Las sardinillas en lata no son sardinas pequeñas: la nueva ley alimentaria acaba con una confusión muy extendida

Desde el 1 de marzo hay nueva normativa de etiquetado alimentario en España: afecta a conservas, jamón de pavo, aceitunas, galletas y horchata
Conserva de pescado
Conserva de pescado

La lata de conservas del súper ya no podrá venderte gato por liebre

Desde el 1 de marzo está en vigor en España una nueva normativa de calidad alimentaria que obliga a los fabricantes a ser mucho más precisos en el etiquetado de sus productos. El cambio afecta a docenas de alimentos que los aragoneses compramos cada semana: conservas de pescado, aceitunas, jamón de pavo, galletas, sidra, vinagre y horchata, entre otros. El objetivo es uno: que el consumidor sepa exactamente qué mete en la cesta.

Conservas de pescado: el nombre real del producto, por fin en la etiqueta

Durante años, muchas marcas han jugado con denominaciones comerciales que no se correspondían exactamente con el contenido de la lata. Nombres llamativos, genéricos o directamente confusos que llenaban los lineales de Mercadona, Eroski o Carrefour sin que el comprador tuviera muy claro qué especie estaba llevándose a casa.

La nueva norma, impulsada desde la Secretaría General de Pesca, acaba con eso. A partir de ahora, los fabricantes deben ajustarse a un listado oficial de denominaciones comerciales. Y hay ejemplos concretos que merece la pena conocer.

El más llamativo quizá sea el de las sardinillas. Muchos consumidores las compraban sin saber que ese término no tenía hasta ahora una definición reglamentada. Con la nueva ley, "sardinillas" queda reservado para la especie concreta Sardina pilchardus —la sardina europea de toda la vida— y solo cuando cumpla unos criterios específicos de tamaño y peso. Dicho de otra manera: no es simplemente una sardina pequeña. Es un producto concreto con unas características concretas.

Algo parecido ocurre con los berberechos. Hasta ahora, muchas latas se vendían como "berberechos al natural" sin mayor detalle. La normativa obliga ahora a especificar la variedad: berberecho común, berberecho verde, de Groenlandia, dentado o berberecho rey de Nueva Zelanda. La diferencia no es solo semántica. El tamaño, el sabor y, sobre todo, el precio pueden variar bastante de una especie a otra. El berberecho rey de Nueva Zelanda, por ejemplo, es considerablemente más grande que el común del Atlántico.

Atún, bonito, anchoas y pota: adiós a la confusión entre especies

Otro flanco que tapa la nueva normativa es el de las confusiones entre especies de distinto valor gastronómico y económico. El bonito del norte —el que se pesca en el Cantábrico y tiene fama merecida en la cocina española— tiene un precio de mercado claramente superior al de la caballa, la melva o ciertos tipos de atún de aguas más cálidas. Hasta ahora, algunas etiquetas podían resultar ambiguas en ese punto.

Con el nuevo marco legal, la denominación debe ser precisa. Lo mismo ocurre con las anchoas. A partir de ahora debe diferenciarse entre anchoa europea, anchoíta argentina y anchoveta peruana. No es un tecnicismo sin consecuencias: las tres son diferentes en textura, sabor y precio, y varias campañas de control alimentario habían detectado productos etiquetados de forma imprecisa en los últimos años.

También se aclara de una vez el lío habitual entre calamar, pota, potón y pulpo, especialmente en bolsas de congelados y conservas. Si una bolsa pone "rejos de potón", ya no hay excusa para no saber que no es pulpo, aunque la forma sea parecida. La confusión visual entre ambos productos ha sido una queja recurrente de los consumidores en foros y asociaciones de usuarios.

El aceite de la lata también tendrá que ser lo que dice ser

Hay otro detalle que pasa desapercibido en muchas compras: el líquido de cobertura. Si una conserva indica "en aceite de oliva", la nueva normativa exige que ese aceite sea exclusivamente de oliva, sin mezclas con aceites de semillas o vegetales de menor calidad.

Ahora bien —y esto conviene tenerlo claro—, no es lo mismo aceite de oliva que aceite de oliva virgen extra. El primero puede proceder de mezclas refinadas y tiene una acidez y unas características organolépticas muy distintas al virgen extra. La etiqueta deberá dejar ver esa diferencia. Cuando aparezca la expresión "en aceite vegetal", el abanico es amplio: puede ser girasol, colza u otras variedades, sin obligación de especificar cuál.

Más allá del pescado: jamón de pavo, aceitunas, galletas y horchata

Los cambios no se quedan solo en el pasillo de conservas. El jamón de pavo —término que llevaba décadas en boca de todos pero que no tenía reconocimiento oficial en la normativa española— pasa ahora a ser una denominación reglamentada. El producto deberá etiquetarse así de forma estándar, lo que en teoría facilita la comparación entre marcas.

En el caso de las aceitunas rellenas, la norma pone más control sobre el relleno. Si es una pasta —algo habitual en las aceitunas rellenas de anchoa o de pimiento que se venden en los supermercados aragoneses—, solo podrá llevar el nombre del ingrediente que realmente aporte el sabor principal. Nada de etiquetas que prometan sabor a anchoa cuando la pasta no la contiene en proporción significativa.

Las galletas también se ven afectadas, aunque de forma menos visible para el consumidor. Se eliminan ciertos límites relacionados con el contenido mineral residual, lo que abre la puerta a nuevas recetas de galletas integrales con ingredientes menos refinados. Una noticia razonablemente buena para quienes buscan opciones más naturales en el lineal de bollería.

La horchata de chufa queda prohibida de llevar colorantes y edulcorantes artificiales. Y el vinagre, sea de vino o de manzana, tendrá que indicar de forma estandarizada su grado de acidez en la etiqueta.

¿Cuándo lo veremos en los supermercados de Zaragoza?

La normativa ya está en vigor, pero el cambio no será instantáneo en los lineales. Los fabricantes tienen un periodo transitorio de hasta doce meses para agotar el stock ya etiquetado con el formato antiguo. Eso significa que durante una buena temporada convivirán en los supermercados zaragozanos envases con la nueva información y envases con el etiquetado de antes.

La clave, mientras tanto, sigue siendo la misma de siempre: leer menos los reclamos grandes del frontal —esos "premium", "selección especial" o "calidad suprema" que tanto gustan a los departamentos de marketing— y fijarse más en la denominación concreta y la lista de ingredientes. Ahí, a partir de ahora, la ley obliga a que todo sea más claro. No está mal.

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