Lunes, 12 de Abril de 2021

Un plan es un plan. Un plan consiste básicamente en dedicar tiempo a su elaboración, el que sea prudentemente necesario, reunirte con los expertos que consideres, establecer quién y como lo ejecuta, diseñar mecanismos de control y una vez que se toma la decisión, no dudar y llevarlo a cabo con firmeza y liderazgo.

Realizar todo esto y cambiarlo en menos de 24 horas no es un plan. El plan de desescalada no puede estar sometido a la presión de los socios que apuestan al mejor postor o a los vaivenes de las redes sociales.


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El Gobierno de España está lanzado a la ‘batalla por el relato’ con la propaganda diaria, aunque la improvisación y los errores en la gestión sanitaria evidencian que se levanta una crítica en la opinión pública.

Un plan debe contar con los actores a los que les afecta, sin imposición, con liderazgo y sobretodo con lealtad y dialogo. Un plan de desescalada como el propuesto por el Gobierno, estableciendo una tabla rasa, sin contar con las administraciones que lo tiene que llevarlo a cabo, sin conocer -por que no tiene ni estructura, ni capacidad de digerir tanta información- la realidad sanitaria de cada municipio o área sanitaria, es propaganda.

Un ejemplo ha sido el plan previsto para el sector de la hostelería, un sector que representa a 270.000 empresas, y que por medio del presidente de la Federación Española de Hostelería, el aragonés José Luis Izuel ha denunciado su inviabilidad.

“Un plan debe contar con los actores a los que les afecta, sin imposición, con liderazgo y sobretodo con lealtad y dialogo”

Lo cual representa algo muy preocupante: el desconocimiento de la realidad del sector. Y esto es grave. Y si lo cambian, no significa que escuchan a la ciudadania, a los actores políticos o al sector dañado, porque eso lo deberían haber hecho antes de anunciarlo. Si lo cambian, será porque sólo interesa la propaganda.

En estos momentos no estamos para hacer propaganda ni dar volantazos de un plan que demanda estabilidad. Estamos necesitados de líderes que nos dirijan hacía una salida a las dos crisis que nos enfrentamos: sanitaria y económica. Y Aragón comienza a ser un oasis de liderazgo.


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El Gobierno de Aragón ha sabido unirse con los sanitarios para superar la crisis sanitaria y aliarse con los empresarios y sindicatos para afrontar la crisis económica. Una labor meritoria, con el necesitado apoyo de toda la oposición, que ahora necesita marcar distancias con el Gobierno de España pero con lealtad a los aragoneses y ajustado a la realidad de Aragón.

La situación de crisis está por encima del interés partidista, la supervivencia política o el éxito electoral. La realidad consiste en salvar las vidas de los infectados y pronosticar esperanza en la economía antes de que se hunda todavía más.

El presidente Lambán conoce la realidad de Aragón y tiene equipo. Desde hace semanas trabaja con gente dispar de sectores diversos, habla con expertos y empresarios, y sobre todo no improvisa.

Lambán siempre ha sido leal con los Gobiernos de España – de cualquier color- pero esa lealtad al Gobierno, debe estar condicionada por la lealtad con los aragoneses y sobre todo debe ser leal a la realidad de Aragón que bien conoce. Y que es más tozuda que cualquier plan del Gobierno de España.

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