Sabado, 15 de Diciembre de 2018

Prepárense, la van a oír mucho.

Acaban de incorporar esta palabra al diccionario mantra de la izquierda para ser utilizada cada vez que la oposición del PP abra la boca.

Este mismo lunes, Joaquín Estefanía nos explicaba en El País lo que significa la estrategia de crispación y, el mismo día, nuestro nuevo presiKent la utilizaba varias veces.

El título de la columna “La crispación, de nuevo”, su contenido y la foto con el que la ilustra (un Rafael Hernando con rostro desencajado) dejaban bien claro el mensaje: los del PP no saben perder y su estrategia en la oposición siempre ha sido y será, de nuevo, la crispación.


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Quizá, desde la redacción de El País y con nómina de Prisa las cosas se ven de otra manera o, simplemente, no se ven.

Los escraches, los cinturones sanitarios, el frentismo y la protesta sistemática y organizada no han debido de existir. O eso no crispa, lo que altera la siesta es que Hernando suba el tono.


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Tampoco parecen haber percibido en Prisa las manifestaciones habidas y que solo en el primer año de la legislatura pepera, los brazos políticos del PSOE, disfrazados de sindicatos, convocaron más manifas que en los tres años anteriores juntos, cuando el empleo y la economía se iban por el desagüe.

Y que aun en 2016, superado ya lo peor de la crisis, convocaron más que en cualquier año de la legislatura de Zapatero y sus brotes verdes. Aquella oposición al PP no alborotaba, claro.

También es estrategia crispadora, nos dice Estefanía, llevar al debate público temas sobre los que existe algún tipo de consenso y que deberían quedar al margen de la confrontación y de la competición electoral.

¿No es lo que hace la izquierda con el uso de las pensiones o la violencia de género?

Eso no cuenta, al parecer.

También los folloneros, nos explica el columnista, trasladan las críticas del Parlamento a los medios de comunicación y a las redes sociales, donde se da paso a la descalificación sistemática y al insulto.

Está claro que no sintoniza La Sexta, Cuatro y otras tantas imparciales cadenas, nada sectarias; la que crispan parecen ser las que no controlan, ¡qué casualidad!

El agitprop mediático, los Bardem y cia deben de ser del PP. ¡Si es que no me entero!

Apelar al diálogo con una mano y con la otra decir “no es no”, pedir grandes consensos pero firmar pactos del Tinell, rechazar el apoyo del PP para ganar alcaldías pero pedírlo a los amigos de presuntos rebeldes y sediciosos para desbancar gobiernos… todo eso no crispa, lo que hace pupita es el ceño fruncido de Hernando.


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En fin, mis queridos lectores, una cosa es el respeto debido, como no; pero otra es quitarles el asiento del fondo del autobús a los mayores (mayores en número, me refiero) y pretender que se queden callados.

Ahora quieren una oposición que no muerda, políticos blandiblú y pastorcillos que cuiden de Bambi, buen rollito, y mucho, mucho dialogo, para entretenerse mientras que la inacción y la tibieza causan sus corrosivos efectos en la economía y el bienestar.

Y mientras piden paz y amor por un lado, por el otro continuará el agitprop y el frentismo, porque se equivoca quien, como Celia Villalobos, cree que la Sexta y otros se van a aburrir por no tener al PP para meterse.

Amiga mía, vamos a vivir en campaña electoral muchos, muchos meses, y seguirán dando caña con una mano aunque ahora, con la otra, pidan no crispar.

En fin, la izquierda apela al buen rollo y el columnista de El País nos advierte de las malas consecuencias del alboroto político: la irrespirable atmósfera que genera, la colocación del adversario político en situaciones límites y el debilitamiento de la economía.

Pero mira por donde, todo ello les parece “nuevo”, hasta ahora no había motivos para apreciar la crispación.

Perdónenme si crispo pero… ¡Manda huevos!