El nombramiento más inesperado del Gobierno aragonés: un cazador al frente del Parque Nacional de Ordesa
Fernando Tello del Hoyo conoce el monte aragonés desde hace décadas. Como presidente de la Federación Aragonesa de Caza —cargo que ocupó hasta hace unos años— recorrió buena parte del territorio, negoció con administraciones y aprendió a gestionar los equilibrios siempre delicados entre el aprovechamiento del medio natural y su conservación.
Ahora, el Gobierno de Aragón le encarga una tarea de mayor envergadura: presidir el Patronato del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, uno de los espacios naturales más icónicos y protegidos de España.
El nombramiento fue aprobado este jueves por el Consejo de Gobierno de Aragón en una ronda amplia de relevos en seis departamentos del Ejecutivo autonómico.
Tello sustituye a Manuel Pizarro, expresidente de Endesa, quien presentó su renuncia al cargo. El Patronato es el órgano de participación y gestión del parque, y su presidencia implica sentarse en la mesa donde se toman decisiones sobre un territorio que cada año recibe cientos de miles de visitantes y que es, a la vez, hogar de especies protegidas, pastores y comunidades de montaña con siglos de historia.
Qué es el Patronato de Ordesa y por qué importa quién lo preside
El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido fue declarado parque nacional en 1918, lo que lo convierte en uno de los más antiguos de España. Con más de 15.000 hectáreas en el corazón del Pirineo oscense, alberga algunos de los paisajes más espectaculares de la península: el cañón de Ordesa, el circo de Soaso, la cascada de la Cola de Caballo o las cumbres que bordean la frontera con Francia, con el Monte Perdido —a 3.355 metros— como techo del conjunto.
El Patronato no gestiona el día a día del parque —eso corresponde a la dirección técnica—, pero sí marca las grandes orientaciones, aprueba el plan rector de uso y gestión y actúa como espacio de encuentro entre la administración, los municipios del entorno, los propietarios de terrenos, los colectivos conservacionistas y los sectores económicos que dependen del parque. Es, en definitiva, el foro donde se negocian los usos del territorio y donde chocan —y a veces se reconcilian— la conservación estricta y el aprovechamiento humano.
Que quien presida ese órgano venga del mundo de la caza no es un detalle menor. La caza es una actividad regulada y permitida en los territorios periféricos del parque, y ha sido históricamente una fuente de tensión con los sectores más conservacionistas. Tello llega con el conocimiento del sector pero también con la responsabilidad de gestionar un espacio donde la biodiversidad y la protección del paisaje están por encima de cualquier aprovechamiento particular.
Un perfil con raíces en el territorio
La trayectoria de Fernando Tello en la Federación Aragonesa de Caza le dio visibilidad en los círculos cinegéticos y en las negociaciones con el Gobierno de Aragón sobre cupos, vedas y gestión de especies. Esa experiencia en la interlocución institucional es, presumiblemente, uno de los activos que ha pesado en su designación para un cargo que exige habilidad negociadora tanto como conocimiento del medio natural.
El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido atraviesa un momento delicado en lo que respecta a la presión turística. Las colas de vehículos en verano, la saturación de algunos senderos y el debate sobre los límites del acceso al valle de Ordesa llevan años generando debate entre gestores, ecologistas y operadores turísticos del Pirineo. El nuevo presidente del Patronato aterrizará en ese debate desde el primer día.
Ordesa es también un motor económico para comarcas como el Sobrarbe, con Boltaña, Broto, Torla y Ainsa como municipios de referencia en el entorno del parque. Cada decisión sobre accesos, capacidades de carga o actividades permitidas tiene consecuencias directas en la economía local y en el modelo de turismo que quiere proyectar Aragón hacia el exterior.
Tello asume la presidencia del Patronato en un contexto en que el debate sobre cómo compatibilizar la protección del parque con su disfrute masivo no tiene respuesta fácil. Su perfil, alejado del conservacionismo clásico y más cercano al aprovechamiento tradicional del monte, marcará inevitablemente el tono de su gestión.