La afición del Real Zaragoza busca una salida: ¿habrá manifestación?

La afición echa en falta una voz firme que explique qué se va a hacer, cuándo y cómo, y que asuma responsabilidades en público.

Hartazgo, desconsuelo y una idea clara: organizarse. La grada del Real Zaragoza ultima una manifestación pacífica para las próximas fechas con un objetivo común: hacer ver la necesidad de reacción a una directiva a la que perciben ausente, exigir decisiones deportivas inmediatas y recordar que el club no es un balance contable, sino una afición que se siente al borde del colapso.

El detonante ya no es uno: es una suma de agravios y derrotas. Sobre el césped, el equipo apenas ha sumado 6 de 30 puntos posibles ante rivales, en su mayoría, de la zona media-baja —Castellón, Albacete, Mirandés o Córdoba entre ellos—. En los despachos, la sensación de vacío institucional y de dirección en remoto ha calado. Con el equipo colista y sin un mensaje que trace el rumbo, la afición ha hecho lo que tantas veces mantiene vivo al fútbol: pasar de la queja a la acción.

Último de la tabla y ya descolgado, el equipo firma un balance sonrojante: peor ataque de la categoría —solo 6 goles a favor— y defensa más batida, con 17 tantos en contra. Lo más preocupante, sin embargo, no son los números en sí, sino lo que revelan. El golpe anímico es profundo: vestuario sin fe, credibilidad mínima dentro y fuera, y un clima que se vuelve irrespirable.

La duda está en máximos, esa zona roja en la que las plantillas más frágiles suelen derrumbarse sin apenas margen de rescate. Cada temporada hay un equipo así por pura estadística; ahora, ese equipo parece ser este.

“Zaragoza no puede aceptar la resignación”

En los canales de peñas y grupos de aficionados se repite una idea: no hay tiempo que perder. El llamamiento circula ya por redes y mensajería con un texto inequívoco: “¡ATENCIÓN ZARAGOCISTAS! Se está organizando una manifestación pacífica. Uníos al grupo de WhatsApp.”

Detrás de ese aviso hay una red de peñas y zaragocistas de a pie que están coordinando permisos, recorrido y hora para buscar una movilización amplia, cívica y familiar. El plan pasa por cumplir todos los requisitos ante Ayuntamiento y Delegación del Gobierno, con un lema común: “El Real Zaragoza no se rinde”.

Dianas del malestar: proyecto sin pulso y silencio de los responsables

La protesta señala, con nombres y apellidos, a la cúpula ejecutiva. Además de Jorge Mas (presidente) y Fernando López (director general), crece el foco sobre Mariano Aguilar, consejero con ascendencia en el área deportiva junto a Emilio Cruz. En verano, López defendió que “Aguilar y Cruz nos asesoran en materia deportiva”, pero la realidad competitiva ha convertido aquella estructura en objeto de crítica transversal.

El reproche no es solo por los resultados: es por la falta de relato y de presencia. La afición echa en falta una voz firme que explique qué se va a hacer, cuándo y cómo, y que asuma responsabilidades en público. En fútbol, la comunicación no es cosmética; es parte del liderazgo.

Deporte, empresa… y club

El Zaragoza vive una paradoja cruel: sobre el papel, avance económico (reducción de deuda, hoja de ruta para el estadio) y, a la vez, colapso deportivo. La grada lo verbaliza con crudeza: “sin resultados no hay proyecto que aguante”. El miedo ya no es abstracto: la Primera RFEF asoma si no hay una reacción contundente e inmediata.

La fotografía del último partido fue demoledora: equipo sin pulso, ambiente encogido en el estadio modular y frustración que ascendió hasta el palco improvisado. El zaragocismo, tantas veces resiliente, hoy se siente desamparado. Precisamente por eso la manifestación se presenta como válvula de escape y, sobre todo, como mensaje inequívoco a los propietarios: la ciudad está y quiere estar, pero exige ser tratada como parte del club, no como un espectador resignado.

A falta de confirmación oficial del día, hora y recorrido, los organizadores avanzan que será una movilización pacífica, ordenada y con presencia de familias. El llamamiento a peñas, veteranos, canteras y abonados aspira a convertir la marcha en un grito coral, no en una bronca puntual. La consigna es clara: máximo respeto a la ciudad, a los rivales y a las instituciones; máxima firmeza con quienes tienen la responsabilidad de cambiar el rumbo.

Comentarios