16 millones de turistas en Barcelona y en Castellón todavía hay sitio: la prensa británica dice que es el futuro
Barcelona recibió 16 millones de visitantes en 2025, con una densidad diaria de 160.000 personas según el informe 'A Year in Travel' de eDreams Odigeo. Una cifra que la mantiene en la cima del turismo europeo pero que, para una parte creciente de los viajeros, se ha convertido en argumento para buscar otra cosa.
Medios británicos como The Mirror han encontrado esa alternativa a apenas 300 kilómetros al sur: Castellón de la Plana, capital de la provincia homónima en la Comunitat Valenciana, a la que han bautizado directamente como "la nueva Barcelona". El motivo, resumido: clima templado, mar mediterráneo, más de 400 rutas de senderismo en sus alrededores y, sobre todo, la calma que la ciudad catalana lleva años sin poder ofrecer.
El apelativo puede sonar exagerado, pero los datos respaldan una tendencia real. Según cifras municipales, la ocupación turística anual de Castellón alcanzó el 7,2% en 2025, superando en 1,2 puntos porcentuales el registro del año anterior. Un crecimiento modesto en términos absolutos pero significativo como señal de que algo está cambiando en la percepción de una ciudad que durante décadas ha vivido eclipsada por Valencia al sur y Tarragona al norte, sin terminar de encontrar su hueco en el mapa turístico del Mediterráneo español.
La Plaza Mayor y el casco histórico: por dónde empezar
Cualquier visita a Castellón de la Plana empieza, casi inevitablemente, en la Plaza Mayor. El núcleo social y arquitectónico de la ciudad concentra en pocos metros cuadrados algunos de sus edificios más representativos: la Concatedral de Santa María la Mayor y el Ayuntamiento flanquean una plaza que invita a sentarse en una terraza y dejar que el ritmo de la ciudad se imponga solo, sin prisas y sin guía de turno.
A escasa distancia, el Palacio Municipal de estilo barroco alberga exposiciones y colecciones de pintura local. Pero el monumento que más atención concentra es la Torre del Fadrí, un campanario octogonal de 60 metros que se alza junto a la concatedral y que quien tenga energía para subir sus 200 peldaños encontrará recompensado con una de las mejores vistas panorámicas del centro urbano y, en días claros, del litoral.
El paseo por el casco antiguo lleva también al Mercado Central, con más de 60 puestos de productos frescos que mantienen la tradición del mercado de abastos con una vitalidad poco habitual en capitales de provincia. Junto a él, la Llotja del Cànem, edificio barroco rehabilitado como centro cultural, y plazas como la de l'Hort dels Corders ofrecen rincones tranquilos alejados del circuito turístico habitual. El Parque Ribalta, pulmón verde del municipio en pleno centro, es la parada obligatoria para quienes necesitan un descanso entre monumento y monumento.
El Grao, el mar y las playas que aún no están en todas las guías
La conexión entre el centro histórico y el litoral es una de las particularidades de Castellón: apenas cuatro kilómetros separan la Plaza Mayor del barrio marinero del Grao, el núcleo portuario que conserva la identidad de los pueblos pescadores mediterráneos. El paseo de Buenavista, con sus casas modernistas y sus restaurantes especializados en arroces y pescados frescos, es una de esas calles que funcionan igual a las doce del mediodía que a las diez de la noche.
Las playas del Pinar y del Gurugú, de aguas templadas y arena clara, son el destino natural de quienes buscan litoral sin la saturación que caracteriza a otros puntos de la Costa Azahar en temporada alta. No son playas vírgenes —tienen todos los servicios—, pero mantienen una escala humana que en verano, comparado con lo que ocurre en Benidorm o Salou, resulta casi reconfortante.
400 rutas de senderismo y excursiones a media hora
Si algo diferencia a Castellón de la mayoría de capitales de provincia costeras es la densidad de oferta para el senderismo. Más de 400 rutas señalizadas surcan los alrededores, desde paseos costeros de escasa dificultad hasta ascensiones por la sierra que requieren una jornada completa y algo de preparación física. Una variedad que explica buena parte del interés de los viajeros británicos, aficionados al senderismo en una proporción significativamente mayor que la media europea.
Las excursiones de día desde Castellón dan para mucho. Las Illes Columbretes, archipiélago volcánico a 56 kilómetros de la costa con reserva marina, son accesibles en barco y ofrecen un buceo o snorkel difícil de igualar en el Mediterráneo occidental. Las Coves de Sant Josep, en la localidad interior de La Vall d'Uixó, son las cuevas fluviales navegables más largas de Europa. Y las ciudades medievales de Vilafamés, Peñíscola o Morella completan una oferta de turismo cultural e histórico que pocas provincias españolas pueden presentar con tanta densidad en un radio tan reducido.
Para quienes quieran profundizar en la historia más reciente, Castellón conserva uno de los refugios antiaéreos de la Guerra Civil mejor documentados del Levante español, ubicado bajo la Plaza Tetuán y visitable con paneles informativos que contextualizan su uso durante los bombardeos de la contienda.
Una ciudad que empieza a despertar
Castellón de la Plana no ha llegado todavía al punto de no retorno turístico que caracteriza a Barcelona, Málaga o San Sebastián. Ese es, precisamente, su mayor atractivo en este momento. Las autoridades municipales han intensificado la promoción del destino en mercados internacionales, conscientes de que la ventana de oportunidad para consolidarse como destino antes de la masificación no estará abierta indefinidamente. Los viajeros que la descubran ahora tendrán una ciudad que todavía se mueve a su ritmo, con sus mercados, sus playas y sus 400 rutas de senderismo disponibles sin necesidad de reservar con meses de antelación.

