Dos muertos por monóxido de carbono en una vivienda de María de Huerva: un familiar los encontró tumbados en el suelo
Una mujer de 79 años y su hijo de 52 fallecieron el pasado lunes por la noche en el interior de su vivienda de la urbanización Montepinar, en el municipio zaragozano de María de Huerva. La causa de los fallecimientos apunta, a falta de lo que determine la investigación, a la inhalación de monóxido de carbono procedente de una estufa.
La Guardia Civil se hizo cargo de las pesquisas tras recibir la alerta de otro familiar, que al entrar en la vivienda se encontró a ambos tumbados en el suelo.
La llamada de emergencia se produjo en torno a las 23.20 horas. A la llegada de los agentes, madre e hijo ya habían fallecido. Los servicios médicos certificaron el deceso poco después y el levantamiento de los cadáveres tuvo lugar a las 3.45 de la madrugada del martes. Los cuerpos fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal de Aragón, en Zaragoza.
Fue otro de los hijos de la fallecida quien dio la voz de alarma. Al personarse en la vivienda y encontrar a su madre y a su hermano tumbados en el suelo, alertó de inmediato a los servicios de emergencia.
La primera valoración del forense personado en el lugar descartó signos de violencia en ambos cuerpos y apuntó a la inhalación de monóxido de carbono como causa más probable de los fallecimientos. La investigación sigue su curso para determinar con exactitud las circunstancias del suceso.
Por qué el monóxido de carbono es tan peligroso
El monóxido de carbono (CO) es un gas que se produce por la combustión incompleta de materiales que contienen carbono: gas natural, butano, propano, carbón, madera o gasolina. Estufas, calderas, chimeneas y braseros son las fuentes más habituales en los hogares. El problema es que no tiene olor ni color, lo que hace imposible detectarlo sin un detector específico.
Sus efectos son rápidos: a concentraciones elevadas provoca dolor de cabeza, mareos, náuseas y confusión, síntomas que se confunden fácilmente con un malestar común. Si la exposición continúa, la persona pierde el conocimiento y puede morir en minutos sin haber percibido ninguna señal de alarma clara.
La prevención pasa por mantener los aparatos de combustión revisados y en buen estado, garantizar una ventilación adecuada en los espacios donde se usan, no encender braseros ni barbacoas en interiores y, sobre todo, instalar un detector de monóxido de carbono en casa. Son dispositivos económicos —a partir de 20 o 30 euros en cualquier superficie comercial— que pueden salvar la vida.