Miércoles, 28 de Octubre de 2020

Tras el final del verano y como todos los meses de septiembre, la revista AD ha lanzado su tradicional guía de direcciones con lo mejor de la decoración en España.

Hoteles, tiendas, galerías de arte, artesanía, antigüedades, restaurantes, cafés… un compendio de esos lugares llenos de diseño y de creatividad en los que te abstraes y sabes cuando entras, pero no cuando sales.


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Y como suele ser habitual, Zaragoza pese a ser la quinta ciudad del país por población, no merece un apartado propio como tienen Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y Sevilla. Concretamente, en la edición de este año, AD recomienda únicamente 5 negocios de nuestra ciudad.

Una muestra de lo poco que pintamos en el conjunto del país, y quizás también del ambiente que reina en nuestra ciudad desde hace años: un ambiente de dejadez y de mediocridad generalizada que no nos deja avanzar en nuestro camino por ser una ciudad de referencia en la red de ciudades medias europeas.

Porque lo que pasa año tras año en la Guía AD, sucede también si miras en el directorio de otras revistas de moda, decoración o tendencias, en las que ves direcciones de Madrid, Barcelona, Bilbao, Santander, San Sebastián, Valencia, Marbella, Palma de Mallorca, Málaga, Sevilla… pero en las que rara vez aparece la capital aragonesa, pese a tener una potente economía, un fuerte tejido industrial y grandes profesionales en multitud de sectores.

Esta desaparición de nuestra ciudad debería llevarnos a reflexionar a todos, a instituciones, políticos, pero también al conjunto de la sociedad, sobre qué le pasa a Zaragoza: pese a tener una situación envidiable, empresas potentes, artistas y talento humano a raudales, no termina de despegar ni de posicionarse en el entramado urbano español. Lo de las revistas podría ser una anécdota para muchos, pero es un síntoma del estado de la ciudad, al igual que un estornudo es reflejo de un resfriado.


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Analizando las causas de esa desaparición de Zaragoza del panorama informativo nacional (salvo que sea para resaltar noticias negativas), y hablando mucho en estos días de esos temas con gente de mi entorno real y online que también está preocupada por esta situación, en las conversaciones surgen muchas reflexiones que giran en torno a que somos una ciudad media, normal, que no termina de despuntar porque vive en la autocomplacencia y porque le falta ambición ya que no se cree lo que puede llegar a ser. Una ciudad que parece entregada a dejar todo a medias por ese extraño conformismo que nos afecta.

Porque si lo pensamos, tenemos de todo, pero no tenemos de nada. Pongamos como ejemplo el mundo del cine. Históricamente, Zaragoza y Aragón, han tenido cineastas de la talla de Buñuel, Forqué, Saura, Borau, Segundo de Chomón, Florián Rey… nombres que hacen palidecer a cualquiera y que han sembrado una huella imborrable en nuestra Comunidad que ha permitido que surjan nuevos nombres que sigan esa tradición, con profesionales como Paula Ortiz, Pilar Palomero, Miguel Ángel Lamata, Nacho G. Velilla, Luis Alegre 

Nombres que son la punta de lanza de un ejército de profesionales que a todos los niveles trabajan en películas o en series de éxito a nivel nacional.

“Seremos una ciudad simpática, una ciudad campechana y que cae bien, pero no seremos jamás una ciudad líder en el panorama urbano español”

En cambio, no somos una ciudad de referencia a nivel nacional en este sector. Ni siquiera nuestro festival de cine tiene el prestigio o la proyección nacional e internacional que poseen ya no el festival de Cine de San Sebastián, sino por ejemplo el festival de cine de Málaga, la Seminci de Valladolid, el Festival Internacional de Cine de Gijón, o incluso el Festival de Cine de nuestra querida Huesca. Algo falla para que pese al talento y proyección de los profesionales que tenemos, no terminemos de despegar en este ámbito.


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Esa misma reflexión podemos aplicarla a otros sectores, como el cultural. Pese a nuestro tamaño poblacional, y a que las instituciones de uno y otro color siempre han manifestado su apuesta por convertir a Zaragoza en un foco cultural y turístico de primer orden, y pese a que tenemos museos encantadores como el Pablo Gargallo, nos falta por ejemplo un gran museo que programe exposiciones de alto nivel y que sirva de gancho y atraiga visitantes de fuera (me dan sincera envidia el reposicionamiento urbano de Bilbao con el Guggenheim, las apuestas valientes del Instituto Valenciano de Arte Moderno, o las propuestas museísticas de la ciudad de Málaga).

Tampoco hemos sabido aprovechar la figura de artistas de la talla de Goya, que podrían ser un reclamo internacional (y menos mal que Ibercaja tiene su Museo de Goya en el renacentista Palacio de los Pardo).

Por más que nos duela al orgullo patrio, y aunque pensemos que somos la bomba por sacar a la calle a decenas de miles de personas vestidas con trajes tradicionales para participar en la Ofrenda de Flores, ni siquiera las Fiestas del Pilar tienen la proyección nacional de la Feria de Sevilla, las Fallas de Valencia o los Sanfermines de Pamplona (basta ver cuanto dedican los informativos nacionales a cada una de estas fiestas).

Es más, hacen varias décadas fuimos referencia española en el mundo de la danza gracias a figuras como María de Avila, y nuestro querido Ayuntamiento acabó sin pestañear con un embajador de primera como era el ballet de Zaragoza, poniendo punto y final a un ballet de referencia en todo el país que permitió crecer a figuras que triunfaron en ballets de medio mundo.

Y así, podría seguir hablando y hablando de cosas que son dignas, que podrían tener futuro y que están bien para el consumo local, pero que no terminan de despuntar a nivel nacional. Y en esta Europa de las ciudades en las que estamos viviendo, tener visibilidad es fundamental para sobrevivir y seguir creciendo. No somos una ciudad de moda, y el no contar con una marca de ciudad potente al final es un lastre para los negocios y profesionales de esta ciudad.


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Si nos falta proyección exterior, si no tenemos músculo y no mostramos fortaleza en múltiples sectores en los que podríamos ser líderes, nuestro destino final será la irrelevancia en la red urbana española. De esos barros, estos lodos.

“Y en esta Europa de las ciudades en las que estamos viviendo, tener visibilidad es fundamental para sobrevivir”

Si a estos asuntos que hemos ido comentando, le sumamos la falta de estética y de cuidado a la hora de crear espacios urbanos bonitos de nuestros munícipes (no es un tema político, porque da igual quien esté al frente del Ayuntamiento: las distintas corporaciones municipales se han encargado de construir una ciudad funcional y fea sin preocuparse de crear una ciudad bonita tal y como se ha hecho en tantas y tantas ciudades europeas), junto a la falta de exigencia del conjunto de la sociedad zaragozana para crear un entorno atractivo y cuidado en el que apetezca vivir, tenemos como resultado la más absoluta irrelevancia.

Seremos una ciudad simpática, una ciudad campechana y que cae bien, pero no seremos jamás una ciudad líder en el panorama urbano español.

*Nacho Viñau es cofundador de La Lola se va de Boda. Escribe en Decoesfera, Ambiente G, Villeroy & Boch y Spain Magazine.

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