Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

Koko, Voi, Lime, Tier … parecen nombres de simpáticos perros, y es que en apenas dos meses han invadido la ciudad como si de una publicidad agresiva se tratase. Ya están en nuestro día a día, casi sin presentarse.

Pequeños desfiles militares en agrupaciones de a cuatro o seis nos dan los buenos días ordenados y situados estratégicamente en zonas de alta concurrencia, plazas comerciales o áreas de negocios.

Son unos 700 patinetes que a algunos le salvan la vida para ir “de aquí a allá” sin pensar mucho en líneas de autobuses ni en el tiempo extra para cogerlo o caminar entre destino y parada. Sostenible, ecológico, creando incluso economía circular.

Llevo analizando personalmente su actividad varias semanas y casi todos terminan su día en un sitio diferente al que lo empezaron. Sí, la gente los usa. Y mucho.

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Y aquí es donde, por lo visto, comienza el problema para algunos. Parece que tenían ganas, que estaban esperando el momento de máximo esplendor (vienen 3 empresas más próximamente) de un modelo innovador que ha traído más beneficios que problemas.

Y digo innovador porque ya se sabe que las ciudades pierden dinero con los sistemas de anclaje. Una ciudad que, aparentemente, siempre hemos apostado por la mejora de la movilidad, por adoptar nuevos retos. O es que, simplemente, se acercan las elecciones y hay que empezar a posicionarse.

Más quejas oigo de la contaminación o del estado de las aceras y el pavimento (que sí que generan accidentes), que de molestos patinetes que no nos dejan caminar con normalidad porque están mal aparcados, o porque algún desgraciado (que los hay en todos los lados) va haciendo “slalom” entre la multitud de la calle Alfonso.

Sí, desde luego que ahora hay más “cosas” por en medio de nuestras calles, pero que un mercado explote favorablemente para el desarrollo de una ciudad, no significa que haya que vetarlo a base de impedimentos legales o licencias.

Hacen falta reglas, desde luego. Que usen determinados carriles (que para eso tenemos una floreciente red de carriles bici), que los dejen aparcados con ciertas normas como deben hacer, por ejemplo, las motocicletas, y que respeten las normas de velocidad y de circulación para con la ciudad y sobre todo para con los ciudadanos.

“Si un mercado ‘explota’ favorablemente para el desarrollo de una ciudad no significa que haya que vetarlo”

Tenemos que aprender todos, como diría que casi lo estamos consiguiendo con las bicicletas personales y municipales, en una guerra que empezó hace años y parece mitigarse porque aprendemos, avanzamos y convivimos.

Pero los políticos del Ayuntamiento, en donde quizá faltan más ingenieros y tecnólogos, han optado por la vía fácil. En lugar de concienciar a ambas partes, de realizar eventos y acciones favorables a acoger este tipo de iniciativas, prefieren zanjar de manera tajante su crecimiento, limitando a sólo 3 empresas y 500 patinetes cada una, su expansión en la ciudad.

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No importa que hayas tenido el coraje y el valor de salir primero en un mercado naciente e innovador, o que tu financiación no permita poder adquirir 500 patinetes para “cumplir con el pliego”. Las empresas tendrán que enfrentarse a un concurso que otorgará 3 únicas licencias.

Es muy probable que esto, además, favorezca que se lleven el premio aquellas empresas internacionales que aterrizaron en España, en lugar de las locales que, modestamente, intentan crecer poco a poco.

Este es un punto de inflexión muy delicado. Marcará a nuestra ciudad como una de esas que apostó y se convirtió (con dificultades y problemas, ¡como no!) en una “Amsterdam” de la movilidad, o nos inclinaremos en crear otro “impuesto al Sol” que tardaremos años en darnos cuenta que no sólo es una estupidez y una pantomima, sino que tiene más connotaciones políticas que de concienciación y regulación moderada que facilite el mercado y su expansión para ambas partes.

Aún tengo esperanzas en esta mi ciudad. Lo que necesita hoy, no es lo que necesitaba hace veinte años, ni hace diez. Esto no se soluciona cerrando mercado, sino adaptando normas y leyes.

Suerte “perritos” de la movilidad. Os esperan semanas duras.

*Alex Dantart es empresario e inversor en más de 30 empresas.