Miércoles, 24 de Abril de 2019

Carmelo Asensio (CHA) acaba de presentar una moción para su debate en el Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza para que todos los grupos municipales rechacen “acuerdos futuros con partidos políticos de ultraderecha”, en clara alusión a VOX; una moción que aún en el supuesto de prosperar difícilmente podría tener carácter vinculante para nadie, aunque obligará a los partidos presentes en el Pleno a retratarse.

Será interesante comprobar el posicionamiento de cada cual y los ciudadanos, sin duda, tomarán nota. Sólo desde el sectarismo pueden proponerse a estas alturas “cordones sanitarios” contra fuerzas políticas perfectamente legales y absolutamente democráticas.

Los cordones sanitarios son una expresión de arrogancia antidemocrática, especialmente cuando no están justificados por el comportamiento de aquel a quien se pretende aislar, o cuando, como es el caso, no se ha tenido antes ningún remilgo en pactar con fuerzas políticas mucho más sospechosas de prácticas antidemocráticas.


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VOX, pues es a él a quien se refiere Carmelo Asensio, nunca ha reventado un mítin o conferencia de ningún rival político, como hizo Pablo Iglesias con Rosa Díez, nunca ha interrumpido por la fuerza ningún acto religioso de ninguna confesión (ni musulmana, ni judía, ni budista, ni cristiana…) como hizo Rita Maestre.

“VOX nunca ha reventado un mítin o conferencia de ningún rival político”

Ni sus miembros han participado nunca en ningún escrache o actos de intimidación y acoso contra nadie como sí han hecho los miembros de Izquierda Unida o Podemos que ahora gobiernan Zaragoza bajo las siglas ZEC con el apoyo de CHA.

Ni han formado parte de ningún piquete violento como Andrés Bódalo, ni han asaltado almacenes o supermercados como han hecho en algunas localidades de Andalucía líderes de izquierdas no precisamente hambrientos ni necesitados.

VOX no ha protagonizado nunca ningún acto fascista, ni los ha alentado, disculpado o justificado de ninguna manera. Porque eso, las prácticas fascistas, es lo que caracteriza de forma objetiva a los fascistas y no las acusaciones infundadas y por demostrar que formule Carmelo Asensio.

El problema de Chunta Aragonesista ahora, y el de la izquierda de este país en general, es un problema de credibilidad.


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Es difícil que convenzan ahora a nadie de la “usurpación” del poder en Andalucía cuando entre ellos han menudeado los pactos de perdedores, gracias a los que gobiernan con apoyos heterogéneos y dificilmente conciliables muchas instituciones españolas.

El caso de CHA es paradigmático por cuanto ejerce responsabilidades de gobierno (ostenta la titularidad del Departamento de Política Territorial en la DGA), burlando el mandato del electorado aragonés, que le envió a lo que debiera haber sido una oposición testimonial y casi residual (dos diputados de sesenta y siete, recuerdo).

Y, sin embargo, gobierna, evidentemente sin mandato popular, legalmente, sí, pero con dudosa legitimidad democrática.

Es difícil que convenzan ahora de la sinceridad de su alarma por la supuesta ultraderecha, cuando ellos gobiernan aliándose con golpistas, nacionalistas de -ésta sí- ultraderecha (insolidaria, supremacista y xenófoba), extrema izquierda leninista y/o chavista, y herederos directos de grupos terroristas.


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Carecen de credibilidad quienes acusan de machismo a un partido que critica legítimamente una ley de Violencia de Género que objetivamente vulnera los principios de igualdad, presunción de inocencia y responsabilidad penal individual, pero se niegan a aceptar la prisión permanente revisable, que sería la única medida realmente eficaz frente a delincuentes multirreincidentes y no rehabilitados.

Y que está asumida de forma natural en la mayoría de los países de nuestro entorno de los que nadie pone en duda su legitimidad democrática.

“El caso de CHA es paradigmático por cuanto ejerce responsabilidades de gobierno burlando el mandato del electorado aragonés”

O que acusan de racismo a un partido que simplemente desea fronteras seguras para su país y que propone medidas de regulación de la inmigración más indulgentes que las que practican países tenidos por modélicos como Australia o Canadá, o simplemente solicita que las distintas administraciones de este país, autonómicas o locales, colaboren, como es legalmente preceptivo, en el control de la inmigración irregular, como hacen países como Alemania, a la que nadie cuestiona tampoco su legitimidad democrática.

Resulta sorprendente que las mismas medidas que parecen normales en otros países a los que envidiamos por su solvencia democrática, su civismo y su nivel de vida, aquí se tachen de extremistas. Contrastar las propuestas de Chunta con la normalidad internacional, que desamos imitar aquí, les resta toda credibilidad.


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Carmelo Asensio, como el resto de la izquierda hasta ahora, siempre se ha creído libre de la obligación de argumentar sus acusaciones. Les basta a todos ellos con formularlas, sin pruebas, y repetirlas todas las veces que consideren necesarias, diariamente, hasta conseguir que calen como verdades indiscutibles en el imaginario colectivo.

Pero eso se ha acabado: las acusaciones hay que demostrarlas y ni Carmelo Asensio ni nadie es capaz de aportar datos -reales, por supuesto; no inventados- ni ejemplos ni argumentos que justifiquen sus acusaciones de machismo o xenofobia contra VOX.