuretano expandido. Las paredes aumentan unos 5cm. de grosor.

Ninguno de los aislantes térmicos para fachadas mencionados, podría considerarse como el mejor aislante puesto que todos presentan algún tipo de carencia.

El mejor Aislante Térmico para fachadas es el denominado SATE, (Sistema de Aislamiento Térmico Exterior), que consiste en la aplicación de un revestimiento aislante de varias capas y a su vez protegido por un mortero.

SATE, ayuda a disminuir las pérdidas de calor en invierno entre un 70%, y el calentamiento en un 30%, facilitando una temperatura estable en las diferentes estancias. La inversión en aislamiento es proporcional al ahorro energético que el usuario obtendrá posteriormente.

Un SATE de calidad tiene que ser transpirable, evitando posibles condensaciones de vapor que da lugar a humedades.
Además se reducirán las emisiones de CO2, ayudando a proteger el medio ambiente.

SATE, permite la rehabilitación de la estética de la fachada, pudiendo elegir entre diferentes acabados, fácil de aplicar y sin realizar obras costosas para su instalación.


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