Miércoles, 02 de Diciembre de 2020

La Diputación de Zaragoza ha restaurado un lienzo de San Bruno del siglo XVIII obra del pintor aragonés Fray Manuel Bayeu. La pintura, de estilo barroco tardío, se encontraba en la iglesia parroquial de Peñaflor y tras el proceso de restauración ha sido depositada esta semana en el Alma Mater Museum de Zaragoza.


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El lienzo de San Bruno data de 1768. En él está representado San Bruno de Colonia, fundador de los Cartujos, la orden a la que perteneció Fray Manuel Bayeu. Pero poco se sabe de su destino inicial o la disposición que tenía Bayeu para el cuadro. En un inicio, según fuentes conocedoras de la restauración, se podría explicar que la ubicación original de la obra era Peñaflor por su cercanía situada en a la Cartuja de Aula Dei.

El cuadro pudo venir de ese monasterio tras la desamortización de 1835 o haberse creado expresamente para una ermita de Peñaflor donde estuvo antaño. El culto a San Bruno, no muy habitual, tendría más renombre en Peñaflor por su proximidad al monasterio, por lo que Fray Manuel pudo haber pintado el cuadro en la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, donde residía, y remitirlo luego a uno u otro destino.

Lo que queda totalmente demostrada es su autoría, ya que detrás de la obra se aprecia claramente una inscripción de indudable antigüedad en la que se leen unas iniciales que se presume que responden a la expresión “Hermano Manuel Bayeu fecit”.


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El grueso de la restauración la llevó a cabo la escuela taller de restauración DPZ XIV de la Diputación de Zaragoza y los trabajos han sido finalizados por la empresa Albarium.

“El proceso ha resultado largo y complicado porque el cuadro presentaba un defecto de técnica que afectaba a su integridad material, problema que también se ha observado en otros cuadros de Fray Manuel Bayeu”, explica el jefe de la sección de Restauración de Bienes Muebles de la DPZ, José Ignacio Calvo Ruata.

“La pintura no agarraba bien sobre la tela, lo que, sumado a unas condiciones de conservación inadecuadas que pudo tener en el pasado, provocaba que con los movimientos naturales de contracción de la tela la policromía se arrugase y se levantara en escamas, haciendo especialmente difícil su nueva fijación al haberse reducido la superficie de la tela sobre la que se debía estabilizar”.

La obra tiene unas dimensiones de 140×105 centímetros y tras la reintegración cromática se ha barnizado para protegerla y recuperar su marco.

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