Toldos Lucas: del taller artesanal a los sistemas inteligentes de protección solar

La empresa zaragozana, fundada en 1968, afronta su tercera generación apostando por la innovación, el diseño y la eficiencia energética sin perder su esencia familiar
Juan Ignacio Díaz, Juan Antonio Díaz y Diego Díaz, de Toldos Lucas
Juan Ignacio Díaz, Juan Antonio Díaz y Diego Díaz, de Toldos Lucas

Hay empresas familiares en las que el negocio se queda en la puerta de casa. Y luego están aquellas en las que forma parte de la vida cotidiana, de las conversaciones en la mesa y de la forma de entender el trabajo. En Toldos Lucas ocurre precisamente eso. “La empresa es uno más de casa”, resume Juan Ignacio Díaz, tercera generación al frente de una firma zaragozana que lleva casi seis décadas dedicada exclusivamente al mundo de la protección solar.

La historia comenzó en 1968, cuando la familia Díaz, originaria de Ávila y vinculada a una empresa de toldos de Madrid, llegó a Zaragoza para abrir una sucursal. Poco después, el proyecto tomó identidad propia. Primero en Madre Sacramento, después en la calle Santander y más tarde con la fábrica instalada en el barrio Oliver. Con el crecimiento del negocio llegaría uno de los grandes saltos de la empresa: el traslado a la Ciudad del Transporte, donde pudieron ampliar instalaciones y profesionalizar todavía más la producción.

“Empezamos de cero y fuimos creciendo poco a poco”, recuerda Juan Antonio Díaz, segunda generación de la empresa. Su padre era un hombre de fábrica y él terminó orientándose hacia la parte comercial. Décadas después, sus hijos Diego y Juan Ignacio se incorporaron al negocio y en 2016 asumieron el relevo generacional de forma natural. “Fue bastante rodado porque ya llevaba 15 años dentro de la empresa”, explica Diego, que hoy dirige la gerencia mientras Juan Ignacio lidera el área comercial.

Mucho más que un trozo de hierro con tela

Aunque se trata de un sector bastante tradicional, el mundo del toldo ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, y Toldos Lucas ha evolucionado al ritmo que se le demandaba. Desde los tiempos en los que gran parte del trabajo se realizaba manualmente hasta la actual automatización de procesos y sistemas inteligentes, todo ello con un procedimiento 100% propio que se realiza desde la fábrica de Zaragoza.

“Antes un toldo era simplemente algo para tapar el sol., ahora se entiende como una herramienta de confort, de diseño y también de eficiencia energética”, explica Diego Díaz. 

Ese cambio de mentalidad llevó a la empresa a replantear incluso su propia imagen. Coincidiendo con su 50 aniversario, en 2018, acometieron una renovación de marca para alejarse de la visión funcional del producto y acercarse a un concepto más ligado al diseño y la creación de espacios exteriores habitables.

“Queríamos aportar más valor, más diseño y más calidad", añade Juan Ignacio, porque un toldo tiene un gran impacto en el confort del hogar y en el ahorro energético, ya que evita que “el calor no llega directamente al cristal y eso puede reducir la temperatura interior hasta seis grados”, señalan desde la empresa, lo que conlleva ahorros energéticos superiores al 20%”.

Hoy, gran parte de los sistemas están motorizados y conectados. Los toldos pueden controlarse desde el teléfono móvil y cuentan con sensores inteligentes capaces de detectar el viento o regular automáticamente la posición del sistema. En una ciudad como Zaragoza, marcada por el cierzo, esa evolución tecnológica ha sido fundamental.

La transformación del mercado se aceleró especialmente tras la pandemia. El confinamiento cambió la forma en la que muchas personas entendían sus terrazas, patios o jardines. Y eso disparó la demanda de soluciones exteriores. “La gente se dio cuenta de que necesitaba espacios habitables más allá del interior de casa”, explica Diego Díaz.

En ese contexto, las pérgolas bioclimáticas se han convertido en una de las grandes tendencias del sector. Sistemas capaces de regular la entrada de luz según el momento del día y crear espacios protegidos tanto del sol como de la lluvia. De esta manera “el exterior deja de ser algo secundario para convertirse en una extensión de la vivienda”, apunta Juan Ignacio.

Los retos de un sector que también mira al futuro

A pesar de la evolución tecnológica y del crecimiento de nuevas soluciones, el sector afronta también importantes desafíos. Uno de ellos tiene que ver con un sector que debería ser complementario pero que, en la práctica está suponiendo parte de un problema recurrente, y es que en la mayoría de edificios modernos la instalación posterior de toldos se complica por cuestiones estructurales  que terminan afectando directamente al cliente final. “Cada vez se construye menos pensando en nosotros”, lamentan desde Toldos Lucas. 

Por eso, la empresa defiende una mayor integración de la protección solar dentro del diseño arquitectónico desde el inicio de los proyectos. Para poder formar parte de esos proyectos de vivienda desde el inicio, Toldos Lucas han apostado por formar parte del clúster de la construcción para poder alzar la voz y colaborar con el sector y poder dar al cliente la solución que necesita.

Después de casi 60 años de historia, Toldos Lucas sigue manteniendo la esencia de empresa familiar que la vio nacer. Una filosofía construida a base de adaptación constante, trabajo diario y una implicación absoluta con el negocio.

Desde aquellas primeras lonas de algodón hasta los actuales sistemas automatizados, la evolución ha sido enorme. Pero hay algo que permanece intacto: la sensación de que la empresa forma parte de la familia y la familia forma parte de la empresa.

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