Tifo, insignia de oro y más sorpresas: así será el homenaje a Cristian Álvarez
El Real Zaragoza despide este domingo a una de sus grandes leyendas de los últimos años, Cristian Álvarez, que tendrá una despedida a la altura de su gran trayectoria en el club. Será uno de los momentos más emotivos de la temporada, recordando a lo que se vivió en la despedida de otro mítico del conjunto aragonés, Alberto Zapater.
Cristian Álvarez se incorporará como responsable de Relaciones Institucionales del Real Zaragoza. En este nuevo cargo mantendrá su cómplice conexión con la afición, seguirá paseando con orgullo los valores del zaragocismo y representará al club en el ámbito deportivo, institucional y fundacional. El Real Zaragoza ha previsto diversos actos, contando con los diferentes estamentos del club, que envolverán el partido contar el Burgos de este domingo. Así, el guardameta argentino, que disputó 236 encuentros con la blanquilla, tendrá una calurosa despedida su casa, en el estadio de La Romareda.
En los prolegómenos del partido se impondrá a Cristian la insignia de oro del club y, posteriormente, realizará el saque de honor. Además, la afición zaragocista desplegará un tifo en honor a la figura del arquero, por lo que se recomienda venir con antelación para disfrutar del espectáculo.
A la finalización del choque, el argentino estará arropado por afición, leyendas, compañeros y amigos en un acto muy especial que contará además con varias sorpresas y que servirá de colofón a las siete temporadas y media en las que Cristian se ha convertido en leyenda zaragocista.
CARTA DE DESPEDIDA
El Real Zaragoza publicaba el texto íntegro de la carta de Cristian Álvarez al Real Zaragoza
"Cuando comencé a jugar a fútbol a mis 4 años, jamás hubiese imaginado que tan solo 11 años después me darían a préstamo con una opción de compra y que, apenas tres años más tarde, la opción de compra se ejecutaría para convertirme automáticamente con 18 años en un negocio para la maquinaria del deporte rey, sumergiéndome así en la vertiginosa rueda del fútbol profesional. Después siguió la exigencia del fútbol español, me asomo a la Selección Argentina, tocar apenas la élite del fútbol mundial, regresar al fútbol argentino, ganar una Copa Libertadores y una liga, volver a España nuevamente para acabar finalmente en Paraguay casi sin pensarlo, como si todo aquello le estuviera sucediendo a otra persona.
Nunca supe ser un futbolista profesional. Mis ganas de explorar la vida en todas sus facetas chocaban constantemente con la seriedad y responsabilidad que requiere ser un futbolista de alto rendimiento. Y así fue como, a los 30 años, esa colisión de fuerzas constantes y mis incontables preguntas me quebraron e hicieron que decida retirarme definitivamente del fútbol profesional.Luego de casi un año y medio de aquello cuando el sueño del futbolista era un recuerdo lejano, un mensaje de Whatsapp hizo que en mi interior prenda una chispa que desató el incendio: “¿Te interesa jugar en el Real Zaragoza?”.
Por aquel momento estaba refugiado en un pueblo de montaña y lo que nació en mi interior luego de leer esas siete palabras no puedo explicarlo de manera racional. Sentí, bien profundo, que el destino estaba tocando a mi puerta. Hoy escribo esta pequeña carta porque esta vez sí que pongo fin a mi carrera, pero ahora el fútbol y yo sí que estamos en paz.
Creo que de todo lo maravilloso que me dio y, quizás, en su momento no supe valorar, en esta revancha se lo pude devolver. Gracias, Tiro Federal, por enseñarme que la felicidad es jugar con un puñado de amigos. Canalla, por convertirme en un futbolista profesional. Pericos, gracias por abrirme las puertas de Europa y hacer que me hinche a experiencias. Por mostrarme un mundo impensable para un pibe de Rosario. Gracias, Cuervos, porque con ustedes aprendí lo lindo que se siente ganar. Rayito, por dejarme ser yo mismo sin juzgarme. Gracias, Cerro, porque con ustedes me hice más fuerte. A todos les pido disculpas si en algún momento no estuve a la altura de lo que se esperaba de mí dentro de un campo, pero les juro que lo intenté con todo lo que podía en ese momento, con mis virtudes y defectos, luchando muchas veces contra mis demonios, pero siempre intentándolo con el corazón. Las gracias más profundas son para todas las personas que conocí en estos maravillosos 20 años de carrera profesional: entrenadores, compañeros, trabajadores y aficionados del fútbol. No me alcanza el corazón para agradecerles por los momentos compartidos.
A los míos, los que siempre estuvieron y sé que siempre estarán, gracias. Sin su sostén, nada hubiera sido posible. Ustedes saben quiénes son”. "Y gracias, zaragocistas y zaragozanos. Vosotros sois la luz que iluminó mi carrera. Gracias porque con ustedes volví a nacer. Me encontraron en un momento complicado de mi vida para que, a su vez, yo vaya encontrando otra vez al portero, encontrando otra vez al pibe que jugaba a la pelota, encontrándome a mí mismo. Gracias por ayudarme a mirar los miedos de frente y vencerlos. Sencillamente, gracias porque con ustedes todo lo vivido en el pasado cobró sentido. Hoy les digo adiós. Aunque, en realidad, es un hasta luego. La historia no termina aquí, porque no me voy a ningún lado. Porque aquí sigo".

