Martes, 13 de Noviembre de 2018

Las últimas semanas han sido una riada continua, y en ocasiones descontrolada, de informaciones, comentarios y descubrimientos sobre el uso y/o mal uso de muchos de nuestros datos.

Los cuales, facilitamos de un modo subconsciente a Facebook.

La RAE define subconsciente como el conjunto de procesos mentales, no percibidos conscientemente por el individuo, pero que pueden aflorar en determinadas situaciones e influir en su manera de actuar o en su carácter. Sinónimo: inconsciencia.


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Cuando nos registramos en una red social, en general, no dedicamos tiempo a leer las condiciones de uso, la política de datos ni mucho menos la política de cookies.

Son muchas páginas; son un rolloson algunos de los comentarios que oigo habitualmente, sobre todo a jóvenes y adolescentes.

Salvando las distancias, es parecido a no leer el contrato de la hipoteca ni la letra pequeña, ni tu contrato de trabajo. Y a veces ocurre lo que ocurre…

Queremos registrarnos cuanto antes, ser uno más de la red social y de la colectividad.

Porque es lo más cool o simplemente, por no quedarnos fuera y aislarnos del resto del grupo.

Los humanos somos animales gregarios y, por tanto, necesitamos sentirnos integrados dentro de la sociedad en la que nos relacionamos.

Cuando no pagas por algo, el producto eres tú

Facebook, así como cualquier otra red social, posee nuestros datos porque alguien se los ha facilitado inicialmente.

Y ese alguien somos nosotros mismos. Esos mismos que, no hemos leído previamente ni prestado atención a las condiciones de uso.

Si bien es cierto que, lo dicho anteriormente no exime a los directivos y propietarios de ciertos reproches inclusive de un mal uso de nuestros datos, es un hecho probado. Porque determinados datos y actuaciones son ilícitas, se mire como se mire legalmente.

El mundo digital nos ha arrasado, sobre todo a algunos adultos.

Los menores por falta de desarrollo evolutivo, entre otros motivos, son incapaces de prever las posibles consecuencias de sus actos y comportamientos.

Unido a ello, todavía falta conSciencia, conciencia y formación en el conocimiento de los efectos secundarios de determinadas conductas que desplegamos digitalmente. Algunos ya los estamos viendo en adolescentes y no tan adolescentes. No solo hablo del tema de las tecno-adicciones y del ciberbullying.

Eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras

Nuestros datos personales e información personal que de otro modo, no compartiríamos incluso ni con familiares y algunas amistades, los lanzamos al mundo con una tranquilidad y facilidad, inconsciencia diría yo, abrumante.

Desde el momento que los compartimos en la red dejan de pertenecernos porque ya no controlamos los efectos y consecuencias que puedan tener. Y seguimos sin mentalizarnos de ello.

Como dice Ángel Pablo Avilés, perteneciente al Grupo de Delitos Telemáticos de La Guardia Civil, a menor sentido común mayor riesgo.

Sentido común es lo que nos falta a adultos y menores en muchas ocasiones gestionando nuestra vida digital y nuestros datos en la red.

Cada cual que haga y se comporte como considere, siempre con respeto y educación, en la vida en general y también en internet.

Sin embargo, utilicemos y empleemos adecuadamente ese músculo tan increíble y alucinante que tenemos encima de los hombros.

Ese que no solo está para ponernos gafas y sombrero en verano o invierno para protegernos del sol o del cierzo que capitanea muchos de nuestros días en esta estupenda tierra.

Recurramos y estrujemos, si es necesario, nuestro cerebro para ver más allá de los dos minutos que suponen el subidón de adrenalina y dopamina, tras compartir determinada información con el resto del mundo.

Porque una vez compartido ya hemos comprobado que no nos pertenece y sus posibles consecuencias pueden afectarnos más de lo que pensamos.

¡Disfruta saludablemente de la red, seguridad y educación consciente!