José de Yarza Echenique: el arquitecto que dio brillo a Zaragoza y terminó asesinado en Paseo Independencia
Hay nombres que una ciudad debería recordar mejor. José de Yarza Echenique es uno de ellos. Arquitecto, zaragozano, formado en Barcelona, autor de algunos de los edificios más bellos que todavía hoy adornan las calles de la ciudad. Y, sin embargo, su historia no termina en ningún edificio. Termina en una farola, en pleno paseo de la Independencia, un lunes de agosto de 1920, con una bala en el corazón.
De Barcelona a Zaragoza: un arquitecto con vocación de ciudad
Yarza obtiene el título de arquitecto en Barcelona en 1901, formado en el lenguaje compositivo del modernismo catalán que entonces revolucionaba la arquitectura española. Vuelve a Zaragoza con esa mirada nueva y empieza a dejar su huella desde el primer encargo.
Su primer edificio conocido, el inmueble de la calle Prudencio (1902), ya muestra lo que será su sello: el ladrillo como elemento constructivo de base, la forja y el cristal como instrumentos de refinamiento, y una fachada que dialoga con la calle en lugar de ignorarla.
Como arquitecto diocesano dirige las obras de finalización de la segunda torre del templo del Pilar, además de la conservación y restauración de numerosos edificios religiosos de la diócesis. No es un trabajo menor: intervenir en el Pilar en aquel momento equivale a dejar la firma en el símbolo más reconocible de Zaragoza.
En 1911 es nombrado arquitecto municipal, cargo al que se dedica en exclusiva y desde el que despliega su talento en una ciudad que está creciendo y necesita dotarse de edificios a la altura de sus ambiciones.
Bajo su dirección se construye el edificio de la Caridad (1907), la Casa de Ganaderos (1914) y el grupo escolar Gascón y Marín (1917), además de acometer la reparación de la iglesia de Zuera y la restauración del palacio de la Lonja, uno de los grandes monumentos renacentistas de Aragón.
La Casa Juncosa: su obra maestra
Si hay un edificio que resume el talento de Yarza es la Casa Juncosa, en el Paseo Sagasta. Proyectada en 1906, su fachada de exuberante decoración floral ejecutada en piedra labrada y hierro forjado es solo la presentación. El interior conserva todavía hoy el repertorio decorativo original en toda su plenitud: vidrieras, estucos, puertas de madera tallada, suelos de taracea y chimeneas de mármol.
Fue declarada Monumento Nacional en 1983 y sigue siendo, más de un siglo después, uno de los edificios más admirados de la ciudad.
Un lunes que Zaragoza no debería olvidar
El 23 de agosto de 1920, Zaragoza llevaba días sumida en el caos. Los encargados del alumbrado público llevaban una semana en huelga y la mayoría de las farolas estaban inservibles. Muchas bombillas se habían fundido porque nadie las apagaba; las pedradas habían hecho el resto.
El alcalde lo había intentado con bomberos, guardias y voluntarios, pero casi nadie quería desafiar a los piquetes huelguistas. Al final, el Ayuntamiento recurrió a sus propios funcionarios para una tarea que no era la suya.
Así fue como José de Yarza, con una caja de herramientas en la mano, salió ese lunes a reparar farolas junto al ingeniero César Boente y el escribano Joaquín Octavio de Toledo. Habían empezado por el Coso y la calle San Miguel. Al llegar al paseo de la Independencia, frente a las oficinas del Banco Hispanoamericano, detuvieron sus pasos ante una farola.
Lo que ninguno de ellos sabía es que un hombre les observaba en silencio desde el evacuatorio cercano. Cuando Octavio de Toledo tendió la escalera sobre la farola y Boente se dispuso a subir, el hombre dio varios pasos al frente, sacó una pistola Star de 9 milímetros y disparó por la espalda contra el grupo.
Los tres cayeron. La autopsia revelaría que habían muerto prácticamente en el acto: a todos un balazo les atravesó el corazón. Solo Yarza llegó a la cercana farmacia Ríos con un hilo de vida. Los médicos le administraron una inyección de aceite alcanforado. Se desangró en segundos.
El asesino, Inocencio Domingo de La Fuente, huyó pistola en mano por la plaza de la Constitución —hoy plaza de España— y el Coso. Fue capturado escondido en la cocina de la portería de unos almacenes de la calle Palomeque, con la pistola tirada en el fregadero.
El triple asesinato conmocionó a Zaragoza y a España entera. Más de mil personas se manifestaron esa misma tarde espontáneamente ante Capitanía. La capilla ardiente de los tres funcionarios se instaló en el Ayuntamiento y se les rindieron honores de Estado.
José de Yarza Echenique tenía 42 años cuando murió. Había dedicado dos décadas a construir una ciudad más bella, más digna y más dotada de equipamientos. Lo mató un pistolero anarquista mientras hacía algo que no le correspondía, en una Zaragoza en la que demasiadas cosas habían fallado a la vez.
Su legado sigue en pie: en la Casa Juncosa, en la Lonja restaurada, en las escuelas del grupo Gascón y Marín, en la segunda torre del Pilar.

