Martes, 06 de Diciembre de 2022

El presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, ha sido recibido en audiencia por el Papa Francisco en el Vaticano para tratar temas de interés común. Esta es la primera vez que el Papa recibe a un presidente aragonés, pero, históricamente, Aragón y el Vaticano han tenido una larga historia de relaciones que hunden sus raíces en los orígenes del reino de Aragón.


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Relaciones que van desde el vasallaje del rey aragonés Sancho Ramírez para garantizar la independencia del incipiente reino, a periodos de tensión como el que vivieron el reino y el Vaticano durante el papado de Benedicto XIII, el Papa Luna.

ARAGÓN RINDE VASALLAJE AL PAPADO

Aragón, vasallo del Papa

El rey Sancho Ramírez se hizo vasallo del Papa / HA

Para buscar el inicio de la relación entre Aragón y la Santa Sede hay que retroceder hasta el año 1068. En ese momento, Sancho Ramírez, segundo rey aragonés y monarca que concedió el fuero de Jaca, decidió hacerse vasallo del Papa Alejandro II para poner así al pequeño reino bajo la protección del papado ante los poderosos reinos que rodeaban los valles pirenaicos, y asegurar además la legitimación de la línea dinástica que comenzaba a gobernar el Pirineo central.

En este sentido, es importante recordar que el padre del rey Sancho, Ramiro, era hijo ilegítimo de Sancho III el Mayor de Pamplona, por lo que eran muchos los que acusaban al monarca de tener unos orígenes ilegítimos. Así, el rey Sancho Ramírez emprendió viaje a Roma para poner a su persona y a su reino en manos de Dios, de San Pedro y del propio Papa, garantizando de esta manera la independencia del reino, a la par que se legitimaba su poder frente a posibles aspirantes al trono de Aragón.

A raíz de este vínculo, Aragón debía pagar al Papa un tributo de quinientos mancusos de oro al año a cambio de su protección. Este tributo comenzó a pagarse en 1087, y posiblemente, para poder pagarlo, se acuñaron los mancusos, unas monedas de oro de los que solo se han encontrado ejemplares en Siria y en Turquía. Parece ser que estas monedas fueron creadas ex profeso para pagar al Papa, quien los uso para costear la primera cruzada. Y de ahí que esta moneda no circuló por Aragón como moneda corriente.

EL ORIGEN DE LAS BARRAS

Aunque el misterio rodea el uso de las barras como emblema de la Casa Real de Aragón, lo cierto es que numerosos historiadores afirman que el origen de las barras rojas y amarillas está precisamente en el vasallaje de Aragón ante la Santa Sede, ya que en aquel momento, los vasallos adquirían los colores de su señor feudal. Y en tiempos de Sancho Ramírez, el rojo y el dorado eran los colores del representante de San Pedro en la tierra. El emblema de los palos de oro y gules se convertirá en la señal del Rey de Aragón desde Alfonso II.

LA CORONACIÓN EN LA SEO, FRUTO DE UNA BULA PAPAL

Seo de Zaragoza

Los reyes de Aragón se coronaban en la Seo gracias a una bula papal / Hoy Aragón

Pedro II de Aragón, apodado El Católico, decidió seguir los pasos de Sancho Ramírez y decidió viajar a Roma para ser coronado solemnemente por el papa Inocencio III en 1204. Tras declararse nuevamente vasallo de la Santa Sede, el Papa concede una bula: sus sucesores podrán ser coronados en La Seo de Zaragoza. Una coronación que se convertirá en toda una celebración, especialmente tras el establecimiento del protocolo por parte de Pedro III El Ceremonioso.

DEL VASALLAJE AL DESENCUENTRO

Esa relación de cordialidad y vasallaje no duró para siempre. Poco a poco, y conforme los reyes franceses, los eternos enemigos de la Corona de Aragón, fueron influyendo en las políticas papales, las relaciones entre Aragón y la Santa Sede se fueron deteriorando. Uno de los momentos más tensos se produjo cuando Pedro III el Grande invadió Sicilia en 1282, arrebatándole el control al francés Carlos de Anjou.

Tras la conquista, el papa Martín IV (que casualmente también era francés), excomulgó a monarca aragonés, dejando libres a sus vasallos de obedecerles, a la vez que pedía que sus estados pasasen a la jurisdicción del rey de Francia.


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La excomunión del rey, y su política mediterránea provocó que casi un centenar de nobles y más de 60 ciudades y comunidades de aldeas aragonesas se sublevaran, obligando al monarca a firmar el Privilegio General, unos privilegios que limitaban los poderes de la monarquía y que perdurarían en el tiempo con distintos altibajos hasta que el rey Pedro IV El Ceremonioso acabara con ellos de manera definitiva.

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