Despedido por trabajar solo 90 minutos al día: El juez le da la razón y obliga a la empresa a pagarle 118.000 euros
Parece el guion de una película de humor negro o el sueño de cualquier "rebelde" de oficina, pero es una realidad jurídica que ha dejado a los departamentos de Recursos Humanos en estado de shock. Un trabajador que apenas dedicaba una hora y media de su jornada a tareas reales ha ganado la batalla legal tras ser despedido.
La empresa estaba convencida de que tenía el caso ganado. Monitorizaron su actividad, comprobaron que el rendimiento era ínfimo y procedieron al despido disciplinario sin pagar ni un euro de indemnización. Sin embargo, la Justicia ha dado un giro de 180 grados, obligando a la compañía a abonar la friolera de 118.000 euros. (Sí, nosotras también hemos tenido que frotarnos los ojos).
La trampa del rendimiento "subjetivo"
El núcleo del conflicto reside en cómo se mide el trabajo hoy en día. La empresa alegó que el empleado realizaba una "disminución continuada y voluntaria" del rendimiento. Según sus registros, de las ocho horas de jornada, el trabajador solo producía de forma efectiva durante 90 minutos. El resto del tiempo, el rastro digital era inexistente o no productivo.
Pero aquí es donde la empresa cometió el error fatal: no pudo demostrar que ese rendimiento fuera significativamente inferior al de sus compañeros o a lo pactado por contrato. La Justicia ha recordado que para que un despido por bajo rendimiento sea válido, la empresa debe aportar pruebas comparativas irrefutables. No basta con decir que trabaja poco; hay que demostrar que trabaja menos de lo que "debería" según un estándar claro.
Este fallo judicial es un aviso a navegantes para nuestro bolsillo y nuestros derechos: las empresas no pueden despedir por "sensaciones" o por métricas de software de control si no están bien fundamentadas legalmente.
Ojo al dato: La indemnización de 118.000 euros responde a la antigüedad del trabajador y a la declaración de improcedencia del despido, al no haber podido acreditar la empresa la gravedad de la falta.
¿Por qué 118.000 euros? El peso de la antigüedad
Muchos se preguntan cómo se llega a una cifra tan astronómica. La clave no está en los 90 minutos de trabajo, sino en los años de lealtad (o permanencia) en la compañía. El trabajador tenía una antigüedad consolidada de décadas, lo que eleva el coste del despido improcedente a los niveles máximos legales.
Al declarar el despido como improcedente, el juez obliga a la empresa a elegir entre readmitirlo o pagar la indemnización máxima. En este caso, la confianza estaba tan rota que la empresa ha preferido pasar por caja. Es el precio de no haber hecho bien los deberes antes de pulsar el botón de despido.
Desde nuestra redacción siempre os decimos que la ley protege el puesto de trabajo con uñas y dientes. Si una empresa quiere echar a alguien "gratis", tiene que hilar muy fino, y en este caso, el hilo se rompió por el lado de la falta de pruebas concluyentes.
El teletrabajo y la vigilancia digital en el punto de mira
Este caso pone sobre la mesa el debate de este 2026: ¿cómo se controla a un trabajador sin vulnerar su privacidad? Muchas empresas utilizan programas que miden los clics del ratón o el tiempo de pantalla activa, pero las sentencias están empezando a tumbar estos métodos si no son transparentes.
El juez ha sido muy crítico con el sistema de medición utilizado. Si el trabajador cumplía con sus objetivos mínimos o si la empresa nunca le dio una advertencia previa por escrito, el despido se considera una medida desproporcionada. La justicia entiende que "trabajar poco" puede ser motivo de sanción, pero no siempre de despido inmediato y gratuito.
Para nosotras, esto marca un antes y un después en la relación laboral. Las empresas van a tener que ser mucho más claras con las expectativas y, sobre todo, mucho más humanas en la gestión de los conflictos antes de llegar a los tribunales.
Tip de Gema: Si alguna vez te sancionan por bajo rendimiento, pide siempre los datos comparativos con el resto de la plantilla. Es tu mejor escudo legal frente a un despido arbitrario.
La reacción de la empresa y el futuro del caso
La compañía ya ha anunciado que estudiará recurrir la sentencia ante el Tribunal Supremo. Consideran que mantener a un trabajador que solo rinde el 20% de su jornada es insostenible y un agravio comparativo para el resto de los empleados que sí cumplen.
Sin embargo, los expertos laboralistas coinciden en que lo tienen difícil. La jurisprudencia actual es muy garantista con el trabajador cuando se trata de despidos disciplinarios. La carga de la prueba es de la empresa, y si el dossier de pruebas tiene grietas, el juez siempre fallará a favor del eslabón más débil.
Este 2026, la "paz social" en las oficinas depende de reglas claras. Si la empresa no define qué es "rendir", no puede castigar a quien, según su criterio, no lo hace. Al final, los 90 minutos más caros de la historia de España se han saldado con un cheque de seis cifras.
¿Tú qué opinas? ¿Crees que es justo que cobre esa millonada si realmente no trabajaba, o piensas que la empresa se lo merece por no saber gestionar a su personal? El debate está servido en la cafetera.