Menos cafeína y más frutos secos: el consejo de los expertos para la PAU en Aragón
Miles de estudiantes aragoneses se enfrentan estos días a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), la conocida Selectividad, con los nervios a flor de piel. Sin embargo, los datos invitan a la calma: más del 91 % de los alumnos que se presentan acaban aprobando, y la tasa de éxito en la fase general —la obligatoria— roza el 97,3 %. El problema no suele ser la preparación. El problema es el estrés.
Educadores, psicólogos y orientadores llevan semanas lanzando el mismo mensaje a los jóvenes que estos días repasan apuntes en las bibliotecas del Casco Histórico de Zaragoza, en los institutos de Huesca o en los centros de Teruel: la mayoría está mejor preparada de lo que cree. "Hay que convencerles de que tienen los recursos necesarios para superar estas pruebas con garantías", afirma Javier Iglesias, presidente de la asociación AESECE. Una frase que, dicha así, de frente, resulta más útil que cualquier resumen de temario de última hora.
Por qué el miedo a la PAU sigue siendo tan grande
Desde primero de Bachillerato, los alumnos se habitúan al modelo de examen de la PAU. En muchos institutos aragoneses se realizan simulacros durante tres días consecutivos, replicando con fidelidad el formato real: mismos tiempos, mismas condiciones, misma presión. Aun así, el peso emocional de jugarse el acceso a una carrera universitaria —o a una nota de corte muy ajustada— convierte esas semanas en una montaña rusa de ansiedad para muchos jóvenes.
No ayuda, desde luego, el entorno hiperconectado en el que viven. Las redes sociales amplifican los miedos colectivos: una captura de un examen difícil de otro año, un hilo de Twitter con las preguntas más temidas o un vídeo de TikTok que promete "el método definitivo para memorizar en 48 horas" pueden disparar la angustia de quien ya estaba al límite. Los expertos lo tienen claro: móviles y redes sociales fuera durante las sesiones de estudio.
Lo que pones en el plato también cuenta
La alimentación en época de exámenes es uno de los factores que más se descuida y que más consecuencias tiene. El consumo de cafeína, azúcar y bebidas energéticas —habitual entre los estudiantes que alargan las noches de estudio— puede resultar directamente contraproducente. "El abuso de cafeína, azúcar y bebidas energéticas puede ser contraproducente, ya que sobreestimulan y generan efectos negativos", advierte Sergio Cook, orientador del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, a EFE.
¿Qué poner entonces en el plato? Los alimentos que favorecen la concentración y la agilidad mental son bien conocidos: pescado azul, frutos secos y semillas como la chía o el lino encabezan la lista. Los huevos, los cereales integrales y el chocolate negro —con moderación— aportan energía sostenida sin los picos y bajones del azúcar refinado. Las carnes magras y el queso ayudan a prevenir la fatiga, algo que los estudiantes que llevan semanas con el ritmo al máximo notan con claridad.
El sueño, además, no es negociable. Ocho horas diarias no es un lujo, es una condición básica para que el hipocampo consolide durante la noche lo que se ha estudiado durante el día. Quedarse estudiando hasta las tres de la madrugada el día anterior al examen es, según los neurocientíficos, una de las peores estrategias posibles. El cerebro necesita dormir para recordar.
El ejercicio suave —una caminata por el parque Grande, una sesión corta de yoga, incluso diez minutos de estiramientos— también reduce el cortisol y mejora el estado de ánimo. No hace falta irse al gimnasio ni correr diez kilómetros. Moverse un poco cada día, separarse del escritorio durante un rato, es suficiente.
El día del examen: calma, desayuno y bolígrafo de repuesto
La PAU arranca con la prueba de Lengua Castellana y Literatura II. Es el primer examen, el que marca el tono emocional del resto. Los profesores y orientadores coinciden en que una vez dentro del aula, con el enunciado en la mano, muchos estudiantes se sorprenden gratamente: no es tan difícil como lo habían imaginado desde fuera.
Para ese primer día, los expertos tienen recomendaciones muy concretas. El desayuno debe ser equilibrado: cereales, fruta, frutos secos o huevos. Nada de bollería industrial, que genera picos de glucosa seguidos de bajadas bruscas justo cuando más se necesita estar despierto. Salir de casa con tiempo suficiente para llegar sin prisas —y sin la adrenalina del sprint de último minuto— y llevar siempre bolígrafos de repuesto. Pequeños detalles que ahorran sustos.
Dentro del examen, la estrategia es clara: empezar por las preguntas que se dominan mejor. Ganar confianza en los primeros minutos cambia la experiencia completa del examen. Escribir con claridad, subrayar las ideas principales y no dejar ninguna pregunta en blanco, aunque sea con una respuesta parcial.
Entre una prueba y la siguiente, los tentempiés también tienen su lógica: fruta, frutos secos o un poco de chocolate negro mantienen los niveles de glucosa estables. Al mediodía, platos de hidratos de carbono —arroz, pasta— que aporten energía duradera para la tarde.
La Selectividad no es el fin del mundo, aunque en estos días lo parezca. Es un trámite —exigente, sí— que el 91 % de quienes se presentan supera. El dato está ahí. Ahora toca confiar en él.