Vuelven a brillar los frescos ocultos de un monasterio único en Aragón tras una restauración histórica
Durante décadas, las paredes de dos capillas de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes hablaron en voz baja. El paso del tiempo, la humedad y el abandono habían ido apagando colores, ocultando escenas y fragmentando un relato pictórico único en Aragón. Hoy, ese silencio empieza a romperse.
La Diputación Provincial de Huesca ha culminado la restauración de las pinturas murales de las capillas de la Inmaculada Concepción y de la Santísima Trinidad, devolviendo a la luz una parte esencial del alma del monasterio monegrino.
La intervención se enmarca dentro del plan de recuperación integral de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes y ha supuesto una inversión total de 194.358,91 euros, financiada íntegramente por la institución provincial. Once semanas de trabajo minucioso han sido suficientes para revertir décadas de deterioro acumulado y permitir, de nuevo, una lectura coherente del conjunto pictórico.
Los murales, ejecutados en el siglo XVIII por fray Manuel Bayeu, cuñado de Francisco de Goya, forman parte de uno de los programas decorativos barrocos más singulares del valle del Ebro. No son solo pinturas: son un discurso teológico y artístico que envuelve al visitante y define la personalidad del monumento.
La restauración ha corrido a cargo de la empresa especializada Arte, Conservación y Restauración S.L. (ÁRTYCO), mientras que la dirección y el seguimiento técnico han sido realizados por Summa Conservación y Restauración S.L.. El proceso ha incluido desde limpiezas superficiales y profundas hasta la consolidación de policromías, la estabilización de paramentos y bóvedas, y la reintegración tanto volumétrica como cromática, aplicada mediante veladuras respetuosas con el original.
Además del trabajo visible, la intervención ha incorporado una fase técnica imprescindible: documentación fotográfica y gráfica, análisis de muestras, estudios de materiales y control ambiental. Un trabajo silencioso que garantiza no solo la recuperación estética, sino la conservación a largo plazo.
Desde la Diputación de Huesca subrayan que esta actuación supone “un avance decisivo en la recuperación de un monumento clave del patrimonio aragonés” y un paso más en su proyección cultural y turística. No es una afirmación retórica. En los últimos años, la Cartuja ha incrementado de forma notable el número de visitantes y las actividades de divulgación, consolidándose como uno de los grandes referentes patrimoniales de Los Monegros.
La restauración de estas dos capillas no es un gesto aislado, sino una pieza más de un proceso más amplio: rescatar un conjunto monumental que estuvo al borde de la desaparición y devolverlo, poco a poco, a la vida pública. Allí donde antes había fragmentos desconectados, hoy vuelve a haber relato. Y donde el tiempo había borrado el color, la Cartuja vuelve a mirar al presente con la intensidad del siglo XVIII.