El pueblo de 900 habitantes con más románico por metro cuadrado: tiene 6 iglesias y un castillo sobre la roca

A 115 kilómetros de Zaragoza, este Conjunto Histórico-Artístico conserva un patrimonio monumental que rivaliza con el de cualquier capital de provincia.
La fortaleza y el pueblo con más románico por metro cuadrado / HOY ARAGÓN

A 115 kilómetros de Zaragoza, encajada entre montecillos que forman una media luna natural de piedra y monte bajo, este pueblo lleva siglos siendo uno de los secretos mejor guardados de las Cinco Villas.

Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1966, esta villa de 863 habitantes atesora media docena de iglesias románicas, un castillo medieval sobre peña viva, una judería urbana en buen estado de conservación y uno de los yacimientos romanos más completos de Aragón. Todo ello comprimido en un municipio que muchos aragoneses no han visitado todavía.

La primera referencia documental de Uncastillo data del siglo XI, cuando aparece registrada con el nombre de Unum Castrum, denominación que no dejaba duda sobre lo que presidía el lugar: un único castillo sobre la roca de Ayllón, vigilando el paso entre la tierra llana y las estribaciones del Prepirineo.

Ese origen claramente castrense —militar, de frontera— explica la solidez de sus construcciones, la disposición defensiva de sus calles y la sensación, aún hoy, de que el pueblo se aferra a la piedra como si no quisiera rendirse al tiempo.

Un casco urbano que es en sí mismo un monumento

Las tres calles principales de Uncastillo son largas, algo estrechas y flanqueadas por casonas de piedra arenisca en las que los escudos nobiliarios hablan de una villa que tuvo peso político y económico durante siglos. La casa consistorial, construida en 1568, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil renacentista de toda la comarca: su frontispicio de sillería, con cornisas, figuras y labor de cantería, no tiene nada que envidiar a edificios de ciudades mucho más grandes y conocidas.

El castillo, sobre la peña de Ayllón, domina el conjunto desde su posición más alta. Para llegar a él hay que subir más de doscientos pasos —lo dejó escrito el padre Mateo Suman en una de las descripciones más precisas que se conservan de la villa— a través de un recinto amurallado con torres defensivas.

En su interior, un palacio recientemente reconstruido da a las visitas un relato que combina la historia militar aragonesa con la vida cotidiana medieval. Vale la pena llegar hasta arriba: las vistas sobre el valle del Riguel y los montecillos que rodean la población son de esas que se quedan.

El románico que nadie esperaba encontrar aquí

Que Uncastillo tenga seis iglesias románicas conservadas en un municipio de menos de novecientos habitantes resulta, directamente, difícil de procesar para quien llega por primera vez. Pero ahí están, en distintos estados de conservación y con distintos usos, tejiendo un itinerario que puede ocupar perfectamente una mañana entera.

La parroquial de Santa María, del siglo XII, es la más imponente. Su torre almenada se ve desde casi cualquier punto del pueblo y su interior guarda un retablo mayor del siglo XVII que enmarca una talla de la Virgen sedente del siglo XIII: dos siglos distintos, dos concepciones del arte sacro, conviviendo en el mismo espacio sin estridencias.

La iglesia de San Juan, también románica, conserva pintura mural del siglo XIII con el tema central de Cristo en Majestad, uno de los programas iconográficos más completos que pueden verse en la comarca.

La de San Miguel, del siglo XII, tiene una historia peculiar: su portada original no está en Aragón sino en Boston, en el Museum of Fine Arts, adquirida a principios del siglo XX cuando el expolio del patrimonio rural español era, por desgracia, práctica habitual. El edificio que quedó en Uncastillo ha sido reconvertido en sede de congresos por la Fundación Uncastillo y merece una visita aunque sea para conocer esa historia de pérdida y recuperación parcial.

La iglesia de San Felices conserva su cripta, rareza notable en el románico aragonés. La de San Andrés forma conjunto arquitectónico con el palacio de la calle Mediavilla. Y la de San Martín de Tours, reformada en el siglo XVI por Juan de Landerri, acoge actualmente el Centro de Interpretación de Arte Religioso del Prepirineo, que ofrece un contexto cultural imprescindible para entender todo lo que se ha visto antes.

La judería y el rastro de otras comunidades

Uncastillo tuvo comunidad judía durante la Edad Media, y su judería urbana se conserva en un estado que pocas localidades aragonesas de tamaño similar pueden igualar. El trazado de sus callejuelas, más sinuoso y comprimido que el del resto del casco histórico, invita a recorrerlo despacio, intentando leer en la piedra la historia de una comunidad que habitó estas casas hasta la expulsión de 1492. No hay grandes carteles explicativos ni musealización excesiva: el barrio sigue siendo barrio, lo que le da una autenticidad que se agradece.

Los Bañales: Roma a las afueras

A quien piense que con el románico y el castillo ya tiene suficiente Uncastillo para una jornada, le queda aún una sorpresa. En el extremo meridional del término municipal se encuentra el yacimiento romano de Los Bañales, uno de los conjuntos arqueológicos más completos de Aragón.

Acueducto, termas, presa y restos de poblado configuran un enclave que fue ciudad romana —Bursao o alguna localidad cercana no identificada con certeza— y que hoy combina visitas guiadas con trabajos arqueológicos en curso. Cada campaña de excavación aporta nuevos hallazgos. La Romería a la Virgen de los Bañales, el último domingo de mayo, mezcla el fervor popular con la conciencia de que ese suelo guarda todavía mucho más de lo que ya se ha sacado a la luz.

Cómo llegar y cuándo ir

Uncastillo está a 115 kilómetros de Zaragoza por la A-23 hasta Ejea de los Caballeros y desde allí por carretera comarcal en dirección norte. El trayecto en coche ronda la hora y cuarto. No hay transporte público frecuente, así que el coche es prácticamente imprescindible.

Las fiestas patronales más señaladas son la Virgen de la Cama, el 15 de agosto, y la Virgen de San Cristóbal, el 8 de septiembre, aunque la primavera —cuando el campo de las Cinco Villas está verde y los días permiten recorrer el yacimiento de Los Bañales con comodidad— es quizá el momento más recomendable para hacer la visita.

El padre Suman escribió que los arroyos Riguel y Cadenas forman con la villa una especie de península antes de unirse al sur del pueblo. Esa imagen, la de Uncastillo encerrada entre agua, monte y piedra como si el propio territorio hubiera decidido protegerla, sigue siendo válida hoy. Es un lugar que parece haberse defendido bien del paso del tiempo. Y que merece, al menos, una visita.

Comentarios