La ONU avisa: El Niño llega este verano y echará "más leña al fuego" del calor en España
La inminente llegada de El Niño pone en alerta a los organismos climáticos internacionales. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha advertido este martes de que existe un 80% de posibilidades de que el fenómeno se instaure entre junio y agosto, y hasta un 90% de que permanezca activo al menos hasta noviembre. Para España, y en particular para territorios ya vulnerables al calor extremo como el valle del Ebro, la noticia no es precisamente tranquilizadora.
Qué es El Niño y por qué preocupa ahora
El Niño es un patrón climático natural provocado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Ese calentamiento oceánico altera la circulación atmosférica a escala global y acaba afectando a las temperaturas y las precipitaciones en regiones muy alejadas del Pacífico. Su periodicidad oscila entre dos y siete años, y su duración habitual ronda los nueve a doce meses.
Lo que lo hace especialmente preocupante en 2026 no es el fenómeno en sí —que ha ocurrido decenas de veces en la historia— sino el contexto en que llega. El planeta ya viene registrando temperaturas récord impulsadas por las emisiones de efecto invernadero. Según el servicio europeo Copernicus, marzo de 2026 fue el cuarto mes más cálido jamás registrado a nivel global, con 1,48 grados por encima de los niveles preindustriales. El Niño se sumará a esa base de calor acumulado.
António Guterres, secretario general de la ONU, lo ha resumido con una imagen directa: las condiciones asociadas a El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que ya se calienta. Sus consecuencias, ha advertido, se dejarán sentir con una intensidad mayor y un alcance más amplio, cruzando fronteras. La OMM señala además que, aunque el cambio climático no aumenta necesariamente la frecuencia de estos episodios, sí puede amplificar sus efectos, porque los fenómenos extremos disponen de más energía y humedad que antes.
La AEMET pide cautela: el efecto sobre España no es directo
El portavoz de la AEMET, Rubén del Campo, ha sido explícito sobre las limitaciones del fenómeno para la Península Ibérica: no existe una correlación directa entre la ocurrencia de El Niño y el tipo de tiempo que puede esperarse en España. La agencia ha salido al paso de los titulares más alarmistas subrayando que los efectos del fenómeno se concentran principalmente en el Pacífico y en los trópicos, y que su repercusión sobre Europa llega con retraso y de forma mucho menos directa.
Cuando El Niño comience a actuar con fuerza, en otoño e invierno, ya habrá pasado la canícula del verano español. Dicho de otro modo: el calor que se espera este verano en España no vendrá principalmente de El Niño, sino de la dinámica climática que lleva años instalada sobre la Península. Los modelos estacionales del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas apuntan a que el verano de 2026 podría ser entre uno y dos grados más cálido de lo habitual, pero ese calor se explica por el calentamiento global y la posición de los anticiclones, no directamente por El Niño.
Ahora bien, la AEMET también reconoce que algunos estudios apuntan a que los otoños en años de El Niño tienden a ser más lluviosos. Podría ser una noticia con doble lectura para el interior peninsular.
La OMM establece que el fenómeno podría ser "al menos moderado" y que su intensidad podría llegar a ser fuerte. Algunos científicos ya hablan incluso de la posibilidad de un "superniño", con anomalías térmicas superiores a 1,5 grados en el Pacífico ecuatorial y, en escenarios extremos, valores cercanos a los 2,5 grados. En ese caso, los impactos globales serían sensiblemente mayores.
Lo que esto significa para Aragón
El valle del Ebro es uno de los territorios más vulnerables al calentamiento en España. Los veranos ya son extremos de por sí —Zaragoza ha superado en varias ocasiones los 40 grados en los últimos años— y cualquier empuje adicional sobre las temperaturas globales tiene consecuencias directas sobre la región. Los eventos de El Niño intensos suelen asociarse a olas de calor más frecuentes y prolongadas en el sur de Europa y el Mediterráneo occidental, lo que se traduce en una mayor probabilidad de episodios con temperaturas por encima de los 40 grados en Zaragoza y en las comarcas del Ebro Medio.
Las precipitaciones son otro factor a vigilar. El Niño altera los patrones de lluvias en el Mediterráneo, y los modelos históricos apuntan a otoños e inviernos más secos de lo habitual en el interior peninsular. Para Aragón, con buena parte de su territorio ya afectado de forma crónica por la sequía, eso podría agravar una situación que el sistema del Ebro y sus embalses arrastran con tensión creciente.
A esto se suma que Aragón afronta este verano con la alerta ya activada por el riesgo de incendios forestales. La DGA activará el próximo 12 de junio la fase de máxima operatividad del dispositivo Infoar, con un despliegue diario de 627 profesionales y una inversión superior a los 54,8 millones de euros, ante una campaña que ya se anticipa marcada por el calor extremo y la sequía acumulada. Zonas como el Bajo Ebro, el Maestrazgo, Gúdar o los Mijares figuran entre las más sensibles.
La AEMET ofrece, eso sí, una lectura más optimista en lo que respecta a los embalses. Algunos estudios apuntan a que los otoños en años con El Niño tienden a ser más lluviosos, lo que podría ser una buena noticia para los embalses pirenaicos y para el nivel del Ebro a su paso por Zaragoza. La propia agencia advierte, no obstante, de que "no siempre es así" y que la correlación estadística es débil.
Lo que parece fuera de toda duda es que la primavera de 2026 confirma una tendencia que ya no admite demasiados matices: el clima está cambiando, y Aragón —por su posición geográfica, su dependencia del agua del Pirineo y sus veranos extremos— está en primera línea. El Niño puede ser un acelerador. El calentamiento global, el problema de fondo.