Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

Parece que, cuando hablamos de un órgano administrativo o en la Ley, sólo pensamos en ciertas cuestiones y creemos que siempre obedecen a la ideología de quién manda en él.

Pensamos que, según sea su jefe, según el partido de que sea, el órgano actuará de una determinada manera y no de otra.

Sucede, recientemente, que se va abriendo paso una corriente de insumisión a la Ley si no me gusta la decisión. Incluso, a cuestiones puramente penales, se las ha llamado cuestiones políticas. Como si la política fuera lo legítimo y la legalidad un mero estorbo.


Publicidad


Vayamos por partes, en realidad cuestiones políticas hay pocas, son las grandes decisiones que modelan el presente y el destino de la Comunidad.

“Como si la política fuera lo legítimo y la legalidad un mero estorbo”

Por ello es muy importante la política legislativa. La ley fija cómo se va a actuar en una materia concreta, exige una determinada mayoría del Parlamento, y es expresión de la voluntad popular.

La Ley no es el mero capricho de un Gobierno, al que no le guste que reúna una mayoría para cambiarla pero que no la incumpla sin más, so pena de no ser serio ni fiable.

La política está dentro de la Ley, la política ha de cambiar el modelo legal si quiere establecer otra cosa. La política juega dentro del marco legal, y, si este es estrecho, lo puede cambiar de acuerdo con el procedimiento, previamente, establecido. Lo demás no es política, es barriobajerismo apto para macarras, vagos e iletrados.

No confundamos, muchas son puras decisiones de gestión no aptas a manipulaciones “caprichosas” que llamamos “políticas” porque el término ha caído muy bajo y así cabe cualquiera. Estamos ante muchas decisiones de pura gestión y ante mucho jeta.

“Lo demás no es política, es barriobajerismo apto para macarras, vagos e iletrados”


Publicidad


También hay una corriente que exige que nuestros representantes sean poco menos que santos de altar, la “política” desbocada actual produce ese tipo de confusiones.

Lo penal ya no es “la última frontera” de la Sociedad, es algo extraño y antiguo, ajeno a la Sociedad actual, algo que no se reforma y que se critica si se aplica.

Además una cosa es lo penal y otra, y más relevante, es el comportamiento ético, siempre subjetivo, de nuestros representantes.

¿A dónde queremos ir?, ¿dónde está la política legislativa penal?, ¿o esto no es política?