Cortan las clavijas de un desfiladero peligroso en Ordesa: alerta a escaladores
"Ordesa es un cementerio que agoniza". Así comienza el manifiesto de un grupo de siete personas que este pasado lunes decidió cortar una docena de las clavijas del Circo de Cotatuero, una de las rutas más emblemáticas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. La acción ha sido reivindicada públicamente y acompañada por carteles de advertencia colocados en los accesos al paso.
Los autores del acto, que se identifican como montañeros y activistas ambientales (entre ellos el veterano alpinista oscense Jesús Vallés) argumentan que las clavijas han transformado el paso en una vía ferrata, algo que, según ellos, contradice el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional, donde este tipo de instalaciones están expresamente prohibidas. "Ya era hora de reparar ese crimen tan atroz cometido contra la fauna de los Pirineos", manifiestan en su comunicado.
El objetivo de este grupo de activistas es "devolver a la naturaleza el santuario de los bucardos y urogallos que en los últimos años se había convertido en un parque de aventura". Tal y como explican: "En los últimos cien años Ordesa ha perdido casi toda su fauna salvaje: bucardo, oso, lobo, lince y urogallo".
Las clavijas de Cotatuero, instaladas originalmente en 1881 por encargo del cazador británico Lord Buxton, formaban parte de una histórica vía de acceso al Gallinero. Su intención entonces era facilitar la caza de bucardos y urogallos, especies que habitaban en las fajas soleadas del macizo y que hoy, denuncian los ecologistas, han desaparecido del paisaje pirenaico por la presión humana. Posteriormente, en 1921, la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara encargó su mejora a Miguel Lafuente, hijo de uno de los herreros originales. Desde entonces, el paso se consolidó como un referente para los montañeros del Alto Aragón.
La actuación del lunes ha supuesto la retirada parcial del paso, al cortar la parte inferior de las clavijas, se impide su uso convencional. Para descender ahora, es necesario un rápel de 20 metros, un obstáculo técnico que lo hace inaccesible para senderistas no preparados. Ante el riesgo, el Parque Nacional ha decidido cerrar temporalmente el acceso a la zona afectada para evitar accidentes.
Los siete activistas, que forman parte del Grupo Alpino de Sabiñánigo, no se han escondido. De hecho, han difundido un vídeo-testimonio en el que Jesús Vallés aparece ante la cámara defendiendo su acción y pidiendo que se reintroduzca el bucardo, el "gran cabrón de los Pirineos", como lo llama. "El Parque Nacional tiene que hacer su trabajo trayendo a los bucardos, y lo puede conseguir pidiéndolos al Parque Nacional del Grand Paradiso de Italia", asegura.
El Parque Nacional no ha confirmado por el momento si emprenderá acciones legales contra los responsables, pero sí ha reconocido la gravedad de la intervención. A falta de una evaluación oficial, fuentes del entorno del parque aseguran que no se descarta la restauración del paso si se considera necesario para la seguridad.
Mientras tanto, Cotatuero permanece sin montañeros, sin tráfico humano, sin clavijas. Solo las paredes verticales y las huellas de un conflicto que lleva décadas gestándose: el de la conservación pura frente al uso humano del paisaje.


