JUSTICIA Y TRABAJO

El despido de los "90 minutos": la empresa le acusa de no trabajar y acaba pagándole 118.000 euros

Un tribunal tumba el despido de un trabajador acusado de rendir poco. Descubre por qué la empresa ha sido condenada a pagar una indemnización récord.
Sentencia histórica del Supremo: la obligación de respetar 60 horas de descanso semanal para estos trabajadores.
Un tribunal tumba el despido de un trabajador acusado de rendir poco.

Parecía el despido perfecto, el "golpe de gracia" para deshacerse de un empleado sin pagar ni un euro. Pero la jugada le ha salido a la empresa por la culata y el recibo es de 118.000 euros.

La historia es digna de análisis: una compañía decide despedir a uno de sus trabajadores alegando que, según sus cálculos, solo dedicaba 90 minutos reales de su jornada al trabajo.

Seguro que estás pensando que, con semejantes cifras, el despido estaba más que justificado. *(Pero cuidado, porque en el derecho laboral las formas importan tanto o más que el fondo)*.

Lo que la empresa consideraba una prueba irrefutable de vagancia, los jueces lo han visto como una vulneración de derechos de manual. El resultado es un despido nulo y una indemnización que quita el hipo.

Este caso sienta un precedente brutal para todos los trabajadores que sienten que su empresa les vigila cada clic del ratón o cada minuto de ausencia.

La trampa del control: ¿Cómo midieron esos 90 minutos?

Para llegar a la conclusión de que el empleado solo trabajaba una hora y media, la empresa utilizó herramientas de monitorización digital. Querían saber qué hacía en cada segundo.

Sin embargo, la Justicia ha sido implacable. No basta con decir que alguien "trabaja poco"; hay que demostrar que ese bajo rendimiento es voluntario, continuado y grave.

El tribunal ha detectado que la empresa no pudo probar que el trabajador tuviera objetivos claros que estuviera incumpliendo. Sin metas, no hay bajo rendimiento que valga para un despido procedente.

En Zaragoza, donde el teletrabajo y el control remoto han crecido tanto, muchas empresas están usando softwares espía sin saber que están caminando por el filo de la navaja legal.

La sentencia deja claro que un trabajador no es una máquina que deba estar al 100% de su capacidad productiva cada minuto de su jornada laboral.

Dato clave: La empresa no solo perdió el caso por falta de pruebas, sino por no haber advertido previamente al trabajador sobre su supuesto bajo rendimiento.

¿Por qué 118.000 euros? La clave está en la nulidad

La cifra no es casual. Cuando un despido se declara improcedente o nulo, la empresa se enfrenta a unos costes que pueden llevarla a la quiebra técnica.

En este caso, la indemnización de 118.000 euros incluye los salarios de tramitación y la compensación por la antigüedad del empleado, que no era precisamente un recién llegado.

Hablamos de un trabajador con una trayectoria sólida cuya dignidad se vio atacada por una acusación que la justicia ha tildado de desproporcionada.

Muchas empresas intentan el despido disciplinario (sin indemnización) para ahorrarse el finiquito, pero si el juez no ve clara la falta, el castigo para el empresario es ejemplarizante.

Nosotras sabemos que esto genera un debate intenso: ¿se puede despedir a alguien que rinde poco? Sí, pero no de cualquier manera ni basándose solo en métricas frías.

El peligro de la vigilancia digital en el trabajo

Esta sentencia es un aviso para navegantes. El uso de programas que miden la actividad del teclado o los movimientos del ratón está bajo la lupa de la Protección de Datos.

Si tu empresa te despide usando pruebas obtenidas de forma invasiva o sin avisarte de que estás siendo monitorizado, ese despido tiene todas las papeletas de acabar en indemnización récord.

La Justicia protege el derecho a la intimidad y a la presunción de inocencia del trabajador, incluso dentro del horario laboral.

En las oficinas de los polígonos de Zaragoza, desde PLAZA hasta Cogullada, el control de acceso y de actividad es constante, pero casos como este ponen freno a los abusos.

Si te encuentras en una situación donde sientes que te están "haciendo la cama" con informes de rendimiento dudosos, guarda cada comunicación y consulta con un experto.

Atención: Un despido disciplinario mal ejecutado se convierte automáticamente en una deuda que la empresa debe pagar de forma inmediata tras la sentencia.

¿Qué deben aprender las empresas de este caso?

El error de la compañía fue pensar que los datos digitales eran suficientes para saltarse el procedimiento legal de despido.

Antes de llegar a una medida tan drástica, la empresa debe realizar apercibimientos por escrito, dar la oportunidad al trabajador de mejorar y, sobre todo, ser justa.

Acusar a alguien de trabajar solo 90 minutos al día es una acusación muy grave que requiere de pruebas testificales y periciales que aguanten el tirón en un juzgado.

Al final, lo barato sale caro. Por intentar ahorrarse una indemnización por despido objetivo, la empresa ha acabado pagando el triple de lo que le correspondía.

Este trabajador ahora tiene 118.000 razones para sonreír y la tranquilidad de que su honor profesional ha quedado limpio ante la ley.

Validar tus derechos laborales no es ser un mal empleado, es asegurar que las reglas del juego son iguales para todos. ¡Que no te asusten con métricas si tu trabajo habla por ti!