Un experto en energía alerta: así estás tirando el dinero con la calefacción sin saberlo

Olvida todo lo que creías saber sobre mantener la temperatura constante: un ingeniero industrial confirma el error que está inflando tu factura y nosotras te contamos cómo solucionarlo hoy mismo.
Un experto en energía alerta: así estás tirando el dinero con la calefacción sin saberlo
Un experto en energía alerta: así estás tirando el dinero con la calefacción sin saberlo

Llega el frío polar y, con él, ese miedo recurrente que todas compartimos al abrir el buzón: la temida factura del gas o la luz.

Es la época del año en la que nuestro presupuesto familiar se tambalea.

Durante años, nos han repetido como un mantra una leyenda urbana que parecía tener sentido: "es mejor dejar la calefacción encendida al mínimo todo el día que apagarla y encenderla".

Nos lo hemos creído a pies juntillas, pensando que así la caldera "sufre menos" y gasta menos al no tener que arrancar de cero.

Sin embargo, Jorge Morales de Labra, un reconocido ingeniero industrial y experto en energía, ha llegado para poner orden en nuestro caos doméstico.

Su veredicto ha caído como un jarro de agua fría (nunca mejor dicho) sobre nuestras costumbres invernales.

Y es que, según este especialista, hemos estado tirando el dinero.

El mito de la temperatura constante: por qué no funciona

La premisa parecía lógica: mantener una temperatura estable evita picos de consumo.

Pero la física, que es caprichosa y no entiende de leyendas urbanas, dice lo contrario.

Morales de Labra ha sido tajante en sus intervenciones recientes: mantener la calefacción encendida cuando no estás, aunque sea al mínimo, es un error energético y económico.

"Decir que dejar la calefacción constantemente encendida sirve para ahorrar es falso desde el punto de vista energético", asegura el experto.

La explicación técnica, traducida a nuestro idioma de "andar por casa", es sencilla.

Tu casa no es un termo hermético. Las paredes, las ventanas y el techo están constantemente intercambiando temperatura con la calle.

Si la calefacción está encendida, estás inyectando calor que, inevitablemente, se va a ir filtrando hacia el exterior.

Cuanto más tiempo esté encendida, más energía pierdes. Es así de simple.

La regla de los 5 minutos

Aquí viene el dato que nos ha dejado heladas (pero agradecidas).

El ingeniero pone un ejemplo gráfico que no deja lugar a dudas: "Aunque uno se baje a comprar el pan y vuelva a los 5 minutos, merece la pena económicamente apagar la calefacción".

Sí, has leído bien.

Ni siquiera para ese recado rápido compensa dejar los radiadores en marcha.

El sistema de calefacción consume energía cada segundo que está funcionando.

Por lo tanto, la estrategia ganadora para nuestro bolsillo es drástica: apagar siempre que no estemos o no la necesitemos.

La Solución: El termostato inteligente como aliado imprescindible

Ahora que sabemos que el "método de la abuela" de dejarlo todo encendido no funciona, necesitamos una herramienta que nos ayude a gestionar esto sin volvernos locas.

Aquí es donde entra en juego la tecnología a nuestro favor.

No podemos estar girando la rueda de los radiadores manualmente veinte veces al día.

Fichamos en Amazon la solución perfecta para aplicar el consejo del ingeniero sin esfuerzo.

Si todavía tienes un termostato de rueda analógico, estás perdiendo dinero.

Lo ideal es hacerse con un termostato programable o inteligente (tipo Netatmo, Tado o incluso opciones low-cost de marca blanca).

Estos dispositivos permiten configurar las horas exactas de encendido y apagado.

Así, puedes programar que la calefacción se encienda solo 20 minutos antes de que llegues a casa del trabajo.

De esta manera, te encuentras la casa caliente sin haber estado gastando gas durante las 8 horas que has estado fuera.

Es una inversión que, con los precios actuales de la energía, se amortiza en un par de meses de invierno.

Manual de uso: Cómo calentar la casa sin arruinarse

Vale, ya sabemos que hay que apagar. Pero, ¿qué hacemos cuando estamos dentro?

No se trata de pasar frío, se trata de ser eficientes.

Aquí tienes la hoja de ruta definitiva para sobrevivir al invierno con la cartera intacta.

1. La temperatura de oro: 21 grados

Sabemos que da gusto estar en manga corta en el salón en pleno enero.

Pero eso es un lujo que se paga muy caro.

Los expertos recomiendan mantener la temperatura entre 19 y 21 grados en las estancias principales.

Por cada grado extra que subas el termostato, el consumo se dispara entre un 6% y un 8%.

Haciendo cuentas rápidas: poner la casa a 24 grados puede costarte un 20% más a final de mes que tenerla a 21.

Por la noche, la recomendación baja aún más: entre 15 y 17 grados es suficiente para dormir cómodamente con un buen nórdico.

2. El aislamiento: tu mejor inversión

De nada sirve tener la calefacción más eficiente del mercado si el calor se escapa por las ventanas.

Es como intentar llenar un cubo que tiene agujeros.

Si no puedes permitirte cambiar las ventanas por unas de doble acristalamiento (que sería lo ideal), hay parches "low-cost" que funcionan.

Los burletes para puertas y ventanas son baratísimos y evitan que entre el aire frío.

Las alfombras gruesas también actúan como aislante térmico del suelo, evitando que el frío suba.

Y ojo a las cortinas: unas cortinas con forro térmico pueden retener una cantidad sorprendente de calor en el salón.

El truco del sol: calefacción gratis

A veces olvidamos que tenemos una fuente de calor inmensa y gratuita ahí fuera.

Hay que volver a las costumbres de toda la vida.

Durante el día, sube todas las persianas y abre las cortinas en las habitaciones donde dé el sol.

Deja que el efecto invernadero trabaje para ti y caliente las estancias de forma natural.

Pero, y esto es clave, en cuanto el sol se ponga, baja persianas y cierra cortinas inmediatamente.

Así creas una barrera que ayuda a mantener ese calor acumulado durante el día.

Zonificar es ahorrar

¿Realmente necesitas que la habitación de invitados o el pasillo estén a 21 grados?

Seguramente no.

Cerrar las puertas de las habitaciones que no se usan es una de las formas más sencillas de reducir el volumen de aire que hay que calentar.

Si tienes radiadores individuales, cierra la llave de paso en esas estancias vacías.

Al final, lo importante es calentar a las personas, no los muebles.

Nota importante: Si tu sistema es de calefacción central antigua (sin contadores individuales), este consejo varía, pero la mayoría de los hogares ya cuentan con sistemas individualizados o repartidores de costes.

La realidad del mercado energético

No podemos ignorar el contexto en el que nos movemos.

El precio del gas y la electricidad sigue siendo volátil.

Los picos de precio suelen coincidir justamente con las olas de frío, cuando más demanda hay.

Por eso, aplicar estos consejos no es solo una cuestión de "ahorrar unos céntimos".

Hablamos de facturas que pueden duplicarse o triplicarse si no tenemos cuidado.

Jorge Morales de Labra nos ha abierto los ojos: la comodidad no tiene por qué estar reñida con la eficiencia.

Se acabó el miedo a tocar el termostato.

Apagar es ahorrar. Y encender solo cuando hace falta es de guapas (y de listas).

Esta noche, cuando te vayas a dormir o salgas a cenar, acuérdate del ingeniero.

Dale al botón de OFF sin remordimientos.

Tu cuenta bancaria te lo agradecerá cuando llegue febrero.