Fran Perea, cantante: "Los artistas somos mucho más complejos que la imagen que proyectamos"

El cantante y actor Fran Perea pisa los escenarios de Zaragoza en una gira que promete muchas sorpresas y una versión más profunda y honesta del artista.

El cantante y actor, Fran Perea, vuelve a los escenarios de Zaragoza este sábado 23 de mayo, en el Teatro de las Esquinas

Y lo hace con un proyecto con el que el artista malagueño no solo regresa, sino que también vuelve a encontrarse con una versión de sí mismo a la que lleva tiempo queriendo llegar: una versión profunda, honesta, dando la impresión de pausada y alejada de la imagen con la que toda una generación le vincula.

Aunque hayan pasado veinte años, la gente le sigue mirando como a Marcos Serrano, su personaje en la mítica serie “Los Serrano” que se emitía en Telecinco y que actualmente se sigue emitiendo en FDF.  

Han pasado más de veinte años desde que millones de espectadores crecieron viendo Los Serrano, pero él sigue percibiendo ese cariño inmediato, muy familiar, que pocas figuras públicas consiguen mantener intacto con el tiempo. “La gente me ve y le resulto familiar, como si me conocieran de toda la vida”, cuenta con una mezcla de gratitud y emoción. “Y eso me hace sentir muy agradecido con la vida”.

Quizá por eso El hombre invisible llega ahora como el proyecto más íntimo de su carrera. No solo por las canciones, sino por todo lo que representan. El disco habla de aquello que no siempre se ve: de las versiones de uno mismo que quedan fuera del foco.

Tal vez nazca del cansancio de sentirse reducido durante demasiado tiempo a una única imagen pública. “Creo que el público no conoce muchísimas facetas mías”, reflexiona. “Y de ahí viene el concepto de El hombre invisible. Los artistas somos mucho más complejos que la imagen que proyectamos. -hace una pausa y sonríe-. Aunque también tiene algo bonito que no conozcan todo de ti. Le da cierto misterio”.

Perea habla claro, y de forma muy honesta. Sin prisa. El ya no necesita demostrar constantemente quién es. A sus 46 años, parece haberse reconciliado con todas las versiones de sí mismo: el actor que marcó a una generación, el músico que nunca dejó de escribir canciones y el hombre que aprendió a convivir con la nostalgia sin quedarse atrapado en ella.

Porque sí, inevitablemente, Los Serrano vuelve a aparecer en la conversación. Y él no rehúye el tema; al contrario. Habla de aquella etapa como “una suerte”, plenamente consciente de lo difícil que es formar parte de un fenómeno cultural capaz de atravesar generaciones enteras.

“Los que estamos dentro de este oficio sabemos lo complicado que es conseguir algo así”, explica. El actor lo dice desde el orgullo, pero también desde un agradecimiento sincero por haber vivido algo tan excepcional.

De aquella época conserva amistades importantes, aunque reconoce que el vínculo más fuerte sigue siendo el de Víctor Elías, Guille Serrano en la serie. Entre ellos existe una unión que hoy en día se nota y no ocultan en redes sociales: una conexión artística, una amistad, que ha sobrevivido al paso del tiempo. De ahí nació 1+1 son 20, el reencuentro musical que devolvió al elenco principal de la serie al mismo escenario años después.

“Queríamos celebrar aquellos años con la familia de Los Serrano”, recuerda. “Fue muy especial, aunque también muy complicado. Era dificilísimo cuadrar las agendas de todos”. Pero lo consiguieron. Y, fue maravilloso, “muy muy especial”.

Ahora la conversación está en otro lugar: en la música. En cómo construir una identidad propia dentro de una industria que cambia constantemente y vive marcada por las tendencias. Perea reconoce que el panorama actual parece dividido entre el pop indie y la música urbana, dejando al pop rock más clásico “en tierra de nadie”. Y mantenerse fiel a un estilo propio, admite, no siempre es fácil.

“Existe la tentación de seguir las modas”, reconoce, consciente de que es ahí donde hoy se concentra gran parte de la demanda y de la atención de la industria. Pero él lo tiene claro: “Yo defiendo la canción de autor”. Habla de un momento artístico especialmente interesante, más conectado con la emoción y la honestidad que con la necesidad inmediata de encajar en lo que dicta la tendencia.

Cuando se le pregunta qué canciones definirían mejor quién es hoy, duda. De hecho le parece una pregunta difícil. Finalmente menciona Bala perdida, Tu aire y Nos volveremos a ver, uno de los temas que más está sorprendiendo durante esta gira. “En Zaragoza no lo sé, pero en otros destinos de mi gira es la que más está sorprendiendo en directo”, dice.

También conecta con los recuerdos cuando resume su vida como si fuese una playlist. Málaga aparece primero. La infancia. La familia. “Tuve muchísima suerte de crecer allí y de tener la familia que tuve”, dice. Después llega Madrid, con el vértigo de abrirse camino como actor y músico. Más tarde vendrían el teatro, los musicales, el cine y aquella experiencia en El camino de los ingleses junto a Antonio Banderas. Y finalmente, el presente: El hombre invisible.

Hay algo especialmente simbólico en esta gira porque, por primera vez, siente que está uniendo de verdad todas sus facetas sobre el escenario. Música e interpretación conviven en un mismo espectáculo que llegará este sábado 23 de mayo al Teatro de las Esquinas.

“Quiero que la gente viva un viaje bonito”, explica. “En este directo junto mis dos profesiones”, remata. 

Sobre Zaragoza, tiene palabras de elogio. “Siempre que he venido me lo he pasado estupendamente”, asegura entre risas. “La gente es muy majica escuchándome”.

¿Y qué espera de su concierto? Una noche “animada y divertida”, de esas en las que público y artista terminan compartiendo mucho más que canciones.

De lo que tampoco rehuye es de contestar sobre su forma de entender el proceso creativo. Especialmente en un disco en el que colabora con artistas como Andrés Suárez, David Otero o Diego Cantero. Y tiene claro que abrirse a trabajar con otros siempre ha sido fundamental para él. “Me gusta compartir ideas, probar cosas distintas, conocer a gente”, indica. No solo habla de compositores, también de productores. “Todo eso te hace crecer muchísimo como creador”, cuenta.

La conversación termina lejos de cualquier titular grandilocuente. Sin nostalgia excesiva ni discursos épicos. Solo queda una idea sencilla y honesta sobre lo que espera dejar en quienes vayan a verle cuando termine la gira y se apaguen las luces.

“Que su vida mejore durante un rato”, dice. “Eso es lo que le da significado a todo”, sentencia.

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