Jueves, 13 de Mayo de 2021

En abril de 2018, dos voluntarios de la asociación Pelusas ubicada en Cuarte de Huerva (Zaragoza), acudían a una llamada sobre un perro abandonado, lo que allí encontraron Rubén y Ángel es de las imágenes que nunca se borran de la mente.

Era un dóberman, un perro que todos imaginamos grande y poderoso, hecho un ovillo en el suelo, cubierto de parásitos, dejándose morir. Su mirada, perdida y ausente, su postura enroscado sobre sí mismo y la inexistencia de reacciones, indicaban su único deseo, descansar para siempre.


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Pero no había llegado su momento. Recogiéndolo con una manta, ya que no se quería mover, pudieron llevarlo hasta el veterinario. Allí durante varios días, con una habitación completa para él solo, pudo descansar y recobrar fuerzas. Se dejaba hacer todas las pruebas, sólo quería que nadie volviera a lastimarlo.

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