Más de 1.000 personas salen cada día antes del amanecer para mantener limpia Zaragoza: así lo hacen

Desde 1941 en Zaragoza, FCC Medio Ambiente gestiona hoy el contrato de limpieza más ambicioso de su historia con más de 600 vehículos y mil operarios.

Hay una ciudad dentro de la ciudad que la mayoría de zaragozanos nunca ve. Arranca antes del amanecer, opera en silencio —cada vez más silencio, literalmente— y cuando los vecinos salen a la calle por la mañana, su trabajo ya está hecho. Son más de 1.000 personas, 600 vehículos y una red de infraestructuras que cubre cada rincón de Zaragoza desde el Actur hasta Valdespartera, desde Las Fuentes hasta Miralbueno. Detrás de todo eso está FCC Medio Ambiente.

La empresa lleva en Zaragoza desde 1941. Ochenta años limpiando la misma ciudad, adaptándose a cada época, a cada alcalde y a cada modelo urbano. Pero lo que está haciendo ahora no tiene precedente en su historia local. Desde marzo de 2023 gestiona un nuevo contrato municipal que ha supuesto la renovación más profunda del servicio en décadas, con una inversión en vehículos, tecnología e infraestructuras que cambia de forma visible —aunque silenciosa— la forma en que Zaragoza se mantiene limpia cada día.

La pregunta que se hace poca gente cuando tira la basura o ve pasar un camión de recogida es obvia: ¿cómo funciona todo esto? ¿Cuánta gente hay detrás? ¿Qué pasa con las emisiones, con el ruido, con el impacto medioambiental de limpiar una ciudad de 700.000 habitantes?

Las respuestas están en los números del nuevo contrato. Cada día se despliegan 478 equipos de limpieza viaria y 124 de recogida de residuos. La flota cuenta con más de 600 vehículos, de los cuales solo el 14% sigue funcionando con gasoil. El 33% son completamente eléctricos y el 53% restante opera con Gas Natural Comprimido. En la práctica, el 86% de los camiones que limpian Zaragoza ya no emite CO2 de forma directa. Un dato que pocas ciudades españolas pueden igualar.

Tecnología para llegar donde antes no se llegaba

Más allá de los vehículos grandes, el nuevo contrato ha introducido soluciones para los espacios que un camión convencional no puede alcanzar. Triciclos y patinetes eléctricos permiten operar en zonas peatonales, calles estrechas del Casco Histórico y pasajes. El barrido dual —que actúa simultáneamente sobre calzada y acera— reduce el número de pasadas necesarias por cada calle. Y el servicio de limpia-pintadas en altura permite eliminar grafitis en fachadas elevadas, mejorando la imagen de barrios como La Almozara, San José o Las Fuentes.

La reducción del ruido nocturno es otro de los efectos menos visibles pero más apreciados del cambio. Los sistemas de insonorización incorporados en los nuevos vehículos hacen que el servicio de madrugada —cuando se realiza gran parte de la limpieza en el centro— sea considerablemente menos molesto para los vecinos que viven en plantas bajas o en calles con mucho tráfico de limpieza.

Sin el vecino, el sistema no funciona

Todo este despliegue tiene un punto de falla que no depende de FCC ni del Ayuntamiento: la colaboración ciudadana. Reciclar bien, no tirar basura fuera de los contenedores, usar los servicios de recogida de voluminosos cuando corresponde. Gestos que, sumados, determinan si el sistema funciona o si los operarios tienen que dedicar tiempo y recursos a corregir lo que el vecino no hizo bien.

FCC y el Ayuntamiento impulsan campañas de concienciación y refuerzan la dotación de contenedores en las calles con mayor generación de residuos. Pero la ciudad limpia que ve el zaragozano cuando sale por la mañana no es solo el resultado de 1.000 operarios trabajando desde antes del amanecer. Es también el resultado de 700.000 personas que, cada día, deciden hacer bien una cosa pequeña.

Comentarios