Zaragoza declara la guerra al chicle pegado: así es el plan de FCC para “desenganchar” las aceras
La escena es conocida: una acera recién baldeada en la que, pese al brillo, persisten decenas de pequeños lunares negros. Son chicles incrustados que, con el tiempo, se vuelven casi parte del pavimento. Para combatirlos, FCC—concesionaria del servicio de limpieza de Zaragoza—ha activado un plan de limpiezas profundas por barrios que pone el foco en manchas resistentes y goma de mascar adherida.
La operación, prevista en el nuevo pliego en vigor desde marzo de 2023, empezó a desplegarse en 2024 en el Casco Histórico y seguirá por Centro, Delicias, Universidad, San José, Las Fuentes, La Almozara, Valdefierro, Oliver, ACTUR y el resto de distritos.
El dispositivo moviliza a 75 operarios dedicados en exclusiva a estas tareas, con un objetivo concreto: dos intervenciones al año por barrio para baldeos intensivos y retirada de manchas difíciles, especialmente chicles. La metodología combina agua a alta presión y temperatura, equipos de vapor y raspadores mecánicos con cepillos rotativos.
En las zonas de mayor tránsito—bocas de metrobus, entornos escolares, ejes comerciales y paradas muy concurridas—se emplean máquinas específicas de “gum removal” que inyectan calor y un detergente neutro biodegradable para reblandecer y desprender la goma sin dañar la loseta ni dejar halos.
El trabajo se programa en horarios de baja afluencia para reducir molestias, con señalización previa y cortes puntuales de paso. En superficies sensibles (piedra natural o pavimentos históricos), los equipos ajustan presión, temperatura y tiempo de contacto para evitar microfisuras. Cuando la acera está muy colonizada, se prioriza un barrido previo, desincrustado pieza a pieza y un baldeo de acabado que retira residuos y restos de adhesivos.
FCC y el Ayuntamiento están introduciendo además indicadores de rendimiento para medir el éxito del plan: densidad de chicles por metro cuadrado antes/después, tiempo de reaparición y tramos “hot spot” donde la reposición es más rápida. Con esos datos, se refuerzan rondas en plazas de ocio nocturno y ejes de hostelería, y se coordina con comerciantes para programar las limpiezas fuera de picos de carga y descarga.
El esfuerzo técnico se completa con un refuerzo presupuestario en 2024: 150.000 euros para un plan especial de limpieza en el entorno de Zamoray-Pignatelli, enmarcado en la estrategia de revitalización urbana de esa zona. Ahí, además de la retirada de chicles, se incluye desodorización de puntos críticos, fregados de grafitis en mobiliario y baldeos de choque.
Aunque la retirada de chicles es laboriosa y costosa—cada pieza requiere segundos de intervención individual—el Ayuntamiento subraya que el impacto visual y de higiene justifica el esfuerzo. La clave, insisten fuentes del servicio, es mantener el ritmo bianual por barrio y atacar con frecuencia los puntos donde la goma se acumula más rápido. En paralelo, se estudian campañas de concienciación y sanción efectiva por ensuciar la vía pública, recordando que arrojar chicles al suelo es una infracción que paga toda la ciudad en tiempo, recursos y dinero.