La Casa del Terror de Pedrola: la tradición de la familia Murillo-Toro que asusta y entretiene
Cada año, la familia Murillo-Toro de Pedrola convierte su hogar en un espectáculo de terror que atrae a cientos de personas, en una tradición que inició en 2013 y que ha crecido hasta convertirse en un evento esperado por todo el pueblo. Jesús Murillo, el artífice de esta casa embrujada, nos cuenta cómo esta idea comenzó como un simple plan familiar y ha evolucionado hasta involucrar a toda la familia, desde los más pequeños hasta los mayores, para ofrecer una experiencia inolvidable y gratuita a todos los visitantes.
"Empezamos porque un día mi mujer me dijo que me quedara en casa para repartir chuches a los niños. Ese año me lo pasé tan bien que poco a poco empecé a adornar", recuerda Jesús. Lo que comenzó con unos pocos adornos en la entrada de su hogar fue creciendo año tras año. Sus hijas mellizas, que en aquel momento todavía iban en carro, y su hija mayor que en aquel momento tenía 12 años, han crecido junto con esta tradición. Ahora, el terror abarca 70 metros dentro de la casa y 17 metros más en la acera, un espacio que el ayuntamiento les permite ocupar. "Pedimos permiso a la alcaldesa y a la policía local para organizarlo todo, incluso hacemos un circuito para que la gente entre por un lado y salga por otro", explica.
Este año, la familia Murillo-Toro se ha volcado al máximo: diecinueve personas participaron en el montaje, incluyendo a los más pequeños de la familia, de 7 y 8 años, hasta la persona mayor, de 67. Jesús recuerda con cariño la última vez que su padre, de 76 años, estuvo con ellos en la casa del terror, compartiendo el entusiasmo y la diversión de asustar a los visitantes. "Se lo pasan en grande dando sustos", asegura.
La casa está decorada con todo tipo de elementos espeluznantes. Uno de los escenarios imprescindibles cada año es el cementerio, que se ha convertido en un símbolo de esta experiencia. "El ataúd que hicimos hace ocho años es inmenso; algunas cosas las reutilizamos y otras las vamos cambiando para darle un toque diferente cada año", comenta Jesús. La casa cuenta también con ambientes terroríficos en el interior, como payasos, una carroza con la figura de una monja y, en la acera, un coche antiguo decorado para la ocasión con su sobrino dentro, participando activamente en la misión de asustar.
La preparación de esta "casa del terror" comienza a principios de septiembre, cuando Jesús y su familia empiezan a diseñar y montar las estructuras, tapar paredes y crear distintos ambientes en el garaje y en el exterior. "Es un trabajo de tres meses que termina el 1 de noviembre, pero vale la pena ver cómo todo el pueblo lo disfruta", cuenta con orgullo. Este año, la familia preparó 300 paquetes de chucherías para repartir entre los niños, una cantidad que rápidamente disminuyó. "Más de 200 hemos dado seguro", asegura, destacando la gran cantidad de visitantes que se acercan para disfrutar de esta experiencia sin coste alguno.