Hasta 750 euros de multa por no recoger: lo que muchos siguen ignorando en Zaragoza
El resultado no es solo una cuestión estética: son olores, incomodidad, riesgos sanitarios y una sensación de abandono que deteriora el espacio público.
Imagina llegar a casa y encontrarte el excremento de tu mascota en el salón. No lo piensas: lo recoges. En la calle debería funcionar igual. Solo que ahí el “salón” es de todos: aceras, plazas, parques, portales y esquinas que compartimos a diario.
Y, sin embargo, cada jornada se repite la misma escena: deposiciones caninas sin recoger, orines en fachadas y bordillos —de perros y, en ocasiones, también de personas— que quedan donde caen.
El resultado no es solo una cuestión estética: son olores, incomodidad, riesgos sanitarios y una sensación de abandono que deteriora el espacio público.
Zaragoza invierte más de 65 millones de euros al año en el servicio de limpieza viaria y recogida de residuos, gestionado por FCC Medio Ambiente, un dispositivo que mueve personal, maquinaria, baldeos, desinfecciones y repasos constantes. Pero hay una realidad que ninguna contrata puede corregir por sí sola: la limpieza urbana empieza en el comportamiento individual. Una ciudad puede tener medios, pero si una parte de la ciudadanía no colabora, el esfuerzo se convierte en una carrera interminable.
En ese contexto se enmarca la campaña municipal “Zaragoza cuenta contigo”, que pone el foco en hábitos que parecen pequeños, pero que al repetirse miles de veces al mes se convierten en un problema colectivo. El civismo, insiste el mensaje institucional, no es un eslogan: es una forma de convivencia.
El coste invisible de lo que no se recoge
Los excrementos caninos abandonados son el ejemplo más evidente. Quedan en mitad de la acera, pegados a un alcorque, en una zona verde o junto a un banco. Alguien los pisa, se arrastran, se esparcen, obligan a repasar una y otra vez. Y el problema crece cuando ese gesto —recoger y tirar a la papelera— se omite por sistema.
Los orines, por su parte, dejan una huella menos visible al instante, pero más persistente. Sin una dilución rápida con agua (y productos adecuados), se impregnan en el pavimento, ennegrecen esquinas, degradan fachadas y alimentan un círculo vicioso: donde huele, otros perros vuelven a orinar.
Según datos del servicio municipal de limpieza, los equipos retiran más de 500 excrementos al día, lo que supone más de 160.000 al año. Ese volumen requiere tiempo y recursos específicos: no basta con “recoger”. En muchos casos hay que desinfectar, baldear y repasar zonas donde la suciedad se ha fijado. Y esa factura, en última instancia, sale del presupuesto público.
Normas claras y sanciones
La normativa municipal también lo deja claro. La Ordenanza de limpieza viaria y gestión de residuos, vigente desde junio de 2023, tipifica como infracción leve no recoger los excrementos de los animales o no limpiar los orines, con sanciones que pueden llegar hasta 750 euros en función de la gravedad.
En el caso de las mascotas, la ordenanza establece la obligación de llevar bolsas para las heces y un recipiente con líquido para diluir la orina cuando el animal micciona en la vía pública. Y orinar como persona en la calle, fuera de espacios habilitados, también puede ser sancionable por motivos de higiene y convivencia.
Una ciudad que se cuida caminando
La campaña insiste en la idea de corresponsabilidad: el servicio municipal puede limpiar, sí; pero no puede estar detrás de cada conducta incívica. Y ahí entra lo esencial, lo que no requiere grandes esfuerzos ni grandes debates.
Cuando se pasea al perro, bolsa siempre. Si hay deposición, se recoge y se deposita correctamente. Si hay pis, se diluye con agua y vinagre. Lo que en casa haríamos sin dudar, en la calle también. Porque en Zaragoza no vivimos solos: vivimos juntos.