Martes, 13 de Noviembre de 2018

Estamos ante una generación de niños y jóvenes cada vez más nerviosos, más movidos y con una atención más dispersa, a consecuencia de un exceso de estímulos, al que les hemos ido sometiendo desde su nacimiento.

Lamentablemente una vez metidos en esta sociedad tan tecnológica, no estamos dispuestos a rebajar el uso de las pantallas, que cada vez nos piden más y más.

Como consecuencia, a nuestros niños y jóvenes de hoy les cuesta encontrar el gusto por las cosas y enseguida se aburren del todo, o no encuentran motivación por nada.

Son incapaces de apreciar el mundo que les rodea, de fijarse en los detalles, de admirar la sencillez y la belleza de la naturaleza, de parar a pensar el porqué de las cosas, de entusiasmarse por la lectura, y por supuesto, encontrar sentido y gusto al estudio.


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Necesitan emocionarse para sentir esa atracción, esa curiosidad por las cosas que les llevará a prestar atención, a querer saber y aprender más.

En cambio viven en un mundo en el que todo se mueve por impactos de sonidos, luces, movimientos, pantallas, videojuegos…

Se aburren en clase, o sacan malas notas. Y resulta que la culpa es de los profesores que no les motivan. ¿Qué tienen que hacer los profesores? ¿Ponerse un traje especial de luces, colores y sonidos para captar su atención?

Desde que son pequeños, a nuestros hijos les acostumbramos a las pantallas; para que no den la lata en el supermercado, les dejamos el móvil; para que no se les haga tan pesada la espera en el médico, les dejamos el móvil o nos llevamos la tableta o la videoconsola; para que dejen hacer la cena o trabajar les ponemos la tv; para ir en coche lo mismo, pantallas otra vez.

“Se aburren en clase, o sacan malas notas. Y resulta que la culpa es de los profesores que no les motivan”

No nos damos cuenta, pero desde que tienen pocos meses les vamos introduciendo en el mundo digital y luego decimos que son nativos digitales porque lo cogen muy rápido.

Les vamos metiendo en su pequeño cerebro esos inputs que no hacen más que alimentar más sus ganas de pantallas. Luego llegan con 3, 4 o 5 años, y nos asustamos de su adicción.

Pero el problema no es sólo esa adicción, sino que durante todo ese tiempo esos niños se han perdido el contacto con sus padres, se han perdido otros juegos propios de su edad, más educativos y adecuados en estos momentos de su desarrollo.

Durante ese tiempo se están abandonando una habilidad básica y fundamental para el aprendizaje como es la observación del mundo que nos rodea, despertar emociones y sensaciones a través de los sentidos, en el parque, en la propia casa, en la familia o con los amigos.

¡Cuidado con las niñeras digitales!, son cómodas para los padres pero no tan buenas para los hijos. No nos engañemos.

Y si nos paramos un poco a reflexionar sobre todo esto, tal vez nos demos cuenta que los adultos estamos igual o más enganchados a las pantallas. Y cada vez más lejos de la sensibilidad, de la belleza del mundo, de las relaciones personales y de disfrutar de nuestra vida.

“¡Cuidado con las niñeras digitales!, son cómodas para los padres pero no tan buenas para los hijos”

Los niños necesitan estar con sus padres; somos su principal fuente de inspiración, de aprendizaje y ejemplo. La relación padres e hijos puede conseguir esa concentración y esa atención que hoy en día echamos tanto en falta en los niños y jóvenes.

Por supuesto no se consigue en una tarde, igual que no se conquistó Zamora en una hora, hace falta tiempo (tiempo de verdad), de calidad y estrategias para usarlo bien. ¿Cómo?

Los sentidos son una puerta que nos abre al mundo. Tenemos sentidos externos como la vista, tacto, oído, etc; y sentidos internos; como el sentido común, la memoria que evoca y representa no sólo imágenes sino vivencias concretas, la imaginación como almacén de imágenes y las emociones que nos despiertan los sentidos.


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A través de todos ellos junto con la inquietud del saber, surge el aprendizaje.

Es importantísima y muy enriquecedora la estimulación sensorial. En el mundo de las pantallas es difícil llegar a sentir todo esto.

Si delegamos el entretenimiento y aprendizaje de nuestros hijos en los medios virtuales, corremos el riesgo de perdernos la riqueza de nuestro mundo real y que no sean capaces de saber despertar sus sentidos.

Como decía Aristóteles en su Teoría del Conocimiento, “Nada hay en la inteligencia que antes no haya pasado por los sentidos”. Por eso invito a todos los lectores -y padres- a potenciar todas sus capacidades sensoriales. Y las de los niños y jóvenes.

A pesar de lo que se pueda interpretar, estoy a favor del mundo digital pero haciendo un buen uso de él y a partir de cierta edad.

Está comprobado que los menores de 3 años no tendrían que tener ningún contacto con las pantallas y a partir de los 4 o 5 años, su uso debería ser controlado por los padres e intentar que fuese menos de una hora al día e incluso no todos los días. Cuando me refiero a pantallas, son móviles, tableta, televisión y ordenador.

“Si delegamos el entretenimiento y el aprendizaje de nuestros hijos en los medios virtuales, corremos el riesgo de perdernos la riqueza de nuestro mundo real”

Podemos entretener a los hijos jugando al ‘veo veo’, contando coches, buscando colores, contando cuentos, cantando canciones o inventándolas, haciendo ritmos, adivinanzas, etc.

Todas estas actividades, además de entretener, ejercitan el cerebro de nuestros pequeños, estimulando su aprendizaje y estrechan los vínculos entre padres e hijos, haciendo momentos divertidos en familia para recordar.

Y si aun así sus hijos se aburren, no se preocupe, el aburrimiento es una estupenda herramienta educativa, ya que favorece el ingenio, la creatividad y la observación.

Disfruten de la vida al natural potenciando todos los sentidos.

Para aquellos padres o profesores interesados en el uso saludable de las pantallas les recomiendo la página ‘Empantallados‘. Resulta muy interesante y útil.

*Cristina Gil Gil es autora del libro La profe responde y del blog Ideas para crear y disfrutar