Vandalizan por segunda vez la cruz del Aneto: lanzan a una ladera la de madera que un joven francés subió a cuestas

Dos montañeros encontraron la pieza de 35 kilos en la cresta de Llosas. Es el segundo acto vandálico contra las cruces en las cimas del Pirineo aragonés en poco más de un mes.

La cruz de madera de nogal que el joven francés Maël Le Lagadec, de 18 años, portó a la cima del Aneto el pasado 9 de mayo —35 kilos a la espalda, a 3.404 metros de altitud— ha sido lanzada a una ladera.

Dos montañeros la encontraron este viernes en la cresta de Llosas mientras realizaban la ascensión al pico más alto del Pirineo por el corredor Estasen. El acto vandálico debió producirse el viernes a primera hora de la tarde, cuando en la cima ya no había nadie que pudiera verlo.

La batalla por la presencia de las cruces en las cimas del Pirineo aragonés acaba de escribir su capítulo más vergonzoso. No es el primero. Todo empezó en abril, cuando desapareció la cruz original de aluminio que llevaba instalada en la cumbre del Aneto desde 1951 —más de 75 años— en lo que se sospecha fue otro acto deliberado: alguien la cortó con una sierra y la arrojó montaña abajo. Ahora, la pieza que un joven de 18 años talló con sus propias manos para reponer ese símbolo ha corrido la misma suerte.

La historia de Maël y su cruz de nogal

Maël Le Lagadec no es un alpinista profesional ni una figura pública. Es un chico de 18 años que vio la noticia de la desaparición de la cruz del Aneto y decidió hacer algo. Talló una nueva cruz en madera de nogal, le dio una forma que honrara a la original y la cargó a la espalda hasta la cima del techo de los Pirineos. Treinta y cinco kilos. Tres mil cuatrocientos cuatro metros de altitud. Todo el proceso quedó registrado en un vídeo que se extendió por las redes sociales y que generó una ola de admiración en Francia y en España.

La cruz quedó instalada en la cumbre el 9 de mayo, enterrada en la nieve tal como la dejó Maël. Las imágenes del jueves mostraban la pieza en su lugar, intacta. Las del viernes, sin embargo, ya no la mostraban en la cima. Estaba en la nieve de una ladera, lanzada por alguien que esperó a que no hubiera testigos para actuar.

Cómo y cuándo ocurrió

Los hechos se reconstruyen con bastante precisión gracias a los testimonios de los montañeros que ascendieron al Aneto en esas horas. El jueves por la mañana, varios alpinistas vieron la cruz en su lugar. El viernes, ya no estaba. Los montañeros que la encontraron en la cresta de Llosas sospechan que alguien la despeñó el viernes a primera hora de la tarde, aprovechando que la cima estaba despejada de gente.

La principal hipótesis sobre lo ocurrido con la cruz original de aluminio —desaparecida en abril— es que alguien la cortó con una sierra y la arrojó entera o en varios trozos montaña abajo. Un patrón que se repite: esperar el momento oportuno, actuar con rapidez y desaparecer sin dejar rastro. La diferencia es que esta vez la cruz no ha desaparecido del todo: fue localizada en la ladera, lo que podría facilitar la investigación.

Una batalla que va más allá del Aneto

Lo que está ocurriendo en el Aneto no es un caso aislado. La polémica sobre la presencia de símbolos religiosos —cruces, principalmente— en las cimas de las montañas del Pirineo aragonés lleva tiempo generando tensión. Hay quienes consideran que esos símbolos son parte del patrimonio cultural y sentimental de la montaña, colocados hace décadas por alpinistas y comunidades locales. Y hay quienes los rechazan por su carácter religioso en espacios naturales públicos.

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