De remolachera hace 100 años a albergar paredes festivales y ferias: el gran proyecto de Isaac Claver

La rehabilitación de la nave, financiada con 2,3 millones en fondos europeos, añade 1.500 metros cuadrados y placas solares.

La Azucarera de Monzón, la primera industria que transformó el paisaje de la ciudad hace casi cien años, está a punto de vivir su segunda vida. Las obras de rehabilitación de la nave polivalente que ocupa parte del conjunto histórico de la Azucarera encaran su recta final y, si los plazos se cumplen, el nuevo equipamiento podría estar listo antes de que acabe el verano de 2026. Una transformación que ha costado cuatro años de trabajo, más de cuatro millones de euros y una apuesta decidida por los fondos europeos.

La historia de este edificio arranca en 1929, cuando la Azucarera se convirtió en la primera industria implantada en Monzón para fabricar remolacha. En aquella época, la localidad era eminentemente agrícola, y la llegada de la fábrica cambió de forma radical tanto su paisaje como su economía. Las instalaciones acogían la producción remolachera de toda la provincia de Huesca y de gran parte de la de Lérida, convirtiéndose en un referente industrial de la comarca del Cinca Medio.

La industria fue desmantelada en 1970. Desde entonces, el conjunto ha pasado por distintas manos y usos hasta que el Ayuntamiento de Monzón lo adquirió y fue integrándolo poco a poco en el tejido urbano. Con el tiempo, el espacio se reconvirtió en parque municipal, conservando parte de los elementos originales del conjunto. La nave que ahora se rehabilita es uno de esos vestigios que han sobrevivido al paso del tiempo, y es precisamente esa supervivencia lo que le da su valor actual.

Cuatro años de proyecto y 16 meses de obras

El alcalde de Monzón, Isaac Claver, ha sido uno de los impulsores más visibles de este proyecto. Según ha explicado, el proceso arrancó hace exactamente cuatro años, cuando el Ayuntamiento lanzó un concurso de ideas a nivel nacional para dar forma a lo que sería la futura nave. Era mayo de 2022, y desde ese momento el proyecto no ha parado: en ese mismo año se presentó a la convocatoria de fondos europeos, que se resolvió favorablemente en la primavera de 2023.

A partir de ahí, la licitación y redacción del proyecto corrieron a cargo del arquitecto Jorge Tárrago —catedrático en la Universidad de Navarra—, y la primera piedra se colocó en noviembre de 2024. Dieciséis meses después, las obras avanzan a buen ritmo pese a las dificultades técnicas surgidas durante la ejecución y a los retrasos provocados por las lluvias de los últimos meses. La ejecución material recae en la UTE formada por Proforma Ejecución de Obras y Restauraciones S.L. y Mascún Obra Civil S.L.

Isaac Claver, actual alcalde de Monzón / Cedida
Isaac Claver, actual alcalde de Monzón / Cedida

El presupuesto total de la rehabilitación asciende a 4.230.464 euros. De esa cantidad, 2.356.999 euros provienen de fondos europeos PIREP —el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia—, dentro de la línea de ayudas para la rehabilitación de edificios de titularidad pública. El resto lo asume el propio Ayuntamiento. Cumplir los plazos no es solo una cuestión de voluntad: la justificación de la subvención europea obliga a tener la obra terminada antes de que finalice el verano.

Más espacio, más seguridad y energía propia

La nave resultante será sustancialmente mayor que la actual. Se rehabilitan 2.290 metros cuadrados de superficie existente, a los que se suman 1.516 de ampliación y otros 1.015 de urbanización. En total, el recinto gana 1.500 metros cuadrados útiles que permitirán ampliar la capacidad del espacio y garantizar todos los requisitos de seguridad y evacuación que exige la normativa actual.

La nueva cubierta ya está completada. Sobre ella se están instalando placas solares, un detalle que no es menor: el proyecto aspira a convertir la nave en el primer edificio PEB —Positive Energy Building— de Monzón, es decir, un edificio que genera más energía de la que consume. Un objetivo que va muy por encima de los mínimos exigidos por los fondos PIREP.

Junto a la nave principal, el proyecto incluye varias piezas añadidas con funciones específicas. Al sur se adosa un vestíbulo en dos plantas que funciona como invernadero para generar un colchón térmico. Al este, una "mochila energética" agrupa los servicios generales: almacenamiento, aseos, camerinos, despachos y comunicaciones. El pintado de toda la fachada exterior comenzará en breve, lo que dará a la nave su imagen definitiva.

Un espacio polivalente al servicio de la ciudad

"Estamos muy ilusionados con esta obra, que va a permitir a Monzón disponer de un recinto moderno y preparado para todo tipo de eventos", ha declarado el alcalde Isaac Claver. Y la ambición del proyecto lo respalda: la nave no solo se rehabilita, sino que se repiensa desde sus cimientos para servir como equipamiento de referencia para ferias, conciertos, exposiciones y actos culturales.

El diseño respeta la esencia del edificio original. Una de las premisas del proyecto era conservar la edificación histórica hasta donde fuera posible, demoliendo solo lo que no pudiera reutilizarse y reciclando o revalorizando los materiales retirados. "Se mantiene la esencia de la infraestructura centenaria, pero adaptándola a las necesidades y normativa del siglo XXI con todas sus medidas de seguridad", ha subrayado Claver.

La nueva nave también se piensa en relación con el entorno: los espacios porticados de la ampliación replican el carácter modular del edificio original pero con un lenguaje contemporáneo, y actúan como extensión física del parque de la Azucarera. El proyecto, incluido como prioritario en el Plan Estratégico '#MiMonzón2030', busca además mejorar la accesibilidad universal y reforzar la conexión entre el parque y el espacio público de la ciudad.

Cuando abra sus puertas, la Azucarera de Monzón cerrará un ciclo que empezó en 1929 con el sonido de las máquinas procesando remolacha y que culmina casi cien años después con un edificio rehabilitado, sostenible y abierto a todos.

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