Miércoles, 06 de Julio de 2022

En los juzgados de Zaragoza, en ocasiones, ocurren cosas insólitas que nos recuerdan lo fina que es la línea que separa la vida de la muerte. Y puede suceder en cualquier escenario, una sala de vistas, los pasillos o la sala de espera de los juzgados de violencia sobre la mujer.

En este caso, una agente de la Policía Nacional perteneciente a la Unidad Adscrita, destinada a vigilancia en competencias exclusivas del Estado que han sido delegadas a Aragón, vigilaba y atendía a posibles víctimas y denunciantes. Una de ellas, una madre joven y primeriza, esperaba con su hijo de apenas 20 días en brazos. Al otro lado de una pared, su pareja, que había sido detenida por un presunto caso de violencia de género.

“Se estrenaba la tercera sala de vistas de violencia sobre la mujer y empecé a escuchar cómo levantaba la voz pidiendo auxilio”, recuerda esta agente. El bebé estaba en brazos de un funcionario y la madre no reaccionaba, así que esta policía intervino y cogió al recién nacido. “Tenía un color gris, apagado, sin apenas pulso y la cabeza se le caía a los lados”, recuerda. 

¿Ha comido algo? ¿Estaba raro antes? ¿Tiene alguna patología? Preguntaba esta Policía Nacional a la madre, que en esos momentos se encontraba en estado de shock. “Mientras lo bajábamos a la sala de forenses y tras llamar a un ambulancia recuperó el pulso”, explica recordando fielmente los hechos. En ese momento aconsejó a la madre ir a urgencias pero ella permaneció allí sentada.

“VOLVIMOS A PENSAR QUE SE MORÍA”

Apenas habían transcurrido unos minutos, y mientras la agente de policía hablaba con una juez sobre lo sucedido, el bebé volvió a perder el pulso y a palidecer. “Lo volví a coger, esta vez con el antebrazo y boca abajo. Soy madre y supe reaccionar. Así volvió a respirar y mejoró pero estaba muy aletargado”, relata. 

Se lo quedó un rato entre sus brazos y lo meció hasta que llegó la ambulancia. “La juez que estaba conmigo no se lo podía quitar de la cabeza. Fue un drama pero por suerte con final feliz“, dice aliviada. “Ves que una vida tan pequeña se va y haces todo lo posible para recuperarla. Con estas cosas te das cuenta de los frágiles que somos y lo mucho que tenemos que aprovechar cada día y estar con nuestros seres queridos todo lo que podamos“, se sincera.

Cinco días después dieron al bebé el alta. “Dijeron que tenía COVID y que podía ser alguna reacción, pero ahora está bien”. La madre del bebé llamó para darle las gracias y en su trabajo todo el mundo aplaudió este gesto tan espontáneo. “Lo haces y ya está; es parte de tu trabajo, pero es bonito pensar que han ayudado a alguien de esta manera”, explica. Cuando le preguntamos por el nombre del bebé, por recordarlo de una manera más cercana nos dice: “Te lo diría pero la madre no quiso que lo dijese. Y es un nombre muy bonito, como de un ángel“, cuenta con una sonrisa en su corazón. Gracias a esta mujer, este Ángel podrá seguir respirando y crecerá quizá sabiendo algún día que sin apenas un mes de vida alguien le ayudó a seguir vivo.

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