Alicia Sánchez (fundadora de Dulces Locuras): "Soy una buscadora de oportunidades, no dejo pasar ni una"
Hace diez años, con solo 23, Alicia Sánchez se lanzó a emprender desde su pueblo, Tauste, sin pensar que aquella afición por la repostería acabaría convirtiéndose en una marca que ha trabajado con Coca-Cola, Netflix o Adidas. Apasionada del emprendimiento y defensora del medio rural, asegura que a día de hoy sigue alucinando al recibir pedidos desde cualquier rincón de España a través de la página web de Dulces Locuras.
Además, da charlas para jóvenes emprendedores y este año celebra una década de recorrido con Dulces Locuras estrenando su propio microdocumental, 'No hay receta', que se presentará en un evento especial y se publicará simultáneamente en Instagram, YouTube y TikTok.
Dulces Locuras es mucho más que un obrador artesano... Es creatividad, personalización y una pizca de locura. Desde sus gominolas con alcohol (producto estrella de la casa) hasta talleres de repostería creativa en pueblos, la marca se ha consolidado como referente en personalización comestible con una oferta original y diferenciada.
PREGUNTA. ¿Se imaginaba estar donde ahora está cuando aceptó el primer encargo para Dulces Locuras?
No, en absoluto esperaba llegar a cumplir diez años con Dulces Locuras. Realmente empezó como un hobby que me sostenía económicamente hasta que fuera maestra, porque estudié magisterio de educación física y empecé mientras estaba con las oposiciones. Al principio lo hacía para ganar mi dinero, pero no hasta el punto de imaginar que acabaría trabajando con los clientes con los que estoy trabajando a día de hoy.
Por curiosidad, ¿cuál fue el primer encargo?
Pues me di cuenta de que parecía que tenía una tiendita o una empresa con el Día de la Madre, porque de un pedido sobraron unas unidades y lo publiqué en el tablón de anuncios de Tauste, mi pueblo. Un montón de gente empezó a venir a por galletas, y entonces tenía que ir haciéndolas sobre la marcha porque no tenía. Habíamos lanzado una oferta que no teníamos suficiente producto para cubrir.
"Siempre digo que en los pueblos hay gente, y esa gente necesita servicios, así que yo estaba cubriendo con una oferta bastante llamativa un entorno que no tenía este tipo de propuestas"
¿Qué aporta Dulces Locuras al mundo de la repostería creativa, que hace unos años no existía?
Creo que aparecí en un muy buen momento, cuando no estaba tan de moda la repostería creativa ni era tan vista, lo que generó un impacto, sobre todo en el medio rural, que era donde yo ofrecía los servicios. Siempre digo que en los pueblos hay gente, y esa gente necesita servicios, así que yo estaba cubriendo con una oferta bastante llamativa un entorno que no tenía este tipo de propuestas. Entonces, cuando la gente empezó a montar sus negocios de repostería creativa, yo ya estaba consolidada y tenía un nombre. Creo que he ido un pasito por delante con respecto a este negocio, que poco a poco ha ido expandiéndose más.
¿Qué es lo que está contratando una empresa cuando contrata a Dulces Locuras?
Al ser un obrador artesano, está contratando customización, el poder hacer algo personalizado con su logo. Y también, de alguna manera, exclusividad, porque tenemos una oferta de productos y servicios que se diferencian del resto de empresas de repostería creativa. El 'bestseller' de la marca son las gominolas con alcohol, y eso ya nos diferencia con respecto a la competencia, aunque siempre tenemos algún producto más, diferente a lo que se piensa por repostería creativa (tartas, cookies y cupcakes). Siempre le hemos dado una vuelta para ofrecer un añadido diferencial, y eso es lo que nos contrata una empresa: experiencia, personalización y un disfrute de consumo.
Las gominolas con alcohol es su producto más conocido, ¿cómo se le ocurrió la idea de crearlas?
Dulces Locuras vivía de los momentos, de fechas concretas, así que siempre sacábamos algo diferente, porque teníamos clientes fijos. Entonces, con el afán de seguir sorprendiéndolos, fue como nacieron las gominolas con alcohol. Y fue un poco de una manera espontánea, como han ido surgiendo siempre las ideas. Dulces Locuras, como el propio nombre indica, siempre ha tenido una pizca de locura, que es lo que ha hecho que fuese algo fresco y divertido. Un día, de copas con amigos, trajeron el típico platito de chucherías y fue cuando se me ocurrió. Entonces, nos pegamos todo el verano en el laboratorio de Dulces Locuras, en el obrador, sacando la receta, porque al final el azúcar y el alcohol… bueno, había que crear una formulación que dejase el producto estable.
¿Qué tipo de clientes suelen acudir a Dulces Locuras? ¿Hay un perfil de cliente definido o es bastante variado?
Después de los 10 años que ya cumple Dulces Locuras, seguimos teniendo desde el cliente particular que viene a por un detalle concreto, el cliente de boda, el cliente de empresa y también el cliente de los ayuntamientos de toda la zona de Aragón. Porque, además de todos los productos que tenemos, también tenemos una escuela de repostería creativa y, aparte de hacer cursos anuales en diferentes pueblos colindantes a Tauste, hacemos verdaderas giras de talleres de repostería creativa para diferentes temporadas, pues para Halloween, para Navidades o para fiestas de pueblos.
Siempre ha reivindicado el emprendimiento del mundo rural, ¿se puede llegar a muchos sitios desde un sitio pequeño como Tauste?
Sí, s tienes actitud para estar empujando al proyecto hoy día, porque en el siglo XXI, mediante las redes sociales, hay muchas posibilidades que también se ofrecen en el medio rural para hacer 'networking' y juntarte con gente que está emprendiendo también en el medio rural. Y seguir aprendiendo, porque esto es un camino todo el rato de aprendizaje, de empuje y de trabajo.
"Trabajo mucho, muy duro, y soy una buscadora de oportunidades, no dejo pasar ni una, y por eso siempre aparecen nuevas cosas y nuevas aventuras"
Además, ahora va a comenzar a vender en el extranjero…
Sí, como novedades para este próximo año, que no me dejan de sorprender, estoy alucinando porque me voy a embarcar en el loquísimo viaje de la exportación. Hemos mandado ya muestras a mercados asiáticos y vamos a empezar estas Navidades con venta en Canadá, en Toronto concretamente. Es muy fuerte, todavía no me lo creo. Estoy incrédula de que esto suceda, pero es lo que está pasando. Estoy trabajando en una dirección fuerte, y todo lo que he hecho vuelve. Trabajo mucho, muy duro, y soy una buscadora de oportunidades, no dejo pasar ni una, y por eso siempre aparecen nuevas cosas y nuevas aventuras.
Va a presentar un documental sobre la historia de Dulces Locuras, ¿qué se va a poder ver?
Es un microdocumental de la historia de Dulces Locuras, que se titula 'No hay receta'. El título viene de que te pueden decir la manera de hacerlo, pero la historia es un camino con curvas, en el que hay que improvisar, ser superresolutivo… y para esto no hay receta. Por eso me parecía muy divertido que, en repostería creativa, con la cantidad de recetas que hay, decir que concretamente para montar la empresa de Dulces Locuras no ha habido receta. El documental habla de cómo he llegado a estos 10 años. Es un documental muy divertido, colorido y fresco, y es un formato cortito. Se podrá ver en redes sociales y este viernes en un evento que hacemos al que van a asistir desde clientes, 'partners', hasta representantes políticos. Y va a ser un catálogo de Dulces Locuras en vivo, donde constantemente van a estar surgiendo experiencias dulces y locas de la marca.
¿Y qué espera ahora del futuro, qué viene?
No sé qué cosas pueden ocurrir, pero sí es cierto que estoy trabajando en una dirección más proyectada en trabajar para grandes eventos, que ya lo estamos haciendo. Pero seguir en la línea en la que estamos ahora y aumentar el nivel es mi objetivo. Pero, sobre todo, seguir disfrutando del camino, porque si por algo creo que estoy viva en estos 10 años es porque me he divertido mucho, he disfrutado del camino y me he rodeado constantemente de gente para trabajar con la que he conectado en corazón y en alma. Entonces, creo que para mí la tónica importante será seguir disfrutando, porque si no me perderé en el camino y me querré retirar de esta partida.