Si resbalas, te caes al vacío: así es el peligroso lugar del accidente en el Moncayo

La zona del accidente es de 100 o 200 metros de longitud, tiene peligro de desplazamiento y está abierta al vacío
La peligrosa cara del Moncayo, lugar del accidente
La peligrosa cara del Moncayo, lugar del accidente

En el corazón de Aragón se alza imponente el Moncayo, una cima de 2.314 metros que, pese a su belleza y accesibilidad, encierra uno de los pasos más temidos por los montañeros: 'La Escupidera'. Este tramo ha vuelto a ser protagonista tras el trágico fallecimiento de tres excursionistas madrileños el pasado sábado, en una jornada marcada por las condiciones meteorológicas extremas.

A pesar de que el Moncayo es una montaña muy frecuentada por senderistas de todos los niveles, este accidente a conmocionado al mundo del montañismo, volviendo a poner en el foco la importancia de la prevención y seguridad en la práctica de este tipo de actividad. El tétrico escenario del accidente, 'La Escupidera', es un estrecho paso de apenas unos cientos de metros que se encuentra en la ruta habitual que parte desde el Santuario hasta la cima del Moncayo. Hay que destacar que el riesgo que tiene esta zona es muy evidente, ya que si te resbalas te vas directo por un barranco precipitándote al vacío.  

LA ESCUPIDERA: EL PELIGRO QUE ESCONDE ESTE TRAMO

La ruta clásica para ascender al Moncayo que nace en el Santuario de la Virgen del Moncayo, se considera asequible para senderistas con cierta experiencia. Sin embargo, al llegar a los 2.170 metros de altitud, aparece La Escupidera, un paso cuyo nombre ya te avisa de los peligros que alberga y que tiene una longitud de 100 a 200 metros. La razón es evidente: si resbalas, te escupe hacia el vacío. Sin ningún tipo de protección lateral y con una pendiente que se abre directamente al circo glaciar, cualquier error puede ser fatal.

Expertos montañeros de la zona lo tienen claro: este es el único tramo realmente expuesto de toda la subida. En épocas cálidas, ya puede suponer una dificultad añadida por el terreno suelto y erosionado. Pero con el mal tiempo que ha hecho las últimas semanas, la existencia de placas de hielo multiplica la dificultad del trayecto. La zona se transforma en un deslizadero natural donde el material técnico como crampones o bastones pueden no ser suficientes si el hielo es demasiado fino o duro. Es más, incluso montañeros experimentados relatan situaciones en las que han tenido que darse la vuelta al comprobar que no podían clavar ni siquiera el bastón.

El paso ya tuvo señalización de advertencia, pero actualmente el cartel que informaba sobre el riesgo de caída está deteriorado, sin mensaje visible. Para muchos expertos locales, esa zona debería estar claramente señalizada, e incluso vallada, para evitar más tragedias. Porque, a diferencia de otras partes del Moncayo donde una caída puede terminar en heridas, en La Escupidera la consecuencia suele ser la muerte.

CONDICIONES EXTREMAS Y FALTA DE EXPERIENCIA: UN MIX PARA EL DESASTRE

El sábado del accidente, el Moncayo presentaba un clima especialmente hostil. El frío extremo y las placas de hielo endurecido complicaban enormemente cualquier intento de ascenso. Según los servicios de emergencia que acudieron al lugar, uno de los montañeros ya había fallecido al llegar, lo que da una idea del nivel de riesgo con el que se encontraron.

Y es que el Moncayo, a pesar de su popularidad, es probablemente uno de los montes más fríos de Aragón. El agua o la nieve acumuladas tienden a congelarse formando capas de hielo difíciles de detectar y, sobre todo, de atravesar sin riesgo. Incluso con el equipo adecuado, avanzar por La Escupidera puede convertirse en un ejercicio de alto riesgo. Y si no se tiene la experiencia suficiente, lo más prudente —según los expertos— es no intentarlo.

En días así, lo mejor es quedarse en el Santuario”, afirman los montañeros locales. Las vistas siguen siendo espectaculares y no merece la pena arriesgar la vida por alcanzar la cima. La clave está en la preparación, el conocimiento de la montaña y, sobre todo, en saber cuándo dar media vuelta.

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