El pueblo Teruel a punto de desaparecer pero con miles de 'vecinos' en invierno
En la provincia de Teruel, un pequeño pueblo situado a orillas de una de las lagunas más importantes de Aragón, experimenta cada invierno un fenómeno natural único. En esta época la zona se convierte en un punto de referencia para miles de grullas que migran desde el norte de Europa en busca de un refugio seguro. Este fenómeno atrae a miles de aves que se agrupan en los campos y humedales cercanos, creando todo un espectáculo. La llegada de las grullas convierte al pueblo en un destino de interés para los amantes de la ornitología y en un lugar de gran riqueza natural y biodiversidad.
Se trata del pueblo de Tornos, conocido por su historia y su ubicación en el límite noroeste de la provincia de Zaragoza, junto a la Laguna de Gallocanta. Sin embargo, Tornos es también un lugar especial porque, aunque en invierno su población residente se reduce a tan solo unos pocos habitantes, miles de "vecinos" se instalan en la zona. Estos "vecinos" no son humanos, sino grullas, que eligen este municipio como su refugio invernal.
UN PUEBLO CON HISTORIA
Tornos, que se encuentra a una altitud de 1.018 metros, forma parte de la comarca del Jiloca. La localidad tiene un clima caracterizado por inviernos largos y fríos, con heladas frecuentes que pueden llegar a bajar de los 20 grados bajo cero. Los veranos son calurosos, y se pueden alcanzar temperaturas cercanas a los 40 grados por la escasa humedad del aire.
Este contraste de temperaturas no ha hecho mella en la rica historia de Tornos, un pueblo que, tras ser conquistado por Alfonso I El Batallador en el siglo XII, ha experimentado diferentes periodos de transición. Durante la Edad Media, fue un importante enclave fronterizo entre los reinos de Aragón y Castilla, lo que dejó huella en su arquitectura, como los restos de su castillo medieval y la iglesia parroquial de San Salvador.
UN PUEBLO DESPOBLADO, PERO CON MILES DE VISITANTES
Hoy en día, Tornos sigue siendo una localidad tranquila con poco más de 190 habitantes. La vida en el pueblo transcurre a un ritmo calmado, pero en invierno, Tornos se llena de vida gracias a las grullas. Cada año, durante los meses más fríos, miles de estas aves migratorias llegan a la Laguna de Gallocanta, ubicada a poca distancia del pueblo. Este humedal se ha convertido en uno de los principales refugios invernales para las grullas en Europa, y Tornos, como puerta de entrada a la zona, se ve rodeado por estas aves que se alimentan y descansan en sus campos y alrededores.
Este fenómeno convierte a Tornos en un lugar único durante la temporada de invierno. Aunque su población humana es escasa, los cielos y campos de Tornos se ven poblados por miles de grullas, lo que ofrece un espectáculo natural fascinante para los amantes de la ornitología y la naturaleza. La migración de las grullas a la Laguna de Gallocanta es uno de los eventos más impresionantes de la fauna aragonesa, y ha colocado a Tornos en el mapa de aquellos que buscan conectar con la naturaleza y observar uno de los fenómenos migratorios más destacados del continente.
La Laguna de Gallocanta, que comparte territorio con otros pueblos cercanos como Bello y Gallocanta, es una de las áreas más importantes de la Reserva Natural de Gallocanta, un espacio protegido que se extiende por más de 3.000 hectáreas. Durante el invierno, la laguna se convierte en un santuario para más de 20.000 grullas, que se detienen aquí en su viaje migratorio desde el norte de Europa hacia el sur.
UN PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL
Aparte de su conexión con la naturaleza, Tornos tiene también un importante patrimonio cultural. Su iglesia de San Salvador, construida entre los siglos XVIII y XIX, es uno de los puntos más destacados de la localidad, junto con los restos de su castillo medieval. Los visitantes pueden pasear por las tranquilas calles del pueblo y admirar las casas solariegas, algunas de ellas de estilo neoclásico, como la Casa de los Luna o la Casa de los Martín.
Además, Tornos cuenta con un museo agrícola, el Museo Cantín-Luna, que ofrece una muestra de aperos de labranza antiguos, lo que permite a los turistas conocer cómo era la vida rural en la zona durante los años 50. La gastronomía local también es un atractivo, con platos tradicionales como el pollo con cardo, las charrabascas (una masa frita cubierta de caramelo) y productos típicos como la longaniza, la morcilla y el abadejo.

