El siluro, la especie invasora que amenaza al Ebro: el pez gigante que llegó para quedarse
Hace apenas unos días, cuatro pescadores navarros protagonizaban una hazaña que ha dado la vuelta al país. La captura del siluro más grande documentado en España, un ejemplar de 2,81 metros de longitud y 130 kilos de peso, atrapado en el término municipal de Buñuel (Navarra), en pleno cauce del Ebro. La lucha con el pez, que se prolongó durante 45 minutos, dejó a los testigos boquiabiertos y volvió a situar a este coloso fluvial en el centro del debate sobre las especies invasoras y su impacto en los ecosistemas peninsulares.
Lo que para muchos pescadores es una hazaña deportiva, para los biólogos y ecologistas resulta ser un peligro. El siluro (Silurus glanis), originario de Europa Central y del Este, es desde hace décadas una de las mayores amenazas para los ríos españoles, especialmente para el Ebro y sus afluentes. Su presencia, además de alterar el equilibrio ecológico, pone en riesgo la supervivencia de especies autóctonas y modifica las dinámicas naturales del río.
DE TROFEO A PROBLEMA AMBIENTAL
La historia del siluro en España se remonta a 1974, cuando un pescador alemán introdujo miles de alevines en el embalse de Mequinenza (Zaragoza) con el propósito de fomentar la pesca deportiva. Lo que entonces se consideró una idea exótica se ha convertido con el paso de los años en una amenaza ecológica. Desde aquel foco inicial, el pez ha colonizado progresivamente buena parte del sistema fluvial del Ebro (incluyendo el Segre, el Cinca y varios embalses), favorecido por la enorme capacidad de adaptación y la ausencia de depredadores naturales.
Hoy, el siluro figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). Su captura está permitida únicamente si conlleva su extracción obligatoria, ya que la suelta de ejemplares vivos está expresamente prohibida. Aun así, la expansión continúa, impulsada en parte por introducciones ilegales y por su propio éxito biológico.
EL GIGANTE DEL EBRO
El siluro es el mayor pez de agua dulce de Europa. Puede superar los tres metros de longitud y los 150 kilos de peso, aunque los registros más habituales rondan los dos metros y el centenar de kilos. Tiene el cuerpo alargado, sin escamas y cubierto de mucosa, una gran boca con barbillones (unas prolongaciones sensoriales parecidas a bigotes) que le permiten orientarse y detectar presas incluso en aguas turbias o de escasa luz.
Este pez es un depredador oportunista y omnívoro. Su dieta abarca desde pequeños invertebrados hasta peces de gran tamaño, anfibios, crustáceos, e incluso aves acuáticas y pequeños mamíferos. En el Ebro, se han documentado casos de siluros que engullen patos y palomas que se acercan a beber al río.
La reproducción del siluro es otro de los factores que explica su éxito invasor. Las hembras pueden poner entre 25.000 y 30.000 huevos por kilogramo de peso, lo que genera nidadas masivas difíciles de controlar. Además, tienen una esperanza de vida de hasta 30 años y casos aislados que podrían llegar a los 80.
El impacto del siluro en el Ebro es difícil de revertir. Su presencia ha modificado la cadena alimentaria y ha desplazado a especies autóctonas como el barbo, el cachuelo o la madrilla, que no pueden competir con un depredador de su tamaño y voracidad. También afecta a especies migratorias en peligro, como el sábalo o el salmón atlántico, que encuentran en el Ebro un territorio cada vez más hostil.
Desde el MITECO se advierte de que el caso del siluro no es aislado. España afronta una creciente lista de especies invasoras, entre ellas la carpa común, el mapache o el mosquito tigre, que están alterando de forma irreversible los ecosistemas. Pero el siluro, por su tamaño, longevidad y voracidad, representa un caso paradigmático de cómo una introducción puntual puede desencadenar una transformación ecológica de largo alcance.