La doble vida de un jefe de Cermi Aragón: droga, noches sin dormir y dinero que "desaparecía"
La primera que tomaba la palabra en la sala de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Zaragoza era la abogada defensora de D.B. que denunciaba ante el presidente de la sala, Francisco Picazo, la falta de una prueba vital en el proceso de instrucción del caso y el hecho de que, según esta letrada, su cliente no había declarado ante el juez en este proceso porque no había sido citado.
El presidente, asombrado por este último hecho y tras escuchar el alegato de la defensa antes del comienzo del juicio decidía retirarse con sus dos jueces de mesa a deliberar sobre estos asuntos.
No tardaban más de tres minutos en volver para dejar claro que no había motivo para declarar la nulidad del juicio y que D.B. debía ser juzgado por un delito de estafa continuada y apropiación indebida mientras era gerente de Cermi- Aragón, el Comité de Entidades Representantes de Personas con Discapacidad de Aragón.
Así las cosas, Picazo se dirigía al acusado para preguntarle si iba a declarar y, sobre todo, si iba a responder a las preguntas de todos los letrados. "No mire a su abogada y responda, por favor", le espetaba el juez presidente de la sala.
El acusado, tras un cruce de miradas con su defensora y un asentimiento de ésta última, concedía la posibilidad de preguntarle a su letrada. "¿Qué sucedió durante aquellos meses de 2022?", comenzaba el interrogatorio.
Noches insomne y pensando en conseguir otra dosis
A D.B. no le quedaba tiempo y cada movimiento que hacía le ponía más en el punto de mira. El que fuera director técnico de Cermi-Aragón confesaba en noviembre de 2022 a los responsables del Comité que, entre enero y octubre de ese mismo año, había sustraído cerca de 115.000 euros de la cuenta través de distintas transferencias.
El acusado iba entonces a las dependencias de la asociación acompañado de su padre, uno de los fundadores de la organización, para comunicar y confesar el desfalco económico. También se comprometió a devolver todo lo sustraído en un plazo de tiempo limitado.
Pero las cosas siguieron su curso y el caso ha terminado en la Audiencia Provincial. "No sabía lo que hacía; era como estar viviendo dos vidas al mismo tiempo", decía el acusado a preguntas de su abogada.
D.B. insistía en su juicio que sus adicciones le forzaban a hacer "desaparecer" ese dinero, llegando incluso al límite de las tarjetas y devolviendo algunos recibos que se debían de haber pagado.
"Pasaba las noche sin dormir; llegué a estar hasta tres días sin pegar ojo", insistía el acusado, que se confesaba inmerso en una espiral de autodestrucción incapaz de poder salir.
"Salí en prensa y ya no tuve posibilidad de trabajar"
"Mi idea siempre fue reponer el dinero sustraído, pero no tuve facilidad de crédito y tras despedirme no tenía ninguna fuente de ingreso. Además, cuando la historia salió en prensa se me cerraron todas las puertas a las que podía llamar", relataba D.B. al juez Picazo y al resto de la presidencia de la Sección Sexta.
El acusado ha relatado también que los responsables de Cermi eran conscientes de que hacía transferencias pero que luego siempre intentaba devolverlas. Poco a poco la cantidad aumentó y se le fue definitivamente de las manos. Al final se le acusa de quedarse con 130.000 euros.
Por esta apropiación indebida convertida en una estafa continuada durante un periodo de diez meses, D.B. se enfrenta a tres años y medio de prisión, petición en la que coinciden acusación y fiscalía. Una doble vida insostenible que podría hacer que acabase en prisión.

