Lunes, 17 de Diciembre de 2018

Las cinco reglas de la propaganda

La propaganda consiste en la difusión o divulgación de información, ideas u opiniones de carácter político, religioso, comercial, u otras, con la intención de que alguien actúe de una determinada manera, piense según unas ideas o adquiera un determinado producto.

La propaganda no trata de convencer sino de manipular, para que los individuos o las sociedades se comporten de acuerdo con los intereses que convienen a aquellos que la utilizan. La propaganda adquiere su mayor perversión en la guerra, donde la primera víctima es la verdad, pero está presente en todas las relaciones humanas desde la política y la economía hasta el fútbol.

La propaganda tiene sus procedimientos, encaminados a simplificar el pensamiento, a hacer tomar posición entre dos posturas que los propagandistas nos muestran irreconciliables: “nosotros” o “ellos”.

De este modo siguen estas reglas:

Nosotros somos la verdad, ellos mienten

Nosotros respetamos la ley, ellos son criminales

Nosotros somos pacíficos, ellos violentos

Nosotros tenemos valores, ellos son bárbaros

Nosotros somos inocentes, ellos culpables

Así, dependiendo del manipulador de turno, la persona se encuentra en uno de los dos lados, sin percibir que el “nosotros” y el “ellos” son un accidente de lugar y tiempo provocado por la propaganda. De este modo, la polarización sigue su macabro camino hasta el enfrentamiento.

La propaganda es una poderosa arma, tan mortífera como las bombas. Es un bombardeo de las mentes humanas para que llegado el caso se use la violencia contra otros seres humanos. Una violencia justificada: nosotros somos los buenos, ellos los malos.

La propaganda siempre ha utilizado los medios de comunicación más sofisticados del momento, de una manera subliminal, sin que nos demos cuenta secuestra nuestro corazón y nuestra mente.

El principal aliado de la propaganda es la ignorancia. Los antídotos contra ella son: la información diversa, plural, argumentada y documentada; y el conocimiento de otras realidades y formas de entender la vida. Para ello es necesario un sistema educativo que potencie el espíritu crítico de las personas desde su infancia.